Entrevista con Felipe V

En vida le llamaban el Animoso, y cuando llegué para la entrevista a la hora convenida en la terraza de la hermosa residencia de Valhalla, donde todos los héroes militares están destinados a ir, estaba más animado de lo habitual. El último rey de España en acudir personalmente a la batalla parecía sentirse orgulloso de encontrarse en el hogar de los héroes.

«Éste es un lugar maravilloso, aunque quizás no tan maravilloso como La Granja lo era cuando yo la conocí. Bien, ¿sobre qué desea hablar conmigo? ¡No!» dijo, interrumpiéndose a sí mismo. «¡Déjeme adivinar!»

«Usted ya lo sabe, Majestad», respondí tímidamente, «porque está más allá del tiempo y puede ¡verlo todo!»

«Sí. Ha venido a verme sobre el caso de Cataluña. ¡Un problema, estos catalanes! ¿Qué les pasa ahora? ¡Creía que ya les había tratado con la firmeza necesaria!»

«Ellos no le olvidan, porque les abolió sus fueros. Ahora después de 300 años están hartos de España y desean declarar su independencia»

«¡Debe estar bromeando! ¿Y dónde van a ir cuando sean independientes?»

«Bueno, la Unión Europea ha declarado que no se pueden unir a Europa si se separan ilegalmente, por lo que supongo que los catalanes enviarán su ejército de mossos a ocupar lo que llaman la Cataluña Norte, y luego se declararán un Estado nacional, cerrarán sus fronteras, ordenarán a todos los habitantes tener pasaportes catalanes, y solicitarán ser miembro de Naciones Unidas. Después de todo, son una nación, y por tanto se sienten con el derecho de vivir separados.

«¿Nación? ¡No diga tonterías! ¡El mundo está lleno de naciones, y todo lo que quieren hacer es vivir juntos, no separados! ¿No fue por eso que inventaron la Unión Europea?»

«Majestad, pero los catalanes se vieron obligados a unirse a España por usted, es por eso que quieren dejarla ahora».

«¡Simplezas, señor! Ya eran parte de España cuando me convertí en rey, por lo que nadie les obligó a hacer nada. Como historiador, usted sabe perfectamente que la mitad de los catalanes me apoyaron en esa pequeña rebelión suya. ¡Fuisteis vosotros los malditos ingleses los que provocasteis los problemas! ¡Y robasteis Gibraltar!»

Noté que se estaba poniendo un poco alterado, por lo que traté de calmarle.

«Siento lo de Gibraltar, señor! Estoy seguro de que lo devolveremos algún día. Pero, ¿qué piensa de la reclamación de los catalanes para ser una nación?»

«¡Tienen perfecto derecho a proclamar que son una nación! Ser una nación es un sentimiento que existe au coeur et aux couilles (perdóneme por expresarme en mi idioma). ¡Es una buena cosa! Pero, ¿Cataluña es una nación? La mayoría no son de allí, sino inmigrantes; el catalán lo habla una minoría; todas las finanzas y negocios son internacionales, no catalanes; y, finalmente, los votantes han rechazado una y otra vez el separatismo. No me entienda mal. Es el hogar histórico de los catalanes, al igual que Escocia es el de los escoceses. Pero sería moralmente incorrecto adoptar el sueño de un hogar histórico como base de un programa político».

«Así que cree que los catalanes no tienen derecho a pedir la independencia».

«Pueden si quieren, por supuesto. ¿Pero usted sabe lo que les espera si llegan a lograrla? Hoy no hay Estados-nación en Europa: todas las funciones principales, como el dinero, los impuestos y las leyes, todos han sido internacionalizadas. Si Cataluña logra liberarse de las leyes, impuestos y dinero español, tendrá que aceptar el aún más asfixiante dinero, impuestos y leyes de la Unión Europea. ¿Por qué cree que los catalanes votaron para volver a ser de España, tras cometer el error de rebelarse contra Olivares y hacerse parte de Francia? ¡Porque los impuestos franceses eran opresivos! ¡Sé eso, porque soy francés!

