Escuela, lengua y profesorado

Si analizamos los resultados de las pruebas de competencia de sexto de primaria en los últimos años observamos que el 37,2% de los alumnos de las escuelas catalanas tienen un nivel medio-alto de catalán y el 24,6%, alto; mientras que en castellano, el 38%, medio-alto y el 25,5%, alto. Y si preguntamos al profesorado nos dirán en catalán y en castellano que se habla catalán y castellano entre alumnado y profesorado y que hay una tendencia a hablar el catañol entre ellos ya sea en el patio, jugando o en la calle, o bien en las reuniones de claustro del centro escolar. Pero todo esto, en realidad, significa que se acaban dominando las dos lenguas (o más, que sería lo ideal). Y, viniendo de donde venimos, hemos avanzado mucho en la recuperación de un patrimonio tan importante como la lengua y de ello deberíamos estar todos orgullosos.

¿Y la vida social? Los que culpabilizan al profesorado no son conscientes de que la vida social está impregnada de lengua castellana y cultura española, puesto que los niños y niñas ven canales de televisión en castellano, juegan en consolas en castellano y muchos se comunican también en castellano por correo, Whatsapp, etc. Encuentran, a menudo, el castellano como más cotidiano. Solo hay que pasear por la calle o coger cualquier transporte público para percibir la utilización indistinta de las lenguas.
Y sin embargo, a pesar de lo tozuda que es la realidad, determinados periodistas, académicos, tertulianos y políticos han realizado declaraciones culpando al profesorado y a las escuelas de todo lo que está sucediendo en Catalunya.

La acusación es grave: que durante muchos años la escuela catalanas se ha dedicado a enaltecer el patriotismo, el pensamiento único catalán y la supremacía de una lengua… Y que esto es así debido a que el profesorado milita en partidos políticos independentistas.

Esto resulta una desmesura que solo se entiende si recordamos la frase en sede parlamentaria de un ministro del Partido Popular: «Nuestro interés es españolizar a los alumnos catalanes». Y eso, ¿no encierra acaso una intención ideológica? Por desgracia, mucha gente cree que la teoría de la militancia es cierta. A todo esto, desde los neoconservadores de Bush, se le llama la posverdad, por lo visto basta con repetir una mentira hasta la saciedad para conseguir que cuaje. En esta época, es el pan de cada día.

Supongo que la acusación de adoctrinamiento surge de la política de inmersión lingüística que se inició en 1983, después de los 40 años de oscuridad de la dictadura, y que a pesar de haber sufrido varias modificaciones ha conseguido un logro evidente: ciudadanos bilingües.

En otros países existen proyectos similares con las lenguas autóctonas y el inglés. La inmersión siempre ha sido poco polémica, muy pocas familias han presentado quejas por ella, pero lo que es una evidencia es que nuestros niños y niñas se pueden expresar en catalán y castellano. Si hay que revisarlo desde un punto de vista técnico-pedagógico, que sea para perfeccionar el modelo. La acusación de la militancia del profesorado en las tesis independentistas es simplemente absurda. Y encierra un peligro, la tentación de depurar a un colectivo (como en su día hizo la dictadura con los maestros republicanos).

El colectivo del profesorado, sea mejor o peor, ha ido haciendo su trabajo, tanto los que tienen como materna la lengua catalana como los de lengua castellana, que son muchísimos. Pero ha imperado siempre el respeto a todas las lenguas y a todas las culturas –y sobre todo a la castellana, no al españolismo–, de las cuales es imposible no tener interiorizadas muchas pautas culturales. Y bienvenida sea la cultura que amplía el conocimiento e incrementa el patrimonio personal y social.

Por otro lado, hay denuncias de un partido político concreto que ha hecho bandera de su oposición –casi una patología– a la política lingüística y de inmersión, con acusaciones de adoctrinamiento también hacia los libros de texto basadas en un informe anónimo (Adoctrinamiento ideológico partidista en los libros de texto de Cataluña). Y sin embargo, les invitaríamos a realizar el mismo ejercicio de los libros de texto que se emplean en las escuelas del resto del Estado.

No se puede confundir cultura con adoctrinamiento. La mayoría del profesorado, durante muchos años, ha trabajado las dos lenguas, ha desarrollado valores de democracia y solidaridad, cultura propia y cercana, y no se merece esa acusación, no tiene la culpa de lo que está pasando.

Por favor, apuntemos un poco más arriba en el sistema.

Francisco Imbernón, catedrático de Pedagogía de la Universidad de Barcelona.

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