Entre Chávez y Capriles

No es casual que en Venezuela las encuestas ofrezcan porcentajes contradictorios. En realidad, son una expresión más de la polarización furiosa de su sociedad. Ante ese escenario, hacer predicciones electorales con cierta objetividad se torna imposible. Nadie puede predecir si hoy Hugo Chávez será reelegido por cuarta vez consecutiva o si Henrique Capriles Radonski, el joven candidato de la Mesa de la Unidad Democrática, será capaz de arrebatarle legítimamente el espacio presidencial del palacio de Miraflores.

Aunque no nos puedan decir con cierta certeza los resultados de hoy, las encuestas sí han marcado tendencias significativas. Mientras el Gobierno no ha logrado recuperar los votos perdidos en el referéndum constitucional del 2007, la oposición ha experimentado un crecimiento lento pero sostenido. Sin embargo, por las razones que detallamos a continuación, el resultado final será una incógnita hasta bien entrada esta noche de octubre.

En estos catorce años de gobierno, Chávez tuvo políticas acertadas hacia numerosos ciudadanos excluidos históricamente de la vida política y económica venezolana. Las misiones sociales, gracias al incremento de los precios del petróleo, le permitieron al Gobierno expandir beneficios sociales hacia esos inmensos grupos de ciudadanos olvidados. Capriles le ha reconocido al Gobierno de Chávez el haber puesto la inclusión social como una prioridad absoluta. Asimismo, ha dejado bien claro que, si gobierna, continuará y mejorará las misiones. Capriles, más que despreciar las misiones, acusa al Gobierno de haberlas abandonado por su ineficiente gestión.

Si los candidatos coinciden en continuar con las misiones, los ciudadanos coinciden en que el problema más importante es la violencia urbana, pues el 70% ha respondido recientemente que la inseguridad es su mayor preocupación. Y no sin razón, ya que las cifras del Observatorio Venezolano de Violencia muestran que en el 2011 se registraron más de 19.000 homicidios en el país. Chávez había intentado ignorar estas cifras pero finalmente, en junio pasado, reconoció la inseguridad como un problema y la ineficacia de sus políticas sociales en responder a esa violencia urbana.

A la preocupación sobre la inseguridad hay que sumar la desconfianza acerca que el cáncer del presidente haya remitido, el hecho que 14 años en el poder fatigan a los ciudadanos y el estancamiento de las misiones sociales. Esto nos ayuda a darle crédito a quienes anuncian que Capriles está, en la intención de voto, por encima del Gobierno. Utilizando mucho de los estilos y métodos del chavismo, Capriles ha mostrado una imagen de consenso y un aprendizaje político respecto de los errores cometidos anteriormente desde la oposición. Por eso podemos pensar que se dan las condiciones para un recambio. Sin embargo, aún cuesta pensar que quien cuenta con todos los recursos del Estado pueda perder las presidenciales.

Algunos recuerdan con ilusión que en el referéndum para reformar la Constitución el presidente Chávez tuvo su primera derrota electoral. También es necesario puntualizar que en ese caso hubo una abstención del 44%. Por eso, Capriles y Chávez no sólo tienen que atraer a los seguidores sino que tienen que motivar a los venezolanos a ejercer sus derechos ciudadanos. Asimismo, las encuestas registran un 20% de electores indecisos. No obstante muchos analistas creen que los indecisos saben pero no contestan. Quizás este hecho esté relacionado con el miedo que impuso la denominada Lista Tascón, que hizo pública la relación de las personas que, en el 2004, habían firmado una planilla para poder activar el referéndum revocatorio contra el Gobierno. Aquellas personas sufrieron más tarde distintos tipos de persecuciones, por ejemplo, en sus lugares de trabajo o frente a la solicitud de un pasaporte. Entre los que se abstengan, los indecisos y los temerosos las encuestas tienen una tarea casi imposible de acercar sus predicciones a los resultados que arrojarán las urnas este domingo de octubre.

Más allá de estas conjeturas y de la espera impaciente, es necesario enfatizar que estas elecciones refuerzan la democracia venezolana. Tras catorce años de desvíos autoritarios chavistas, Venezuela dispone de unas elecciones democráticas con una oposición que bien puede convertirse en gobierno. Este hecho ya de por sí merece festejarse. Sin embargo, debe prevalecer cierta cautela. Los candidatos tienen que reconocer los resultados de las elecciones y quien quiera que quede en las puertas del palacio de Miraflores debe aprender a trabajar desde la oposición. Sería un retroceso fatal que, como percibimos en otras regiones, esta incipiente primavera democrática se transforme rápidamente en un invierno de caos.

Rut Diamint y Laura Tedesco, directoras del Estudio sobre Liderazgo en América Latina.

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