Eres un poeta

Por Joana Bonet (LA VANGUARDIA, 21/06/06):

Dicen los que estaban allí, en la sala de reuniones de la planta 3 de Nuevos Ministerios – aún no había llegado el calor y la tarde era corta-, que cuando Jesús Caldera acabó de explicarle la ley de Igualdad a José María Cuevas, éste exclamó: “Es que eres un poeta”. Podría parecer una frase feliz, como cuando se dice entre amigos después de que uno, inspirado, encuentre las palabras que llegan, tocan y emocionan. Pero, a tenor de las reacciones de la patronal al anteproyecto de esta ley, no lo es. La poesía tiene el don de crear pasillos con las palabras, de ponerle nombre a una abstracción que, a pesar de su grandeza, no cotiza ni se amortiza, y son pocos los políticos y empresarios que la citan sin impostura.

Ignoro qué le pareció poético al señor Cuevas, porque quiero imaginar que a estas alturas él también cree que una sociedad representada por ambos sexos en igualdad es una sociedad más avanzada; y también sabrá que la incorporación al mercado laboral de más mujeres bien preparadas podría generar un nuevo impulso económico, además de garantizar el Estado de bienestar en una Europa cada vez más envejecida desde que las mujeres empezaron a responder con elocuencia a las dificultades para conciliar trabajo y familia, o sea, con 1,3 hijos. Pero estoy convencida de que lo que más gracia le hizo al presidente de la patronal fue la disposición por la cual las empresas de más de 50 trabajadores tendrían que contar al menos con un 40% de mujeres en sus consejos de administración. Las cosas no serán así.

El azar siempre desempeña un papel imprevisible. Si bien el Consejo Económico y Social (CES) aplaudió la apertura a la negociación colectiva de los planes de igualdad que impulsa esta iniciativa, así como sus acciones positivas, sus medidas pedagógicas y los aspectos que empujan al cambio cultural, como un permiso de paternidad independiente del de la madre, cuando llegó el momento de votar la enmienda referida a la incorporación de las mujeres en los consejos de administración dos personas se ausentaron de la votación en el pleno del CES – dicen que por despiste, ay, el azar…-. Y salió que no. Sus argumentos, contrarios a este punto del anteproyecto – aunque no vinculantes-, sostienen que el contexto social es el que es, y que dificulta alcanzar el número de mujeres en los consejos de administración determinado por la futura ley; también se escuda tras las regulaciones actuales en las sociedades mercantiles y la participación de sus miembros en el capital social. Y, por último, refiere que los criterios para esta incorporación de mujeres en el área de decisión de las empresas deben ser la eficiencia y la idoneidad, por encima del criterio sexual. (¿Quién decide, y cómo, la idoneidad?)

El Ministerio de Trabajo dice que no dará marcha atrás, que mantendrá el fondo de la ley, que el compromiso marcado es irrenunciable, si bien hay que articular de nuevo esta medida, y probablemente rebajará sus expectativas o concederá más tiempo de adaptación a las empresas. Tiempo. La historia de las mujeres es una historia de tiempo de espera. La sociedad sigue pidiendo tiempo para repartirse los papeles al 50% entre hombres y mujeres, resistiéndose a abrir las puertas de algunos de sus cotos reservados sólo a los hombres. Mientras tanto, un 70% de pobres en el mundo son mujeres. Poesía y tiempo.

El pacto europeo de Igualdad de Género recoge los objetivos fijados por la estrategia de Lisboa, que tiene como objetivo conseguir que la Unión Europea sea en el año 2010 la zona más competitiva y desarrollada del planeta, manteniendo un modelo social europeo con alta protección social y pleno empleo. El mercado necesita mujeres. Ésta fue una de las conclusiones del I Congreso Internacional de Empleo celebrado en abril en Pamplona. Sindicatos y empresarios, así como miembros de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), anunciaron que “el Estado de bienestar es insostenible sin el empleo femenino”. Que “los gobiernos deben facilitar a las mujeres el acceso al trabajo y, lo que es fundamental, su permanencia en él” (La Vanguardia,24/ IV/ 2006). Y eso, aunque de pasada tenga que ver con los derechos humanos, tiene que ver con el lenguaje del beneficio, que todo el mundo entiende: escasez de trabajadores, políticas restrictivas de inmigración, pago de contribuciones para financiar a las personas de más edad en una población cada vez menos joven… Mucho más abajo de las butacas tapizadas de los consejos de administración, donde tan sólo hay un 4% de representación femenina, la mujer sigue soportando grandes discriminaciones en el ámbito laboral, en unos sectores más que en otros. Diferencias de salario y de promoción, dificultad para conciliar familia y trabajo, por no detenernos en las empleadas temporales, agrarias, autónomas, becarias que, entre otras carencias, al no disponer de permiso de maternidad pagado, no pueden criar a sus hijos recién nacidos.

Esta ley de Igualdad es un auténtico empeño personal de José Luis Rodríguez Zapatero, quien dijo: “Hablo el lenguaje de la igualdad radical entre hombres y mujeres”, y por coherencia y compromiso no debería perder su impulso. Al mercado, al Gobierno y también a Cuevas debería preocuparles que más de 380.000 mujeres al año, según el Instituto Nacional de Estadística, abandonen sus puestos de trabajo por motivos familiares, es decir, porque no dan más de sí. Me pregunto quién habrá ocupado su lugar, si estarán tan cualificados como ellas, si no habrán tenido que acabar contratando a dos por lo que hacía una. Las empresas que tienen departamentos activos de recursos humanos y promueven la flexibilidad, el teletrabajo, las guarderías o los permisos de lactancia sin castigo sostienen que recuperan su inversión promocionando esta cultura de empresa,porque ganan en fidelidad y entrega, además de no desperdiciar el talento, sin razón de sexo. Son aún una minoría.

España, a pesar de incumplir los compromisos con la UE respecto al PIB dedicado a políticas de igualdad durante los gobiernos de Aznar, no es una excepción en Europa. En Inglaterra las mujeres, cuando son madres, se empobrecen más que los hombres, y en Alemania, la mayoría de las que abandonan su trabajo lo hace para dedicarse a su familia. A nadie se le debería pedir una decisión tan difícil y excluyente. Leo unas declaraciones de Ana Pastor acerca del anteproyecto en las que dice que no está por la conciliación sino por las políticas de igualdad, o sea, está de acuerdo en general pero no lo está en particular. ¿No hay que emprender medidas políticas de igualdad para posibilitar la conciliación? Los derechos fundamentales no se pueden aparcar en la puerta de la empresa.

En estos momentos, y a punto de recibir el informe del Consejo de Estado sobre la ley de Igualdad, en la planta 3 del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales se está reflexionando, ajustando y redactando el anteproyecto definitivo, que deberá pasar el trámite parlamentario. Tal vez eliminen la poesía, pero deseo que tengan en cuenta la prosa, sin versos, de las mujeres y los hombres – cada vez más- que creen en la igualdad de lunes a domingo.