Escuela e identidad nacional

El debate sobre la capacidad que tiene la escuela para inculcar una identidad nacional no es una cuestión que solo preocupe a los políticos. Trabajos clásicos sobre nacionalismo han destacado el papel histórico de la escuela en la promoción de una conciencia nacional. Investigaciones más recientes han defendido, además, que la escuela contribuye a modelar la identificación nacional de los individuos. Este argumento se ha aplicado a contextos en los que la transferencia de competencias ha permitido que gobiernos regionales dispongan de los dos principales agentes de socialización (escuela y televisión) para fomentar la identidad regional (en detrimento de la identidad nacional). En todos estos trabajos parece existir amplio consenso sobre la capacidad nacionalizadora de la escuela.

Efectivamente, el currículo de la escuela y, en particular, el currículo de asignaturas como Historia o Lengua, que se imparten en la enseñanza obligatoria, tienen una significativa carga nacional. El adoctrinamiento y la exposición serían los medios a través de los cuales la escuela inculca en los alumnos estos sentimientos. Sin embargo, la idea generalizada de que la escuela nacionaliza debe ser matizada.

Tal y como han explicado Keith A. Darden y Laia Balcells, la primera generación alfabetizada fue también la única generación nacionalizada por la escuela. En la época en la que la educación se generalizó, la escuela competía con unos padres analfabetos que no cuestionaba las enseñanzas que sus hijos recibían. La escuela tuvo, en aquel momento, un papel decisivo. Sin embargo, a partir de entonces, los padres se convirtieron en el principal agente de transmisión de la identidad nacional.

En este debate, Oriol Aspachs-Bracons, Irma Clots-Figueras, Joan Costa-Font y Paolo Masella han comparado en un trabajo conjunto los efectos de los modelos educativos que se implantaron en el mismo tiempo en Catalunya y el País Vasco. De acuerdo con estos autores, la educación obligatoria en catalán ha hecho que los individuos que se vieron afectados por la reforma (y han permanecido más años en la escuela) tengan mayor probabilidad de identificarse como más catalanes.

En el País Vasco, no obstante, este efecto no se habría producido porque el modelo educativo vasco permite que los padres elijan escuela (lo que anula el efecto de la escuela). Sin embargo, la influencia del centro escolar sobre la identificación en Catalunya es más reducida cuando se tiene en cuenta el barrio donde se vive y la identificación de los padres. La población catalana es de orígenes heterogéneos debido fundamentalmente a la inmigración que se produjo entre mediados de los 40 y mediados de los 70. Como ocurre con todos los procesos migratorios, la mayoría de estos inmigrantes se concentraron en determinados barrios y áreas de Catalunya. Por tanto, cuando sus hijos empezaron a ir al colegio se encontraron que sus compañeros tenían el mismo perfil.

Por otro lado, muchos padres catalanes querían garantizarse la enseñanza en catalán de sus hijos. En los primeros años de la reforma, esto no estaba del todo garantizado ya que la implantación del modelo educativo de inmersión lingüística se realizó de forma incremental y dependió, en buena parte, del perfil sociodemográfico de profesores y alumnos. Como consecuencia, muchos padres catalanes optaron por escuelas catalanistas.

La combinación de la segregación residencial y la autoselección ha hecho que el supuesto papel nacionalizador de la escuela catalana sea mucho más reducido de lo que nos quieren hacer creer. Y esto es así porque estos dos mecanismos hacen que los niños acaben teniendo contacto en la escuela con otros niños que se asemejan a ellos y que tienen, por tanto, unos padres con unos sentimientos de identificación nacional similares. Los niños traen a la escuela los sentimientos de identificación que maman en sus casas.

Mi propia investigación con datos del Panel de Desigualdades de la Fundació Jaume Bofill confirma este argumento. Solo en aquellos barrios en los que los hijos de inmigrantes se encuentran en minoría, los años de escuela parecen influir positivamente la probabilidad de identificarse como más catalán que español. Cabría pensar también que lo que juega aquí un papel determinante es el mayor contacto entre niños y niñas de diferentes procedencias y no tanto el contenido de lo que se enseña o la enseñanza en catalán.

María José Hierro, profesora de Ciencia Política de la Universidad de Yale (EEUU). Analista de Agenda Pública.

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