España, la próxima Alemania

El indicio más claro de que España ha recuperado la competitividad y la confianza internacional, elementos esenciales para su futuro crecimiento económico, es que el país vuelve a atraer una cantidad importante de inversión extranjera directa (IED). España recibió 39.100 millones de dólares de IED el año pasado, la cantidad más elevada de Europa (la novena más alta del mundo) y este año parece que también va a ser bueno. La afluencia de inversiones en 2013 fue la mayor desde 2010.

La IED desempeña una función importante en la economía española, especialmente desde el Plan de Estabilización de 1959, que abrió la economía y puso fin al periodo de autarquía que siguió a la Guerra Civil. La inversión aumentó vertiginosamente después de que España entrara en la Comunidad Económica Europea en 1986; a veces daba la impresión de que el país entero estaba en venta. La liberalización generó oportunidades para las empresas extranjeras en un país con un mercado de tamaño considerable, con opciones de crecimiento y con la posibilidad de usar España como plataforma para las exportaciones. El stock de la IED entrante pasó de 110.200 millones de dólares (18,5 por ciento del PIB) en 1995 a 715.900 millones de dólares en 2013 (53 por ciento del PIB), según la Unctad.

España vuelve a ser un país atractivo para los inversores extranjeros. El recorte o congelación de los salarios y el aumento de la productividad hicieron que los costes laborales unitarios relativos de España cayesen en 2012 por debajo de los de Alemania por primera vez desde 2005 (es decir, la diferencia entre las tasas de crecimiento de los costes de ambos países). Como país de la eurozona, España no puede devaluar su moneda, de modo que se ha vuelto más competitiva mediante una «devaluación interna».

Este hecho, unido a una cifra récord de exportaciones, ha llevado a algunos analistas internacionales demasiado optimistas a referirse a España como «la próxima Alemania». Aunque el éxito actual es innegable, hay que verlo desde la perspectiva de una recesión intermitente de cinco años que ha triplicado la tasa de paro hasta elevarla a más del 25 por ciento y en algunos sectores, como el inmobiliario, ha generado precios de ganga para los inversores extranjeros, por culpa de un modelo económico excesivamente basado en dicho sector y de unos bancos demasiado expuestos a él. No es ninguna sorpresa que algunas de las mayores inversiones extranjeras de este año se hayan producido en los sectores inmobiliario y bancario.

No solo ha crecido considerablemente la inversión en España, sino que también las empresas españolas vuelven a invertir en el extranjero. La inversión en el exterior fue de 26.000 millones de dólares en 2013 (en 2012 fue negativa, de –3.900 millones de dólares, ya que la desinversión superó la inversión). Esto ha seguido a un periodo en el que algunas de las mayores empresas españolas, como Telefónica, han vendido activos internacionales considerados no estratégicos, para reducir sus niveles de deuda. El stock de las inversiones en el extranjero fue de 643.200 millones de dólares (47,3 por ciento del PIB) en 2013, el sexto más alto de Europa (el undécimo del mundo) y 41 veces más elevado que el de 1990.

Las multinacionales españolas son la parte más dinámica del sector privado. Entre las más conocidas están Inditex, el mayor minorista de moda del mundo, con casi 6.400 tiendas en 88 países (incluyendo a España) y Santander, el banco más grande de la eurozona según la capitalización de mercado, que obtiene más beneficios netos en Brasil que en España. Alrededor de dos tercios de los ingresos de las empresas que forman parte del índice bursátil Ibex-35 se generan en el extranjero. Gracias a su diversificación geográfica y de negocio, estas empresas son, en distinta medida, capaces de compensar la caída del negocio en su mercado doméstico.

Tras haber invertido inicialmente en Latinoamérica durante la década de 1990, puesto que este era el lugar lógico por el que empezar, las empresas españolas se han trasladado desde entonces mucho más a Europa y a Estados Unidos. El stock de inversión de España en Reino Unido alcanzó los 66.200 millones de dólares en 2012 (último año del que disponemos de datos), con lo que superó a Japón.

El sector más prometedor de la inversión española en el extranjero es el sector de las infraestructuras. España se ha labrado una gran reputación internacional por su participación en megaproyectos. El país tiene cinco empresas entre los diez principales proveedores de infraestructuras de transporte del mundo. Un consorcio español ha sido preseleccionado para competir por el proyecto de 12.000 millones de dólares para construir una central hidroeléctrica en la República Democrática del Congo. Si gana España, será un triunfo más para su proceso de internacionalización.

William Chislett, investigador asociado del Real Instituto Elcano.

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