Esclerosis académica

Torre de Juan Abad es un pueblo de Ciudad Real más cargado de historia que de población que ha salido en los medios por un hecho poco edificante. Su alcalde ha reconocido que desde que su padre en su calidad de excombatiente se hizo cargo de su alcaldía en 1942 todos quienes han tenido ocupación remunerada en el ayuntamiento han sido nombrados a dedo. Un caso claro de enchufismo que no parece ser muy excepcional dentro de nuestra Administración, aunque a veces un ropaje formal pretenda disimularlo. Como suele ocurrir, ante el revuelo que ha organizado, el locuaz alcalde pretende ahora echar agua al vino, eso sí manchego, de su afirmación. La piedra ya está echada.

Sería erróneo creer que las prácticas en contra de la meritocracia se dan solo en pequeños municipios. Ejemplos recientes demostraron que también en alguna diputación, como la de Ourense, era condición sine qua non ser compadre de su presidente para poder entrar en la nómina de la institución. Tirando de la manta encontraríamos ejemplos a todos los niveles y zonas geográficas de prácticas tan poco recomendables. Signo inequívoco de que las cosas en este país no han cambiado en exceso desde los tiempos de Larra.

Desgraciadamente, la universidad, esta institución que una y otra vez se califica por tirios y troyanos de pieza vital para un sano progreso económico, tampoco constituye un dechado de buenas prácticas en la recluta de personal. Levanta sospechas de que ello es así un estudio de principios de la legislatura que acaba de fenecer en el que se afirma que el 73% de sus docentes ocupaban una plaza en el centro donde había leído su tesis doctoral. Indicio de una posible esclerosis contraria al principio de atracción de los mejores talentos que respetan a rajatabla las entidades que son estrellas dentro del mundo de la creación y difusión del saber. En ellas está prohibida la práctica tan extendida en la mayoría, afortunadamente no en todas, de nuestras universidades.

No se observa una firme voluntad de cambio a juzgar por las condiciones de algunas convocatorias para la cobertura de plazas de profesorado que han aparecido recientemente una vez que el ministerio abriera la mano que había mantenido congeladas las plantillas de funcionarios. Cosas de los denostados recortes. Espigando las aburridas páginas de las publicaciones oficiales se encuentran auténticas perlas. Que no solo van en contra del buen quehacer universitario sino que constituyen una auténtica burla al principio de igualdad de oportunidades que enfáticamente proclaman nuestros responsables políticos. Veamos algunos ejemplos.

Una universidad andaluza convoca plazas de ayudante doctor en distintas áreas de conocimiento. Todo parece muy correcto hasta el apartado donde se define aparentemente con todo detalle el baremo de méritos a aplicar para la resolución del concurso. En él se estipula que una vez calculada la puntuación final de cada aspirante esta podrá incrementarse en un 15% atendiendo a unos méritos, calificados de preferentes, entre los que destaca el «haber tenido relación contractual o estatutaria… al menos cuatro años en la universidad» [convocante del concurso]. Aún más explícito es el Centro Universitario de la Defensa, adscrito a la Academia Militar de Zaragoza, puesto que asegura que la comisión encargada de la resolución del concurso valorará «especialmente» tanto la actividad docente como la investigadora desarrolladas en el centro. Más claro agua.

Lo curioso del caso es que ambos ejemplos parecen contradecir la legislación que explícitamente señala que para la contratación de profesores y profesores ayudantes doctores será mérito preferente la estancia en universidades o centros de investigación de reconocido prestigio, españoles o extranjeros, distintos de la universidad que lleve a cabo la contratación. Habrá que recordar a los redactores de cláusulas de los concursos que la ignorancia de las leyes no excusa de su cumplimiento.

Este es el mal de nuestro país. Mucha legislación modernizadora, bien intencionada para luchar contra la corrupción, defensa encendida de la meritocracia y de la igualdad de oportunidades pero a la postre se imponen por la puerta trasera unos intereses propios de la correspondiente casta, que anulan los buenos propósitos.

Recientemente, el doctor Píriz Durán, presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, reivindicó en un artículo más autonomía y recursos como un motor indispensable para el crecimiento. De acuerdo. Pero a Dios rogando y con el mazo dando. Sus peticiones solo son atendibles si los responsables corrigen las malas prácticas que dificultan el papel que atribuye a las instituciones que representa.

Antoni Serra Ramoneda, economista.

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