¿España en guerra?

Por Jordi Solé Tura, senador socialista de la Entesa Catalana de Progrés (EL PAÍS, 07/03/12):

Qué extraña andadura nos están ofreciendo el presidente Aznar y sus colegas de partido: entrar en guerra, cuando por primera vez en nuestra historia hemos conseguido borrarla después de tantas espantosas violencias del pasado. Qué increíble bajón ha experimentado el Gobierno del PP en los últimos meses. Qué incapacidad para reaccionar han tenido el propio Aznar, sus ministros y la larga lista de sus adláteres a sueldo, ante los millones de manos que se levantaron contra ellos el 15 de febrero pasado para decirles que se fueran de una vez por todas con sus amigos del Gobierno norteamericano y que dejasen en paz al resto del mundo. Y qué miseria moral han demostrado para no contarnos abiertamente lo que todos sabemos, es decir, que nos quieren meter en una guerra espantosa que la inmensa mayoría no desea, pero que la familia Bush y unos cuantos amigos dispuestos a hacerse con todo intentan convertir en un conflicto inmundo y sangriento para hacerse con el petróleo de Irak, el segundo del mundo en sus proporciones y su riqueza.

A estas alturas, está claro que en nuestro país el Partido Popular y sus dirigentes se han quedado solos y sumisos ante el presidente Bush, no sólo en su pugna con los demás partidos políticos, sino también ante millones de ciudadanos, ante miles de entidades, ante la inmensa mayoría de los representantes de la cultura y de la ciencia. Pero lo peor no es esto. Lo peor es que, con su actitud beligerante, con su adhesión rotunda, que a todos nosotros nos aleja de la gran Europa en construcción, el PP y su jefe se han puesto rotundamente al lado de Estados Unidos en su lucha para romper la identidad de la Unión Europea. Y esto es muy serio porque nos jugamos el ser o no ser europeo de los próximos decenios.

Lo que sabemos de momento es que la Unión Europea se ha resquebrajado, que dos países miembros de la misma y algunos de los que están a la expectativa, esperando su ingreso pleno en la Unión, se han puesto al servicio de Estados Unidos y que uno de ellos es España.

El más fuerte, Gran Bretaña, se mueve a mitad o a tres cuartos de camino entre el apoyo militar a Estados Unidos y el intento de controlar algunos de los problemas que la propia acción militar norteamericana puede crear cuando entre en acción. Es una especie de compadreo que le permite mantener sus vínculos históricos y militares con algunas zonas de Asia y África, entre ellas los grandes espacios petrolíferos. Por lo demás, no es hoy por hoy un gran motor de la Unión Europea.

El segundo no es España, sino el Gobierno español y su presidente, encerrados ambos a la defensiva; y que han conseguido que el discurso más violento en los debates del Consejo de Seguridad de la ONU haya sido el de la ministra De Palacio para demostrar que ambos, Gobierno y partido, son plenamente fieles a Bush y a todos los suyos, para lo que convenga.

Más allá oscila la Italia de Berlusconi, política y económicamente dirigida por unos personajes y unos grupos que dedican más tiempo a hacer negocios y a ocultar sus problemas que a gobernar. El ejemplo más evidente es el del propio presidente Berlusconi, asediado por decenas de tribunales -alguno de ellos en España- y dedicado básicamente a engordar sus millones, a eludir a los jueces que le persiguen y a modificar los textos legales que le perjudican. Precisamente por ello, juega todas las cartas y tanto puede estar en un lado, en el otro… o en ninguno.

Más allá se suman algunos dirigentes del Este europeo, comprensibles por las dificultades que arrastran y dispuestos a todo para salir de los pozos en que se mueven todavía después de tantos años de sumisión a la URSS.

Éste es, en líneas generales, el centro de la ofensiva contra Europa o, más exactamente, contra una Europa que todavía no ha sido capaz de resolver para siempre sus propios conflictos internos y que corre el peligro de pasar de sus altibajos históricos a la sumisión ante los nuevos centros de poder. En las circunstancias actuales el poder europeo no se ha consolidado todavía con la fuerza necesaria y por esto han tenido que tomar el timón los dos centros más sólidos, como son Francia y Alemania. Pero esto no es suficiente para consolidar el conjunto ni para frenar la enorme presión externa e interna, o sea, la de Estados Unidos y sus vasallos. Más allá quedan los restos de una Rusia que todavía no se ha despejado totalmente de su propio pasado. Y más allá todavía, pero cada día más acá, están las banderas de una China cada día más sólida y más segura de sí misma. Ésta es, en líneas generales, la estructura presente de un Consejo de Seguridad de la ONU, en el que España se ha sometido sin chistar a lo que diga el representante de Estados Unidos mientras Francia, Rusia y China se alejaban de ellos. Y éste es, en definitiva, el mapa del asalto a Irak.