«¿Así que en realidad toda esta charla de independencia es un delirio?»

«Piense. Ni un solo partido nacionalista en Cataluña estuvo alguna vez realmente en favor del separatismo. Lo que siempre quisieron fue una mayor participación en el Gobierno de España; no querían separarse de él. ‘Cataluña ha de ir a la conquista de España’, proclamaba Enric Prat de la Riba. Y ¿por qué no? Cuando yo era rey tenía muchos vascos en mi gobierno, y habría tenido catalanes si lo hubiesen deseado. España es una comunidad de naciones, al igual que Europa; por tanto todas las naciones de España tienen el derecho a participar. Después de todo, incluso tuvieron un rey gobernando a España, don Fernando el Católico, a quien llamaban en Castilla el viejo catalán».

«Tiene toda la razón Majestad».

«¡No es sólo eso! Viviendo aquí en Valhalla, tengo una visión completa del tiempo, que me permite más perspectiva. Por ejemplo, no puedo comprender a qué se debe tanto alboroto sobre el dinero. ¿Sabe que antes de que aboliera los fueros los catalanes no pagaban impuestos alguno al Gobierno de Madrid? ¡Y ahora se quejan de que están pagando demasiado! ¡Eso es lo que yo llamo justicia poética!»

«¡Ese no es un comentario justo, señor! La verdad es que los catalanes quieren poder controlar una proporción justa de sus propios impuestos, sin tener que subsidiar a otras partes del país».

«Ah, gracias por esa palabra país. Sí, España es un país, en lugar de una nación. He viajado por todas sus tierras y sé que las personas que viven en Cataluña son felices de pertenecer a España, tal como estaban felices en los viejos tiempos. Hay diferencias de enfoque, obviamente. Y los catalanes tienen razón de tratar de proteger su lengua y sus costumbres. Pero sólo un niño ignorante se imaginaría que una familia debe divorciarse y romper porque el padre no le está dando a su hijo asignación suficiente».

«El problema no es sólo de dinero».

«Exacto. Vivir en Valhalla tiene ventajas y una de ellas es que contamos con la última tecnología informática. Tengo el último Kindle, y he comenzado a leer libros, incluso algunos en inglés. ¿Conoce la obra de un escritor maravilloso llamado G.K. Chesterton?»

«Por supuesto, es uno de mis autores favoritos».

«¿Conoce su historia El Napoleón de Notting Hill? En ella, un hombre sueña en convertir el pequeño rincón del mundo en que vive, el londinense barrio de Notting Hill, en un estado independiente que asombrará al mundo. Se proclama líder del barrio y se hace a la guerra contra toda Londres. Finalmente es vencido y el barrio, destruido. Pero no tiene remordimientos. Dice en su último discurso: ‘Notting Hill es una nación. Es una nación creada a sí misma, y porque es una nación puede destruirse a sí misma’».

«¿Qué quiere significar con este ejemplo?»

«Hay estadistas que sueñan con una mayor unión entre los pueblos, abrazando visiones más amplias de la Humanidad y la cultura; y hay quienes prefieren ocultarse en su rincón del universo, como Notting Hill para afirmarse como nación».

«¡Pero Notting Hill se destruyó a sí mismo!»

«Sí, porque el mundo, como Europa, ahora es una comunidad donde la supervivencia hace un llamamiento para unir y compartir, y un pequeño barrio no puede separarse y esperar que exista por sí mismo. Desde Valhalla puedo ver el futuro claramente, pero lamentablemente no puedo decirle lo que veo, porque eso iría en contra de las reglas de esta entrevista. Sólo puedo confirmarle lo que ya sabe, que los ciudadanos tienen la libertad de decidir su propio destino, y si deciden destruirse lo harán, como la nación de Notting Hill».

Henry Kamen, historiador británico, es autor de Felipe V: El rey que reinó dos veces.

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