Escalada de despropósitos

Por Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB (LA VANGUARDIA, 29/03/07):

¿Adónde iremos a parar? La pregunta me ha venido a la mente al relacionar dos lamentables hechos sucedidos durante los últimos días. Por un lado, el PP ha dispuesto que sus militantes hagan boicot a las empresas del grupo Prisa, editora del diario El País.Por otro, un grupo de participantes en una lamentable manifestación de apoyo a Ibarretxe, auspiciada por los tres partidos que forman parte de su Gobierno, agredió a miembros del Foro de Ermua y uno de ellos propinó una violenta patada en los mismísimos genitales a Antonio Aguirre, dirigente de dicho foro y militante socialista. Entregado el agresor a un miembro de la Ertzaintza, éste lo suelta enseguida sin pedirle siquiera la documentación.

Algo pasa en España más allá de las naturales discrepancias, tensas y reñidas si es necesario, propias del debate público democrático. Algo pasa y debemos averiguarlo antes de que esta peligrosa escalada de despropósitos siga adelante.

Siendo grave la agresión al Foro de Ermua y, en particular, lo sucedido a Antonio Aguirre, mucho más grave me parece la medida tomada por Rajoy de boicotear a Prisa. Al fin y al cabo, lo primero es debido a la acción individual de unos exaltados manifestantes fanáticos; lo segundo, en cambio, es una decisión adoptada por los principales dirigentes de uno de los dos grandes partidos que pueden gobernar este país. Un partido que últimamente actúa con una desmesura impropia de una fuerza política con aspiraciones de gobierno.

Ciertamente, las alusiones de Jesús de Polanco, presidente de Prisa, en la junta general de esta sociedad, fueron también desmesuradas y ofensivas al referirse al PP como un partido que "desea la guerra civil", idea que ni debería pasársele por la cabeza a una persona con su experiencia y conocimientos. También es una opinión muy compartida que El País de los últimos tiempos, con algunas excepciones, ya no es el prodigioso periódico de la transición y de los primeros años de la democracia, sino que, desgraciadamente, se ha convertido al periodismo de trinchera, aquella forma de hacer periodismo que prefiere disparar al adversario - que para El País es el PP- antes que relatar de la manera más objetiva posible lo que realmente sucede. No digamos nada ya de la Ser, también del mismo grupo, donde añoramos a Gabilondo y donde Francino sólo se distingue de Jiménez Losantos en el tono de voz.

Todas estas opiniones son razonables, pero en una democracia, donde la libertad de expresión es un elemento esencial sin el cual la democracia deja de existir, nada justifica el boicot a un medio de comunicación, más todavía cuando este boicot no sólo es informativo

- la prohibición de que los militantes del PP se presten a entrevistas o tertulias en los medios de Prisa- sino también económico, con la recomendación de que se adhieran también al boicot "los accionistas, anunciantes y clientes".

Todo ello es disparatado, no es ni razonable ni sensato - estas hermosas palabras que tanto le gustan a Rajoy- y dice muy poco, o nada, de la mentalidad democrática de quien lo propone. Si un medio de comunicación da una información falsa, existe en la legislación española el derecho de réplica; si da una opinión con la que no estás de acuerdo, debes, en primer lugar, aguantarte, y, después, puedes contestar con argumentos mejor razonados para convencer a los lectores de lo contrario. En ningún caso valen en una democracia presiones de otro tipo: el boicot informativo al medio en cuestión supone un perjuicio irreparable para la opinión pública, que tiene derecho a ser informada por los políticos, los cuales, por tanto, tienen el deber de informar; el boicot económico, por su parte, es una presión indebida a la libertad de opinión y de información, una forma sutil de solapada censura mediante el estrangulamiento financiero.

Yo no pienso, como Polanco, que en la dirección del PP haya personas que deseen volver a la Guerra Civil, pero sí creo que en este grupo dirigente hay personas cuyas convicciones democráticas son más que dudosas y desearía que nunca gobernasen mi país. La actual política del PP me parece, por otra parte, muy poco inteligente: sólo convence a los previamente convencidos, asusta con sus malas formas a los que podrían acercarse a él y provoca la reacción a favor del PSOE de quienes tampoco están muy convencidos de su política. En medio de esta tensión general, debida a estas y muchas otras cuestiones, algunas noticias relacionadas con este tema resultan positivas. Por un lado, el boicot del PP al grupo Prisa ha sido condenado por los periodistas de Vocento - editora, entre otros muchos, del diarioABC-y del grupo El Mundo.Por otro, algunos militantes y cargos del propio PP - entre ellos Ruiz-Gallardón- han desobedecido las órdenes del partido. También el Club Internacional de Prensa, formado por corresponsales extranjeros acreditados en España, se ha unido a la condena. Noticias todas ellas que deberían servir de advertencia a los dirigentes populares y constituyen un alivio para quienes confiamos todavía en nuestra buena salud democrática.

Afortunadamente, en la sociedad española no se refleja todavía el encarnizado enfrentamiento que parece imperar entre la clase política. Pero declarar el boicot a un importante grupo de comunicación es un gesto que contribuye peligrosamente a una innecesaria escalada de despropósitos que entre todos deberíamos intentar parar.