Envases y embalajes: la asignatura pendiente

Resulta innegable el enorme avance que en los últimos años se ha conseguido en España en la lucha contra el despilfarro de recursos y la excesiva generación de residuos. Un buen ejemplo lo constituye la campaña en contra de las bolsas de plástico en grandes superficies –pagándolas el usuario se consigue reducir su uso aunque no se erradiquen–. Sin embargo, en estos establecimientos comerciales el uso del plástico continúa siendo masivo.

Pensemos por ejemplo en la sección más «verde» de un hipermercado, la de frutas y hortalizas. Peras, manzanas, patatas, tomates… envueltos en film transparente, mallas, bandejas de poliexpán, y a su vez metidas en un mar de cajas verdes de plástico. ¿Sostenibilidad? ¿Coherencia?

Veámoslo más despacio. El mercado de frutas y hortalizas utiliza distintos tipos de materiales de embalaje, sobre todo plástico, cartón y madera. En la elección deberían tenerse en cuenta ventajas e inconvenientes desde el punto de vista productivo, comercial, logístico, sanitario y, por supuesto, de sostenibilidad.

En este último aspecto, resulta curioso que a pesar del carácter no renovable, difícilmente reciclable y no biodegradable del plástico, siga siendo un material que inunda las tiendas, cuando cartón y madera parecen preferibles según la Ley de Residuos (2011).

Un reciente estudio – El ciudadano abandonado ante la compra de frutas y hortalizas– hecho público por el IPI (Instituto de Prospectiva Internacional) pone de relieve precisamente la falta de coherencia a la hora de lanzar campañas de sostenibilidad corporativa que confunden al consumidor.

En el caso concreto de las frutas y hortalizas, la sociedad percibe dos líneas diferenciadas de inquietud ambiental: la primera está ligada a las propias frutas y hortalizas (producción más o menos ecológica, utilización de fertilizantes y pesticidas, conservantes, etc.). Pero la segunda tiene que ver directamente con los envases y embalajes. El mismo consumidor observa, con cierto asombro, que la batalla contra los materiales menos ecológicos se cumple solo con la bolsa de la compra y no con los demás envases del establecimiento. Cuando se pregunta a los consumidores, más del 70% prefieren los embalajes de cartón. Y lo mismo ocurre con el 69% de los productores agrícolas, que prefieren el cartón al plástico por motivos que tienen que ver con la promoción de marca, la buena presencia del producto, la máxima protección, la reducción de las mermas y la optimización del transporte, además de las obvias ventajas de sostenibilidad y conservación ambiental que ofrecen. Pragmático antes que ecológico, como era de esperar en un sector tan castigado; pero cartón antes que plástico.

Así las cosas, cabría preguntarse por los criterios de elección de los embalajes. Según el IPI, los principales productores agrícolas españoles indican que en la mayoría de los casos no son ellos los que deciden. El principal factor, y con diferencia, que interviene en dicha elección es la imposición por parte de las grandes cadenas de distribución. Esas mismas cadenas que no consiguen vender tantas frutas y hortalizas como las fruterías tradicionales y los mercados.

Es toda una paradoja comercial, quizá inducida por ciertos incentivos económicos que las empresas que alquilan las cajas de plástico pagan a la distribución.

Como bien apunta el estudio, harían bien estos gigantes de la distribución en valorar cuánto afecta este tipo de decisiones al hecho de que los consumidores sigamos optando por comprar nuestras frutas y hortalizas en establecimientos tradicionales.

No es una situación sencilla de resolver, aunque una vez más cabría indicar que es preferible, de cara a la sostenibilidad futura de nuestro sistema productivo y nuestro entorno natural, adoptar políticas ecológicas coherentes… Siempre que el coste, tanto directo como indirecto, sea asumible.

Ese, y no otro, es el reto que plantea, precisamente, la economía sostenible.

Manuel Toharia, director científico de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

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