España, entre Argelia y Marruecos

¿Por qué un conflicto como el del Sáhara Occidental no encuentra solución? Hace 30 años que dura y promete hacerlo aún mucho tiempo. Este conflicto, que opone a Marruecos con el movimiento de liberación de este territorio, es de hecho una pequeña guerra sorda pero real entre dos estados: Argelia y Marruecos. Y es la razón principal que hace que no se haya encontrado ninguna solución que sobre todo sea aceptada por… Argelia, pues es este Estado quien mueve los hilos.

España, antigua potencia ocupante del Sáhara Occidental que Marruecos recuperó en 1975 con la marcha verde, nunca ha reconocido la soberanía de Marruecos sobre ese territorio. España apoyó el principio de la organización de un referéndum de autodeterminación en el marco de las Naciones Unidas. Pero Argel exige más a España: una neutralidad absoluta sin tener en cuenta los vínculos históricos con Marruecos y su responsabilidad en este problema.

Yendo a lo esencial, Argel busca por todos los medios aislar a Marruecos. La población saharaui, el movimiento del Frente Polisario creado por Argelia o, para ser más exactos, que Argelia ayudó a crear, no son más que una mala nube llena de polvo negro y malentendidos entre los “dos países hermanos”, como se hacían llamar cuando Argelia combatía por su independencia y recibía una importante ayuda de Marruecos, que le servía de retaguardia. Esta fraternidad existe realmente entre los pueblos argelino y marroquí. En la época en que las fronteras entre los dos países estaban abiertas, millones de argelinos apreciaban poder disfrutar sus vacaciones en Marruecos. Lo cual enervaba en grado sumo a los dirigentes argelinos, que no soportaban que sus ciudadanos estuvieran a gusto al otro lado de sus fronteras, en una monarquía moderna y popular.

Entre los dos países, uno colonizado y el otro no habiendo sufrido más que un protectorado, Francia siempre se sintió como en casa en territorio argelino. En 1932 Francia halló hierro en la región marroquí de Tinduf. Se anexionó esta ciudad y privó así a Marruecos de una riqueza natural que le correspondía. Argelinos y marroquíes abordaron este problema en una reunión en Tánger en 1958 entre militantes del FLN y los partidos nacionalistas marroquíes; se pusieron de acuerdo en que, tras la liberación de Argelia, esta devolvería la ciudad a Marruecos. En ese momento no había desconfianza entre ambos países puesto que el apoyo marroquí a la guerra de liberación argelina era total y sin ambigüedades. Una vez independiente, Argelia no respetó su promesa, lo que provocó una guerra de unos pocos días en octubre de 1963 entre los ejércitos de ambos países. Desde entonces la animosidad no ha hecho más que aumentar entre la Argelia de los militares y Marruecos. El asunto del Sáhara apareció como el pretexto ideal para que Argelia diera una especie de “legitimidad” a su profundo desacuerdo con Marruecos. En la cumbre islámica de Casablanca en 1974, Marruecos anunció su intención de recuperar el territorio del Sáhara que ocupaba España. Argelia, representada por su entonces ministro de Asuntos Exteriores, Abdelaziz Buteflika – nacido en Marruecos-aplaudió esta decisión. De vuelta a Argel, el presidente Huari Bumedien (que llegó al poder por un golpe de Estado contra Ben Bella), le desautorizó y afirmó que el Sáhara pertenece “al pueblo saharaui”. Y decidió apadrinar y ayudar financiera y militarmente al Polisario, creado el 10 de mayo de 1973. Desde entonces, España se ha retirado del Sáhara (mayo de 1975) que ocupaba desde 1884; el 16 de octubre de 1975 el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, a instancias de Marruecos, reconocía la existencia de lazos de relación entre la población saharaui y el rey de Marruecos antes de la colonización española; se produjo la marchaverde (6 de noviembre de 1975); una guerra de guerrilla causó miles de muertos por ambas partes y otros tantos prisioneros. En 1991 se firmó un alto el fuego. Tras diversos informes de la ONU, el 21 de abril del 2008 el enviado especial del secretario general de la ONU, Meter van Walsum, declaraba: “Un Sáhara Occidental independiente no es una propuesta realista”. La prensa argelina entró en cólera y criticó ese informe.Cada vez que Marruecos propone una solución, no hay dudas de que Argelia se opondrá. Este escenario simplista es lamentablemente cierto. Lo que está en juego no es ni la autodeterminación del pueblo saharaui, que vive bajo la presión argelina en tiendas en Tinduf, ni el respeto de los principios y valores democráticos, sino el rechazo sistemático a Marruecos, un vecino molesto y del que no puede desembarazarse y que tiene la suerte de tener dos salidas al mar y la ventaja de ser un país pacífico que no busca el conflicto con sus vecinos.

Por otra parte, Marruecos ha abierto sus fronteras con Argelia, ya no exige visados a los argelinos, no deja de hacer propuestas para que la región viva en cooperación, solidaridad y se pueda resucitar la Unión del Magreb, que existe sobre el papel pero que se ve dificultada por esta agresiva animosidad argelina. En Manhasset, en las afueras de Nueva York, han tenido lugar cuatro tandas de negociaciones entre marroquíes y saharauis bajo los auspicios de la ONU. Pero cuando se está cerca de una solución, Argel interviene y pone obstáculos. Eso es lo que hizo que el rey Mohamed VI, en un discurso el 6 de noviembre del 2009, dijera, sin nombrar a Argelia, que esta “va contra la dinámica de la negociación”.

Argel rechaza abrir sus fronteras, rehúsa cooperar con Marruecos y utiliza el arma del petróleo y del gas para presionar a sus socios europeos y que retiren su apoyo a Marruecos. Eso es lo que Buteflika dio a entender a Zapatero al posponer la reunión de Madrid que debía haberse celebrado en febrero del 2008.

¿Qué ha ocurrido para que este país muy rico en gas y petróleo, que tiene unas reservas monumentales, con unas potencialidades formidables y una juventud viva y enérgica, se haya convertido en un país del que la gente se marcha arriesgando su vida, un país del que se emigra clandestinamente hacia España u otros países europeos?

En lugar de constituir una entidad sólida y fiable sobre la base de una unión de los países del Magreb, en lugar de usar sus medios financieros gigantescos para dar trabajo a su juventud y apaciguar un país con problemas, en lugar de ser un líder de la paz y de la libertad, Argelia se dedica a crear problemas de todo tipo a Marruecos, su vecino y antiguo hermano. Es deplorable y quizá cuando el país ya no esté dominado por los militares se encontrará una solución a este conflicto que arruina al Magreb y su unidad. En cuanto a la población saharaui, Marruecos le ha propuesto vivir bajo un estatuto de autonomía según el modelo de las regiones españolas. Pero incluso aunque algunos dirigentes saharauis ven con buenos ojos este proyecto, no podrán aceptar nada sin la luz verde de Argel, que detenta las finanzas y el armamento.

Tahar Ben Jelloun, escritor, miembro de la Academia Goncourt.