Entre el escepticismo y la esperanza

Por Antoni Segura, catedrático de Historia Contemporánea (EL PERIÓDICO, 28/11/07):

El sueño neoconservador de remodelar Oriente Próximo se ha convertido en un fiasco de dimensiones colosales: guerras sin salida –Irak– o imposibles de ganar –Afganistán–, tensiones con Siria e Irán que amenazan con nuevos conflictos, una primavera libanesa destruida por las bombas israelís y la injerencia de Teherán y Damasco, el aliado paquistaní a la deriva, la sombra de Al Qaeda por todas partes y la estabilidad de la región y la paz mundial pendientes de un hilo.
Todo parecía indicar, pues, que la convocatoria de Annápolis promovida por George Bush iba a ser un fracaso o, como mucho, un intento mediático de maquillar el final del mandato presidencial con un discurso de buenas intenciones sobre la necesidad de la paz entre palestinos e israelís. La debilidad del Gobierno de Ehud Olmert, sometido al acoso de la oposición y con alianzas cada vez más precarias, y de la presidencia de Mahmud Abás, cuyo Gobierno no controla Gaza desde el pasado junio, tampoco auguraban que pudiera producirse ningún avance significativo. Pero las prisas de Bush por culminar su mandato con un éxito diplomático, la insistencia europea y el creciente protagonismo de Irán en la región han conseguido convencer a la Liga Árabe y a Arabia Saudí de la oportunidad de celebrar la Conferencia de Annápolis donde, por primera vez, participan todos los países árabes.

DE LA MANO de Condoleezza Rice, Bush parece dispuesto a cambiar los delirios neoconservadores por un realismo pragmático, dando cumplimiento así al informe Baker-Hamilton de diciembre del 2006 que, aunque centrado en Irak, recomendaba que Washington se implicara en buscar una solución al conflicto árabe-israelí como primer paso para conseguir la estabilidad en la región.
Así, en los últimos meses, toda una serie de iniciativas –en las que Miguel Ángel Moratinos ha utilizado sus buenos oficios como antiguo enviado especial de la UE en Oriente Próximo y la diplomacia española ha tenido un papel de primer orden que desmiente las supuestas malas relaciones con Washington– han ido tejiendo una red de complicidades que aplanaban el camino de Annápolis: encuentros de Bush con distintos líderes europeos y árabes; Foro Mediterráneo de Alicante (octubre del 2006) y Cumbre Hispano-Francesa de Girona (diciembre del 2006), donde se puso de manifiesto la necesidad de encontrar una resolución pacífica del conflicto palestino-israelí y de incluir a Siria y Líbano en un proceso de paz global; y Conferencia Hispano-Árabe de Madrid (febrero del 2007), que reunió a los ministros de Exteriores de todos los países árabes con su homólogo español.
En definitiva, Annápolis ha hecho posible reiniciar los contactos en la búsqueda de una paz global (referencia implícita a los altos del Go- lán que ha permitido la participación de Siria) siete años después del fracaso de las negociaciones de Taba (enero del 2001), de cuyos actores solo sigue en activo el ministro espa- ñol. Pero ¿qué cabe esperar de Annápolis? Según la declaración final, una nueva hoja de ruta con fecha de caducidad, el final del mandato de Bush (20 de enero del 2008), que permita cerrar los grandes temas del conflicto con la propuesta saudí (Beirut, 2002) como referente: reconocimiento y paz de los países árabes con Israel a cambio de la creación de un Estado palestino con las fronteras de 1967 (con intercambios de territorios como ya se propuso en Camp David –julio del 2000– y Taba), de un estatus definitivo para Jerusalén, de solucionar dignamente el derecho al retorno de los refugiados. En suma, lo de siempre y lo que vienen exigiendo las resoluciones 181, 194, 242 y 338 de la ONU desde hace 60 años. Paralelamente, Israel exige el desarme de las milicias palestinas para garantizar la paz y la Autoridad Nacional Palestina, la no proliferación de nuevos asentamientos y el cese de las operaciones de castigo del Ejército israelí.

LAS PALABRAS de Bush en el discurso final han sido de esperanza y compromiso: “Estamos de acuerdo en lanzar las negociaciones bilaterales de buena fe para llegar a un acuerdo de paz. Estamos convencidos de que hay que trabajar vigorosamente y hacer los esfuerzos para llegar a un acuerdo de paz antes del fin del 2008”. La realidad, sin embargo, es mucho más dura e invita nuevamente al escepticismo: Hamás, que sigue en el punto de mira de EEUU y de la UE, se ha pronunciado en contra de cualquier acuerdo y en Gaza tenían lugar manifestaciones contra la cumbre, mientras en Israel los ultranacionalistas desautorizaban a Olmert.
El paso del tiempo nos dirá si hay voluntad política de alcanzar la paz o si Annápolis se convertirá en una nueva cortina de humo como tantas iniciativas anteriores. La división de la sociedad palestina, que legitimó con su voto a Hamás en enero del 2006, la fuerza de los halcones israelís y el aislamiento de Irán no facilitarán el camino, aunque Bush ya tenga la foto que deseaba para su final de mandato. Ojalá no sea así y en los próximos meses se abra camino una paz justa, asistamos a la creación de un Estado palestino política y territorialmente viable, e israelís y palestinos puedan encarar el futuro donde la cooperación entre los dos pueblos sustituya a las armas.