¿Es culpa de los mercados?

Desde que comenzó la crisis económica y, especialmente durante el último año, se viene repitiendo que los mercados han derrotado a las democracias. Cientos de artículos de opinión y de intervenciones políticas repiten esta afirmación como si fuese un nuevo mantra. El argumento central es que la economía se ha impuesto a la política, con el consecuente traslado de poder de decisión desde las instituciones elegidas por los ciudadanos a las entidades económicas. El súmum de este argumento es la reciente reforma constitucional en España. Para algunos, es una enmienda dictada por los mercados.

Es cierto que en las democracias habitan instituciones que se escapan al control del poder político. Se conocen como instituciones contramayoritarias y fueron diseñadas para corregir los excesos de los gobernantes. Su principal característica es su independencia respecto de los políticos. Los tribunales constitucionales y los bancos centrales independientes son un ejemplo de este tipo de organismos. Su función consiste en evitar que los gobernantes abusen de su poder, saltándose la Constitución o manipulando la economía para ganar las elecciones. Por ello, la crítica inicial no tiene tanto que ver con este tipo de instituciones.

Cuando analistas y responsables públicos hablan del poder de los mercados, sin decir muy bien quiénes son estos mercados, se refieren a las entidades financieras y los consejos de administración de las grandes empresas. Se trataría de fuerzas ocultas que, desde la sombra, dirigen nuestro destino. Pero, si reflexionamos sobre este argumento, veremos que tiene importantes matices.

Gran parte de las medidas que viene adoptando el Gobierno de Rodríguez Zapatero en el último año han sido coordinadas con el resto de países de la Unión Europea. Por lo tanto, no han sido bancos y empresas los que han dictado al Ejecutivo español qué medidas adoptar, sino que han sido sus correligionarios europeos quienes han decidido las política de ajustes.

Al igual que sucedió en los 70, la derecha está gestionando la salida de la crisis. Esto significa que son sus ideas las que se están imponiendo. Los Gobiernos socialdemócratas en la Unión Europea son pocos y, entre los países con una economía de tamaño considerable, sólo España. Por ello, la izquierda europea no ha tenido la fuerza suficiente como para imponer su análisis de la crisis y las políticas para salir de ella.

Los conservadores han impuesto dos tesis. En primer lugar, han decidido dar preeminencia al déficit público sobre el empleo. Como muy bien relataba en estas páginas Gabriel Jackson (EL PAÍS, 2/9/2011), todo lo contrario a lo que sucedió en la anterior crisis de similares características, la del 29.

En segundo lugar, una alternativa a la salida de la crisis sería reforzar la unión monetaria, transformando las deudas nacionales en deuda europea. Esto evitaría los ataques especulativos a las economías más débiles. Pero los países más fuertes económicamente argumentan que ellos pagarían el coste de esta unión, puesto que tendrían unos intereses por su deuda mucho más altos que si la emiten de forma individualizada. Es decir, se trataría de un mecanismo de solidaridad. Pero, siguiendo los principios conservadores, han decidido que “cada palo aguante su vela” de deuda pública.

No obstante, las medidas de ajuste no se están imponiendo de la misma forma por todos los Gobiernos. España es un buen ejemplo. Una vez el Partido Popular ha tomado las riendas de numerosas comunidades autónomas, ha decidido recortar los principales pilares del estado del bienestar, la educación y la sanidad, sin hacer distinciones en los ajustes. En cambio, cuando el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero tuvo que contener el gasto en pensiones, decidió salvar de esta congelación a las más bajas.

En definitiva, la crisis de la política no es real. No es cierto que los mercados han derrotado a las democracias. Son decisiones políticas las responsables de la gestión económica. Lo que sucede es que los principales países de la Unión Europea están en manos conservadoras y, por ello, están imponiendo medidas acordes a su ideología. La izquierda, allá donde gobierna, sólo ha podido minimizar los daños de los ajustes.

Pero lo preocupante de este escenario es que la derecha no parece conformarse con una victoria momentánea. Desea que sus principios y valores perduren en el tiempo. Por ello, todos los conservadores europeos están preocupados ahora por constitucionalizar su visión de la economía. En España, gracias a que la derecha está en la oposición, la reforma constitucional ha sido suave y aceptable para la izquierda. Si el Partido Popular hubiese tenido mayoría parlamentaria, seguramente la redacción de la enmienda constitucional habría sido distinta.

En conclusión, la política sigue tan vigente como antes de la crisis. Argumentar que los mercados están imponiendo la gestión económica a los Gobiernos es establecer una cortina de humo sobre los verdaderos responsables: los ejecutivos conservadores de la Unión Europea. Por ello, el debate no es política versus mercados, sino izquierda versus derecha.

Ignacio Urquizu, profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y colaborador de la Fundación Alternativas.

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