¿Es sostenible un PP ganador?

Han pasado ya semanas desde la apoteósica victoria del PP en Andalucía. Una victoria que ha dado lugar a muchos análisis a vuelapluma, pero de la que apenas hay análisis con mayor perspectiva espacio temporal, a lo cual quiero contribuir en este modesto artículo.

Tras conocerse los resultados, hubo algo que me extrañó: Moreno va a gobernar 8,5 millones de habitantes con el voto de sólo 1,5 millones. Algo bastante chocante, vistos los antecedentes: Aznar gobernó a poco más de 40 millones de españoles con casi 10,5 millones de votos, y Rajoy a 46 millones con unos 11. Ambos rondaban la cuarta parte de la población (aunque el porcentaje sobre voto es, naturalmente, mayor). Moreno apenas llega a la quinta.

La clave, naturalmente, está en la ley electoral y en la abstención. En la ley electoral porque la división en ocho circunscripciones, unida a la fragmentación (incluso cierta izquierda ha celebrado la mayoría absoluta del PP y el cierre del paso a Vox causada por su fragmentación –¿?–), ha dado una de las mayorías absolutas más «baratas» de la historia electoral reciente. En la abstención, porque a nadie escapa que Moreno, además de lograr mucho voto hipotéticamente prestado (aunque no mucho, si se comparan los votos con los obtenidos en 2011 por Javier Arenas), ha logrado la abstención de buena parte de la izquierda.

La consideración de la abstención nos lleva al dilema de la sostenibilidad de los gobiernos centristas. Y es que, a lo largo de los últimos veinticinco años, hemos visto muchas victorias del PP, pero muy pocas sostenibles en el tiempo. Lo normal ha sido que el PP pierda gobiernos incluso allí donde se suponía más transversal (Madrid 2003, antes de Aguirre; Galicia 2005, el final de Fraga). Y la clave ha sido esa: la activación o no del voto de izquierdas.

Mucha gente ha comentado la diferencias de talante, contenido y estrategia (en las que nadie quiere ahondar ahora) entre el PP aguirrista y el PP marianista, hoy encarnados respectivamente por Ayuso y por Feijoo y Moreno. Pero poca gente ha señalado la diferencia de resultados. Unos resultados que a priori resultan exitosos en ambos casos (también Rajoy ganó), pero que no fueron igual de sostenibles, y que dependen en buena medida de la abstención. Y ojo, que lograr la abstención de los ajenos, es un mérito digno de estudio. Pero como ésta no siempre se logra, es dudoso que el modelo transversal tendente a anestesiar a los rivales sea el mejor para la sostenibilidad futura del PP.

Y es que allí donde el PP (modelo aguirrista) es combativo y no se amilana ante la batalla cultural, como ocurre en Madrid, gana con holgura incluso cuando la participación es alta.

Como toda regla tiene su excepción, debemos señalar que hay un lugar donde el PP ha logrado perpetuarse con un modelo transversal cordial (no excesivamente combativo): Galicia. Aunque, incluso en Galicia, cabe señalar que Feijoo sólo ganó con alta participación cuando venía de la oposición con garra y combatividad (ver resultados de 2009, con abstención cercana al 30 por ciento) y después ha basado sus éxitos en una transversalidad que, unida al patetismo de la izquierda gallega (lean a Xoan Hermida), siempre ha gozado de una cuantiosa abstención izquierdista (cercana al 40 por ciento en autonómicas, pero nunca en generales o locales, donde la pegada de la izquierda gallega es mucho mayor, y por eso el PPdG apenas tiene alcaldías importantes).

El contexto actual es sin duda favorable a la victoria del PP en España, toda vez que el repetido fracaso de las políticas socialistas hace prever un cambio. La cuestión, a largo plazo, es si la victoria electoral del PP será sostenible en el tiempo (como en Madrid y en Galicia), o si el eterno retorno del PSOE (un partido que parece tener como siete vidas) se volverá a producir en los venideros años treinta. La clave estará en si la hegemonía cultural de la izquierda, y su pretendida superioridad moral, son desmontadas algún día por un PP ganador. En si el PP será capaz de ganar sólo cuando la izquierda se abstiene, o incluso cuando la izquierda no se abstiene.

Diego Vigil de Quiñones Otero es registrador de la propiedad.

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