Es la hora de la unidad nacional

Por Josep-Lluís Carod-Rivera, presidente de ERC (EL PERIÓDICO, 02/10/05):

El nuevo Estatut ha sido aprobado por la amplia mayoría de los representantes parlamentarios, expresión del 90% de la sociedad catalana. El proceso de redacción ha costado demasiado, ha durado demasiado y, seguramente, hemos cansado demasiado. No hemos sabido explicar, quizá, que el Estatut tenía que ver con la mejora de la vida cotidiana, con el recibo de la luz, el colegio, la atención a los mayores. Se nos pedía una Catalunya mejor y más fuerte. Y al final hemos hecho país y no partidos. El pleno de la aprobación del Estatut fue una jornada única de nuestra historia. Es el cuarto Estatut que se redacta, pero el primero que se hace en sede parlamentaria. No somos una autonomía más, ni el 127° presidente de la Generalitat es un simple presidente de comunidad autónoma. Ningún otro territorio del Estado, ni el mismo Estado, puede exhibir una situación parecida. Tampoco olvidamos que perdimos el poder político por la fuerza de las armas, pero que siempre ha existido el deseo de recuperarlo por la de la voluntad. Con el Estatut, la nación catalana ha dicho por boca de la mayoría inmensa de sus representantes que es una nación. Tiene una fuerza democrática irrefutable: nuestra única arma es la de la democracia. Hoy tenemos el reto de hacer realidad el nuevo Estatut; un paso adelante que supera todos los intentos de autonomía política impulsados por los partidos catalanes durante más de 100 años: desde la campaña emprendida, primero, por la Mancomunitat; después, el Estatut de 1931 y, finalmente, la realidad del Estatut de 1979, que ha amparado hasta ahora, pese al freno en el traspaso de las competencias, a nuestro país.

¿Por qué queríamos el Estatut? Todas las cosas viejas necesitan renovarse y, tras 26 años, Catalunya ha cambiado radicalmente. Hay realidades nuevas: la inmigración, las nuevas tecnologías, los avances científicos, la presencia en la UE… Pero también hay una mayoría de la población con derecho a voto que no votó el Estatut porque no tenía edad para hacerlo. Nuestro futuro no depende, pues, sólo del pasado; no depende sólo de unos derechos que proceden de la historia; depende también, y sobre todo, de la voluntad democrática de los catalanes y catalanas de hoy, y ésta es la mejor de las razones posibles. Con este Estatut gana Catalunya. Por primera vez en la época contemporánea, en un texto legal se habla de la existencia de la nación catalana. Para nosotros no es un tacticismo frío porque para ERC la nación es la gente, y una nación es un espacio común de complicidades, intereses y, en estos días, también y más que nunca, de emociones y ambiciones colectivas. No engañamos a nadie. Éramos y somos independentistas. Y desde el independentismo pragmático sumamos esfuerzos con los federalistas y los autonomistas. Defendemos un proceso gradual hacia la soberanía, con el horizonte de una Catalunya libre. Este Estatut es, quizá para algunos, el punto final. Para nosotros sólo es un objetivo legítimo hacia el Estado propio. Porque no engañamos a nadie, también queremos dejar claro que este Estatut tiene fronteras, que no se pueden traspasar legalmente porque están vetadas por la Constitución española que ERC no votó. Hemos tendido la mano a España. Un pacto de voluntad real y sincera para compartir la casa, con un modelo de convivencia en el que quepamos en igualdad de derechos y deberes, pero no desde imposiciones, discriminaciones y privilegios. Si Madrid no acepta nuestra oferta se deshará una ilusión colectiva y también perderá toda credibilidad el proyecto plural del cual tan a menudo habla el presidente Zapatero. Pero también se deshará la posibilidad de continuar pensando que hay otra España más liberal y moderna, que quiere convivir con nosotros tal como somos, diferente de la de siempre. Si la única España posible es ésta, no nos conviene porque nos perjudica y nos excluye.

LEGA la hora de la verdad. Debemos enviar un mensaje de optimismo a la sociedad. Es hora de seguir sumando esfuerzos porque en Madrid no lo tendremos fácil. Debemos ser una sola voz para hacer entender a Madrid que estar a favor de los derechos nacionales significa mejorar los derechos sociales, los derechos civiles, la salud, la vivienda, el trabajo, la cultura, la lengua, en un país donde no importa la procedencia de nadie sino el futuro que queremos compartir. En determinados momentos de la historia, hay temas que no son ni de derechas ni de izquierdas, sino de sentido común, de interés nacional. Por la financiación, la cohesión social, la lengua, para nacionalizar el país desde la dignidad, el bienestar y la cultura, necesitamos una sola política nacional. Tenemos un instrumento que debemos conseguir que sea una realidad. Por eso, más que nunca, es la hora de la unidad nacional.