¿España es de izquierdas?

Los medios de comunicación españoles han adoptado el pensamiento –mantra es la denominación que está de moda– de que España es un país de izquierdas y, por tanto, lo que corresponde es que gobierne siempre la izquierda. No importa que el Partido Popular haya obtenido dos mayorías absolutas, solamente una menos que el Partido Socialista, y tampoco se considera relevante que, elección tras elección, los sufragios lo pongan en cabeza de casi todas las capitales provinciales; el axioma es otro: España es de izquierdas.

Lo único que aceptan dichos medios, abrumadoramente levógiros, es que cuando el PSOE lleva a la ruina al país resulta oportuno que gobierne algún tiempo la derecha para que enderece la economía y puedan volver a despilfarrar las coaliciones siniestras. Porque conviene recordar que Felipe González y sus muchachos (Boyer y Solbes entre ellos) consiguieron tras catorce años en el poder que España incumpliera todas y cada una de las condiciones impuestas por la Unión Europea para ser aceptada en la moneda única, con el postre de los escándalos por prevaricación y corrupción que llevaron a un ministro a la cárcel por olvidarse del Estado de Derecho y a un director general de la Guardia Civil a poner en ridículo al país e ingresar también en prisión, aunque sin devolver su expolio de las arcas públicas.

Aquella aventura se saldó con el gobierno de Aznar que nos permitió formar parte del euro y condujo a España a una altura política y económica que volvía a situarla en el lugar que merece dentro del concierto de naciones. La manipulación del atentado del 11 de marzo sirvió para dar cumplimiento a la teoría del péndulo y nuestra nación tuvo que sufrir a Rodríguez Zapatero y su sectarismo, que deseaba reescribir la historia al tiempo que conducía a la quiebra a la sociedad. Tal desastre empujó a Mariano Rajoy al poder con una aplastante mayoría en el Estado, autonomías y provincias para intentar librar a España de una calamitosa intervención de la Unión Europea que resultaba obligada por la insensata política de Rodríguez Zapatero y sus caprichos sectarios, que nos hubiera sumido en un precipicio económico de difícil salida.

Ahora, una vez conseguido el milagro de recuperar nuestro sitio en el ámbito económico internacional, el Partido Socialista y los medios de información claman por que el Gobierno regrese presto a la izquierda para que esta vuelva a enfangar al país. El secretario general del Partido Socialista Obrero Español, Pedro Sánchez, que ha sufrido un estrepitoso fracaso electoral y acto seguido otro parlamentario de parecida magnitud, se permite la osadía de imponer vetos con 90 escaños. Habrá que recordarle a su señoría las palabras de Cicerón a Catilina: «Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia, por cuánto tiempo aún padeceremos tu desenfrenada audacia…».

El ariete que se utiliza con insistencia para regresar al edén izquierdista es la bochornosa corrupción del Partido Popular, algo escandalosamente cierto en Madrid y Valencia, pero olvidando que su cuantía no puede compararse con el expolio socialista: en Andalucía las cifras de los ERE y los cursos de formación, sin clarificar todavía por la desidia judicial, sobrepasan los tres mil millones de euros. Y aunque un solo corrupto supone ya una situación inaceptable, para el país el daño del PSOE es exponencial en comparación con el del PP.

La corrupción es una inmoralidad que se mira en un solo sentido, y todos hacen el avestruz con esa lacra. Los políticos no quieren considerar que ese vicio, que está en la naturaleza humana, surge del brazo del poder y rehúyen su responsabilidad en impedir que se produzca. El pueblo español, por su parte, demuestra en los CIS que es una de sus grandes preocupaciones, pero, al mismo tiempo, calla hipócritamente que, alimentada por ese mismo pueblo español, coexiste una economía sumergida que alcanza la cifra de 190.000 millones de euros, esto es, el 18,6% del PIB. Ese disparate, que reduce el monto del paro a una dimensión absolutamente distinta, es posiblemente consecuencia de políticas fiscales abusivas, pero también de la baja condición moral de la sociedad.

Así que los padres de la patria tienen la obligación de legislar impidiendo la corrupción y la prevaricación, aprobando leyes que las castiguen, en su caso, y además deben ponerse de acuerdo para que la educación pública no sea objeto de confrontación, activando acuerdos y sistemas para que los españoles tengan la formación que merecen y recuperen el concepto moral o ético, que es el vocablo preferido.

Y los medios informativos deben abandonar esa autosuficiencia que les da el convencimiento erróneo, que los electores ya han demostrado repetidamente, de que España debe ser gobernada por la izquierda. No es verdad, España debe ser regida por gobernantes que miren por el interés de la nación con olvido del suyo propio.

Marqués de Laserna, correspondiente de la Real Academia de la Historia.

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