España siempre será mi casa

Después de dos años y medio como embajador del Estado de Qatar en Madrid, llega el momento de cerrar un ciclo. Decir adiós a España profesionalmente no es tarea fácil. No lo digo porque este sea un artículo de despedida y estas las palabras que se espera leer. Lo digo porque España ocupa un lugar esencial en mi carrera profesional y muy especialmente en mi vida personal. La primera vez que llegué fue en 1986, un año crucial para España por su incorporación a la Unión Europea. Entonces, como joven diplomático, tuve mi primera experiencia en la Embajada, donde trabajé hasta 1989. El destino me trajo de nuevo hasta aquí en 2004, momento en que fui nombrado embajador no residente. Mi tercera experiencia española arrancó en 2017, esta vez como embajador residente.

Durante mis periodos de estancia en este país he trabajado con dos Reyes (Juan Carlos I y Felipe VI) y cuatro presidentes del Gobierno (Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez). Desde aquí he vivido momentos importantes de la historia nacional e internacional y, sobre todo, he escrito páginas esenciales de mi trayectoria vital. Me casé siendo diplomático en Madrid en 1987 y fue en esta ciudad donde nació mi primer hijo, Nasser. Cuando, después de mi periodo como embajador qatarí en Washington, tuve la posibilidad de elegir mi siguiente destino, no tuve ningún tipo de dudas: tenía que ser España. Este país y su gente siempre han tenido y tendrán un espacio privilegiado para mí y para mi familia. Aquí tenemos raíces y seguiremos estando estrechamente unidos a él en el futuro. La cultura, la gastronomía, el idioma que tanto me fascina y que he tenido la suerte de perfeccionar cada día y el carácter de los españoles no hacen que me sienta como en casa, sino que esta sea mi casa.

Hoy, más de tres décadas después de aquel primer contacto de los años 80, he comprobado en primera persona que España ha avanzado de manera admirable en estos últimos años, ha consolidado una democracia fuerte y sólida y se ha convertido en una nación esencial en la escena internacional. Desde aquel 1986, el progreso económico ha sido más que evidente, el país se ha transformado en un motor europeo y sus ciudades han adquirido un carácter cosmopolita sin abandonar su esencia y autenticidad. Sé que no me equivoco si afirmo que para cualquier embajador supone un inmenso privilegio poder desarrollar su labor diplomática en un país tan acogedor, abierto y, fundamentalmente, democrático. Es un auténtico regalo a todos los niveles.

He de decir que mi etapa como embajador en Madrid ha coincidido con un periodo nada fácil para mi país. Desde el 5 de junio de 2017 Qatar vive bajo el bloqueo ilegal e inhumano impuesto por Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Bahréin. En este tiempo, nuestro Gobierno y nuestra ciudadanía se han unido más si cabe para hacer frente a una decisión con la que algunos de nuestros vecinos pretendían aislar a Qatar y coartar su independencia y soberanía. Afortunadamente, nuestra nación ha sabido sobreponerse a una compleja coyuntura y ha demostrado a la comunidad internacional su decidida apuesta por el diálogo y la negociación como única vía para avanzar y solucionar conflictos. En este sentido, no quisiera pasar por alto el papel de las instituciones españolas, que en todo momento han mostrado una actitud de cercanía y cooperación con Qatar.

Asimismo, una realidad tan tristemente extraordinaria como la que estamos viviendo, no exige duplicar esfuerzos como embajador, sino multiplicarlos exponencialmente. Esta crisis me ha ofrecido la oportunidad de crecer y aprender a nivel profesional, defender la posición de mi país, profundizar en mi labor diplomática y establecer fructíferos contactos con distintos estamentos españoles y, muy especialmente, con los medios de comunicación, que en todo momento se han interesado por la situación qatarí y me han permitido establecer un diálogo profundamente enriquecedor. No obstante, la dedicación que me ha exigido el bloqueo no ha mermado los esfuerzos destinados a fortalecer las relaciones con España, sino todo lo contrario. En este sentido, me satisface observar que nuestros lazos se han estrechado, que han crecido los intercambios, tanto a nivel político como económico, y que Qatar se ha consolidado como primer país árabe en inversión directa en territorio español.

A modo de cierre a mi misión como embajador, he preparado el libro «Qatar, una apuesta por el diálogo», en el que se recoge, a través de artículos, discursos y ponencias, la labor realizada en esta etapa. Espero que sus páginas ayuden a acercar, aún más si cabe, los puentes existentes entre nuestros pueblos y naciones.

Es difícil decir «adiós», pero todos sabemos que las despedidas forman parte del ADN del diplomático. En este caso, créanme si les digo que no les hablo como embajador, sino como persona, y reconozco que cerrar esta etapa me resulta especialmente triste y emocionante al mismo tiempo. Para mí será un inmenso orgullo continuar representando a mi país, en esta ocasión en Alemania, pero una parte importante de mi vida y de mis pensamientos siempre estarán en España.

Aun a riesgo de sonar a frase hecha, estoy plenamente convencido de que esto no es un «adiós», sino un «hasta luego», y que España y Madrid siempre serán mi casa.

Hasta siempre.

Mohammed Al-Kuwari es embajador del Estado de Catar en España.

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