¿Es el final de la convergencia?

Hasta hace poco, existía un amplio consenso sobre que el presente siglo iba a ser el siglo de los países emergentes. Sin embargo, la reacción de los mercados financieros a la advertencia de que en el mes de mayo la Reserva Federal de EE.UU. podría reducir sus políticas monetarias no convencionales llevó a muchos analistas a cuestionarse sobre la velocidad del crecimiento de los mercados emergentes. En las Reuniones Anuales del Fondo Monetario Internacional y del Grupo del Banco Mundial (Annual Meetings of the World Bank Group and the International Monetary Fund) que se celebran este mes, las perspectivas de los países emergentes serán un tema de acalorado debate.

Hasta mediados de 2103, el FMI y el Banco Mundial habían proyectado que las tasas de crecimiento del PIB per cápita agregado para los países emergentes y en desarrollo (los EMDEVs, por su denominativo en inglés) en el transcurso de los próximos años iban a ser casi tres puntos porcentuales más altas que las tasas de los países desarrollados del mundo. La mayoría de los comentaristas esperaban que una diferencia sustancial en el crecimiento per cápita fuera a continuar después de esta década, y ellos únicamente discrepaban en la magnitud de la ventaja en el crecimiento de los países emergentes.

Las estimaciones de Arvind Subramanian sobre China, y las de Uri Dadush para los EMDEVs de manera más general, representan el rango superior de estas proyecciones. Otros, como Dani Rodrik, siempre han sido más cautelosos (more cautious), argumentando que la mayor parte del crecimiento rápido del pasado en los principales EMDEVs se debió a un período de crecimiento tecnológico para “dar alcance” en el sector manufacturero, que fue llegando a sus límites, y no podría ser fácilmente extendido al vasto sector de servicios o otras partes de las economías en desarrollo.

Lo que al final de cuentas ocurrió después del anuncio de Ben Bernanke, Presidente de la Reserva Federal, sobre que la Fed pudiese “disminuir paulatinamente” antes de finales de 2013 su política de flexibilización cuantitativa – es decir su compromiso abierto con las compras mensuales de activos a largo plazo por un valor de $85 mil millones – fue una “mini crisis”. Los mercados de valores y divisas de muchas economías emergentes recibieron un duro golpe, y rápidamente los titulares comenzaron a anunciar el fin del auge de los mercados emergentes.

Sin duda, muchos de los valores de los activos de los mercados emergentes han recuperado terreno desde aquel momento, y en septiembre la Reserva Federal cambió de opinión acerca de la inminencia de la “diminución paulatina” de la flexibilización cuantitativa (QE). Pero el estado de ánimo había cambiado, y la proyección “promedio” de las perspectivas de crecimiento de las economías emergentes se ha desplazado. Los economistas latinoamericanos están especialmente pesimistas. Después de revisar y disminuir en julio sus proyecciones de crecimiento para los países emergentes, el FMI está a punto de hacerlo de nuevo (aunque sólo de forma moderada) de manera previa a las Reuniones Anuales.

¿Se puede decir que los eventos recientes significan que la “convergencia” se acaba? ¿Está el mundo retornando hacia un patrón de crecimiento en el que la diferencia porcentual entre los niveles de ingreso en el agregado “Norte” y “Sur” no disminuye? O, ¿son las opiniones actuales sobre “el fin de la convergencia” solamente un reflejo de la sobrerreacción habitual de mercados financieros ya sea frente a las buenas o las malas noticias?

El futuro, por supuesto, es incierto. Sin embargo, sigo creyendo que la convergencia llegó para quedarse (convergence is here to stay), a pesar de que no se irá a producir al extraordinario ritmo del período 2008-2012, cuando la crisis financiera global y las dificultades de la eurozona llevaron a retrasar el crecimiento en las economías avanzadas en especial. Lo que es probable que ocurra es un retorno al diferencial previo a la crisis: desde 1990 a 2008 (excluyendo la crisis financiera asiática del periodo 1997-1998), el agregado de crecimiento per cápita en el mundo emergente se ubicó alrededor de 2,5 puntos porcentuales más alto en comparación con los países avanzados. En el período 2008-2012, dicho diferencial se incrementó a más de cuatro puntos porcentuales. Ahora parece dirigirse a caer de nuevo a un nivel de alrededor de 2,5 puntos porcentuales.

China continuará dando cuenta por una gran parte del diferencial. Si bien el crecimiento anual de China pudiese disminuir a un 6% o 7%, bajando desde una tasa registrada de entre el 9% al 10% hasta el año 2010, el peso económico de China es cada vez mayor. Por otra parte, los países emergentes de Asia en su conjunto se han mantenido en una senda de convergencia, como también otros países lo han hecho, por ejemplo: Turquía, Colombia, Perú y Chile. La carrera para “dar alcance” tecnológico seguirá siendo el factor impulsor subyacente de la convergencia, más allá de las perturbaciones a corto plazo y los problemas temporales que la volatilidad del flujo de capitales pudiesen causar.

Por supuesto, los países “prudentes”, con pequeños déficits o superávits en cuenta corriente, serán mucho más inmune a las perturbaciones temporales. Las economías diversificadas también tienen la tendencia de encontrarse en mejor posición en comparación a los exportadores de bienes primarios. Por otra parte, los países que invierten el 25% o más de su ingreso nacional serán capaces de crecer más rápido que los que tienen niveles bajos de ahorro e inversión – incluyéndose entre este último grupo muchos países en América Latina. Asia crecerá más rápido, debido a que está acumulando capital físico y humano más rápidamente, lo que no solamente aumenta la producción de manera directa, sino que también facilita el progreso tecnológico y la diversificación del tipo que Ricardo Hausmann y César Hidalgo identifican como la clave para el crecimiento sostenido (identify as the key to sustained growth).

La convergencia no se ha apoderado de todos los EMDEVs; no obstante, ya ha cambiado la naturaleza y la estructura de la economía mundial, en particular en términos de la tradicional división entre Norte y Sur, y continuará haciéndolo. Las tendencias de crecimiento agregado se han desacoplado, aunque los ciclos dentro de estas tendencias están correlacionados, debido a la globalización financiera y las interdependencias en el comercio internacional. Asimismo, una grave desaceleración en las economías emergentes podría llevar a otra marcada desaceleración en las economías avanzadas, por lo que el diferencial de crecimiento probablemente se mantendrá relativamente estable, al menos en cuanto a los datos anuales.

El crecimiento a largo plazo está determinado por la habilidad de acumular capacidades tecnológicas e institucionales y la calidad de las políticas nacionales. En las últimas dos décadas, muchos países emergentes, entre ellos algunos de los más grandes, han obtenido buenos resultados en este sentido. Sus esfuerzos seguirán siendo la base para la convergencia a nivel mundial. No debemos permitir que las numerosas excepciones o las preocupaciones temporales de los mercados financieros oscurezcan esta realidad subyacente.

Kemal Derviş, former Minister of Economic Affairs of Turkey and former Administrator for the United Nations Development Program (UNDP), is Vice President of the Brookings Institution. Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.

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