Naturalmente, el ser o no ser de dicho asalto no se fundamenta en la bondad o en la violencia de Sadam Husein ni menos todavía en el bienestar o la hambruna de sus ciudadanos. Como todo el mundo sabe, a Estados Unidos lo que le interesa es el petróleo, puesto que Irak es el segundo centro petrolífero del planeta. A sus seguidores -como el Gobierno español- también les debe interesar, pero no creo que saquen mucho provecho del asunto, aunque quedan otras posibilidades, puesto que el presidente Bush anunció hace ya algunos meses que también iban contra Irán y sus gasoductos y contra Corea del Norte y su cretino déspota. Algo podrán sacar, por consiguiente, los gobernantes españoles y sus amigos.

Pero más allá de las bromas siniestras y de las verdades tremendas queda el gran tema de nuestra propia identidad, según se ha visto en las últimas semanas y, por encima de todo, en las grandes concentraciones. ¿Cómo es posible que tantos millones de ciudadanas y ciudadanos hayan salido a la calle para protestar contra el Gobierno y que la respuesta de éste sea que ni se ha preocupado ni se ha enterado porque está metido en los asuntos de Bush y sus amigos? ¿Cómo pueden gobernar un país como el nuestro un presidente y unos ministros que, por lo dicho, pueden despreciar a sus ciudadanos y considerarlos de baja categoría porque el presidente Bush dé cuatro golpecitos a la espalda del presidente Aznar? ¿Cómo se puede creer que tenemos un Gobierno sólido y seguro de sí mismo, cuando el presidente del mismo es visitado por el hermano del presidente norteamericano como si fuese un payaso de segunda fila con aquello del “presidente de la República Española” y, sobre todo, con la oferta que le llevaba en nombre de su hermano y jefe de “si se portan bien les podemos dar mucho dinero”.

Cuando en toda España se alzan millones de ciudadanas y de ciudadanos para expresar su total negativa a lo que pretende el presidente del Gobierno sólo caben dos posibilidades: o es cierto que el presidente y los ministros no se han enterado y entonces hay que cambiar todo el Gobierno o es cierto que sí se enteraron y no hicieron nada y entonces hay que cambiar también todo el Gobierno. Un país como el nuestro no puede aceptar ni un solo minuto que los que presuntamente le gobiernan le engañen y además se jacten de ello. Dicho de otra manera: lo que los millones de ciudadanas y de ciudadanos dijeron en voz alta en todo el país no era sólo el rechazo a la guerra, sino también el rechazo a los que la propugnan, no sólo el rechazo a la intolerancia, sino también el rechazo al despotismo; no sólo el rechazo a los que ocultan sus vergüenzas, sino también el rechazo a los que se jactan de ellas; no sólo el rechazo al mal gobierno, sino también el rechazo a los malos gobernantes, uno a uno.

Así estamos: entre un presidente norteamericano torpe, poco enterado de las situaciones y los cambios del mundo, pero buen conocedor de los petróleos y de sus altas y bajas en las grandes bolsas del negocio, y un presidente español que va de un lado a otro con frenesí, pero sin darnos ni una sola idea de lo que hace con tantas idas y venidas mientras sus colegas subordinados siguen sin saber qué pasa en el Prestige, en el nuevo y sospechoso Tren de Alta Velocidad y todo lo que tocan. No sé si al uno y al otro les gusta el cine, pero tal como van las cosas valdría la pena que ambos se diesen un garbeo por las cinematecas para ver o volver a ver aquello de ¡Es la guerra!, de los hermanos Marx. Todo antes de que Estados Unidos nos marque el paso y nos pague la triste moneda de una guerra infame. Todo antes de que entre los Gobiernos de Estados Unidos y el PP nos rompan para siempre la paz que hemos conseguido en nuestro país y en Europa después de tantos años de violencias. Una paz que estamos obligados a llevar con banderas desplegadas en el resto del planeta.

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