Érase una vez el PSOE

Qué triste espectáculo está dando el PSOE! ¡Una vergüenza para propios y ajenos! Tras la debacle de las europeas de 2014, los socialistas convocaron un congreso en Sevilla que pretendía ser un nuevo modelo: la máxima autoridad era elegida directamente por los militantes. El PSOE apostaba por un sistema similar al norteamericano, donde las convenciones de los partidos refrendan lo que el proceso de primarias ha dictaminado. Pero estaba claro que no era eso. La nomenclatura del partido, siguiendo las directrices de la federación más grande, apoyó a Sánchez frente a Madina. ¿A qué se debió este respaldo? A tenor del comportamiento de la federación andaluza y afines, el objetivo era claro: seguir con el sistema clientelar que permite a los socialistas superar todos los retos al sur de Despeñaperros.

Pero las cosas no siempre son tan fáciles. Las elecciones andaluzas de 2015, tanto por la irrupción de Podemos como por la ruptura total entre Susana Díaz e IU, supuso que el PSOE había roto los puentes a su izquierda. Desde 2011 la falta de diálogo de los socialistas y el resto de la izquierda era palmaria. Solo hace falta recordar que Monago (PP) gobernó Extremadura con el apoyo de IU. En mayo hemos visto a Anguita reclamar un nuevo 1977 donde barrer a los socialistas. La alternancia y discrepancia del PSOE con el PP es obvia y no necesita mayor explicación. Pero con la izquierda, excomunista, anticapitalista, antisistema, quincemayista o como se quiera llamar ahora, ha sido mucho más sorprendente y destructiva. Como en otros momentos históricos, la izquierda está dando un ejemplo de cainismo y de espíritu destructivo que, quizá, solo el propio PSOE pueda superar. No se entiende en qué pueden estar pensando los líderes socialistas para no atajar esta situación. Sin ellos a España le va a costar volver a tener una partido alternativa de gobierno real y realista.

El sector que apoyaba a Pedro Sánchez debió darse cuenta de que ese pretendido gobierno alternativo era, simplemente, imposible. ¿Con quién? Pablo Iglesias y sus partidarios, que no es lo mismo que los votantes de Podemos, tienen claro que el objetivo es fagocitar a los socialistas. Los consideran una etapa superada en el camino hacia la nueva sociedad, donde todos los hombres serán iguales y cada uno aportará según su capacidad y recibirá según su necesidad (¿les suena?). Además de Iglesias, Pedro Sánchez necesitaba más apoyos. C’s ya dijo que no, por lo tanto solo quedaba la amalgama de nacionalistas-independentistas. ¿No les valía ver el chantaje permanente de la CUP al gobierno de Puigdemont en Cataluña? Te doy la confianza pero no te apoyo los presupuestos. Quiero el referéndum pero que no sea pactado. Pido la normalización lingüística pero el nuevo estado catalán debe ser monolingüe. No, Pedro Sánchez, ese gobierno alternativo nunca ha sido posible. Tus pretendidos socios te hubieran asestado una puñalada por la espalda en cuanto salieras al camino con ellos. A todos nos contaron en la escuela la historia de Vellido Dolfos, pero parece ser que a ti no.

Por otro lado, el sector crítico debe decir ya claramente su posición. Si Susana Díaz ha bloqueado el intento de gobierno con Podemos, está obligada a proponer la abstención a Rajoy, aunque no gratis. Tienen que alcanzar compromisos que obliguen a los populares durante la legislatura, ampliar ese acuerdo con C’s y otras fuerzas como el PNV, Coalición Canaria, etc., y dedicarse a restañar sus heridas en paz. Y, sin más dilación, pensar que España es mucho menos simple que lo que ellos, los barones del sur, ven en sus comunidades. Que el clientelismo ya debe pasar a la historia para siempre. Que los socialistas ganan cuando convencen, no cuando tienen dinero público que repartir. Si la mitad de España, geográfica y demográficamente, no los considera más que un partido menor, por algo será.

Para todos los socialistas, actuales y pasados: la autocrítica es imprescindible. La gestión de la crisis de ZP fue un error tras otro. Deben reconocer que llevaron a cabo acciones bienintencionadas, pero absolutamente inútiles, como el Plan E. Que contaron en sus filas con ineptos que veían encuentros galácticos de nivel interplanetario donde solo había una escala técnica. Que la gestión del sistema financiero fue catastrófica y negligente, y afectó a presidentes de las cajas de todos los colores y al propio Banco de España. Que el modelo económico fue ladrillo y turismo, como en los buenos tiempos de los tecnócratas de los sesenta.

Los socialistas perdieron el rumbo al inicio de la crisis, allá por 2009. Da la impresión de que no saben qué pasó ni de su responsabilidad en la misma. Estos días nos han dicho que han pretendido arreglarlo con los estatutos en la mano, pero el genial Goya nos recuerda que realmente ha sido a garrotazos. Érase una vez el PSOE.

Ana Isabel Elduque es profesora de la Universidad de Zaragoza

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