Escandalizarse ante el escándalo

Hace unos días, el PSOE se sentó a negociar los Presupuestos de Navarra con Adolfo Araiz y Bakartxo Ruiz. Fueron los dos enviados de Bildu a una cita que llegaba poco después de que el PSOE asegurara que no tiene pacto alguno con esta organización, pese a haberles entregado un puesto en la Mesa del Parlamento regional, la alcaldía de Huarte y la presidencia de la Mancomunidad de Pamplona a cambio de su apoyo en la investidura de María Chivite. Esos enviados, Araiz y Ruiz, son dos personajes con cierta historia.

Araiz fue miembro de la mesa nacional de Herri Batasuna (1991-1997), el brazo político de ETA. Como tal, apoyó la tristemente célebre ponencia Oldartzen, que significó la extensión de las atrocidades de la banda terrorista a partir de 1994. Dicha ponencia apostó por la “socialización del sufrimiento”, dirigiendo a ETA de nuevo hacia objetivos “civiles”, además de a los servidores públicos que siempre estuvieron en su diana.

A partir de ese momento, ETA comenzó a matar otra vez (como antes de mediados de los 80) no solo a militares, policías o guardias civiles, sino también a cargos políticos, periodistas y otros miembros de la sociedad civil. La primera víctima de ese movimiento fue Gregorio Ordóñez. Luego llegarían muchas más: Miguel Ángel Blanco, José Luis Caso, José Ignacio Iruretagoyena, Alberto Jiménez Becerril, Ascensión García, Tomás Caballero, Manuel Zamarreño… La HB de Araiz y compañía pidió socializar el sufrimiento, y ETA socializó el sufrimiento.

Ruiz es la hermana de Zigor, etarra que salió de la cárcel en 2015. Acumuló dos condenas por pertenencia a banda terrorista, una de ellas rebajada después en el Tribunal Supremo, y al abandonar la prisión recibió el homenaje de familiares y allegados, como tantos otros asesinos, secuestradores y dirigentes de la banda excarcelados. Su hermana fue una de las que le brindó ese calor.

El PSOE considera que tanto ella como Araiz son interlocutores válidos para pactar los Presupuestos de Navarra. También en el Congreso de los Diputados, el PSOE se ha sentado con Bildu a negociar la investidura de Pedro Sánchez.

Mientras exige a Ciudadanos y PP que le despejen la investidura gratis, Sánchez monta mesas de negociación con Bildu y fija como socio preferente a ERC, un partido cuyo presidente está en la cárcel, cuya secretaria general está fugada de la Justicia y cuyo negociador principal está imputado por malversación y desobediencia.

“La falta de escrúpulos es la gran ventaja estratégica del PSOE”, ha escrito recientemente Félix Ovejero, y los hay muy empeñados en darle la razón. Además de con los partidos de Otegi y Junqueras, los socialistas están negociando ese Gobierno que pretenden compartir con Podemos con otros partidos. Como el PNV o JxCat. El primero promueve un nuevo Estatuto de Guernica que divide a los vascos en ciudadanos de primera y de segunda y acaba de recibir una durísima condena por corrupción en el caso De Miguel; el segundo, además de estar dirigido por un prófugo y por el considerado por Sánchez “el Le Pen de la política española”, acaba de ver cómo su portavoz en el Congreso es imputada por malversación, prevaricación, fraude y falsedad en documento público. Les emplazo a buscar las ácidas críticas del PSOE a estos escándalos de corrupción de los nacionalistas. Son feroces, casi tanto como las que dirigen a sus postulados supremacistas y contrarios a la igualdad entre españoles.

Sánchez ha llevado al PSOE a un lugar donde puede sentarse a negociar lo que haga falta con este Dream Team, pero no puede ni hablar de cuatro condiciones básicas con los constitucionalistas para un acuerdo de legislatura que evite que la llave de la nación la tengan quienes quieren destruir la nación. Todo ello ante el clamoroso silencio de los mismos compañeros de partido que hace unos años le echaron para que no hiciera exactamente lo que ahora está haciendo y contra lo que ya le advirtieron en aquel Comité Federal de finales de 2015 donde le ataron las manos.

“La autodeterminación, el separatismo y las consultas que buscan el enfrentamiento solo traerán mayor fractura a una sociedad ya de por sí dividida. Son innegociables para el Partido Socialista y la renuncia a esos planteamientos es una condición indispensable para que el PSOE inicie un diálogo con el resto de formaciones políticas”, se recogía en la resolución política que le obligaron a firmar. Lo que va de ayer a hoy, que escribiría Góngora.

Con todo, el principal riesgo que corre España es que dejemos de escandalizarnos ante el escándalo. Aceptar que se pueda forzar a la Abogacía del Estado a hacer malabarismos para contentar a un delincuente porque un candidato busca el apoyo del partido que preside el delincuente. Aceptar que se pueda negociar nada con personas como Adolfo Araiz. Aceptar que el Gobierno de la nación se pueda poner en manos de todos los partidos que impugnan el sistema del 78, con uno de ellos dirigiendo cinco ministerios, con el autor de Por qué soy comunista (2017) sentado en el Consejo de Ministros, con el primer español que calificó a los Jordis de “presos políticos” ostentando la vicepresidencia, con el rumbo claramente dirigido hacia ninguna parte.

Señores del PSOE que creen en la democracia española, escandalícense ante el escándalo. Frenen esta locura.

David Martínez es asesor de comunicación en Ciudadanos.

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