España, sus territorios norteafricanos y la OTAN

Ahora cuando se reflexiona sobre el Concepto Estratégico de la OTAN 2010, parece oportuno relacionarlo con la cobertura, en el ámbito de la Defensa Colectiva, que poseen los territorios de soberanía española en el norte de África. La reciente reivindicación marroquí de los mismos añade una gota más de actualidad sobre un tema al que no renuncia el vecino del sur.

En primer lugar parece claro que, en el momento de la negociación del ingreso de España en la Organización Atlántica, los territorios norteafricanos quedaron fuera del Tratado que como es sabido se centra en una zona concreta conocida como espacio euroatlántico, en el que sí estarían incluidas las Islas Canarias. La actitud de Marruecos, de constante reclamo de las plazas y peñones y otros territorios españoles en el norte de África añade una conflictividad permanente a las relaciones con España que apantallan los lazos plenos entre dos países vecinos e interdependientes. Este aspecto tiene su consecuencia en el ámbito de la Defensa, en el que España debe estar preparada para cualquier contingencia que pretenda la recuperación por la fuerza, tanto directa como indirectamente, de dichos territorios.

El nuevo Concepto Estratégico de la Alianza debería prever, por la trayectoria de reflexión que ha precedido a su génesis, la gestión de crisis en las zonas donde la seguridad es un interés común para los Aliados. Con ello lo que se pretende es que la OTAN esté presente en la evitación de los conflictos cuya evolución perniciosa pueda suponer un riesgo o amenaza para la seguridad euroatlántica. Ello significa que en zonas tan vitales como la del Estrecho de Gibraltar, la presencia de conflictividad deba ser prevenida y reducida por una Organización que apoya su flanco sur en una de las más significativas llaves del Mediterráneo; la otra sería el Canal de Suez, dominada potencialmente por el conflicto árabe israelí.

Las diferencias entre España y Marruecos, sobre temas tan sensibles como la soberanía territorial, en los que España obtuvo sus derechos cuando no existía allí ningún otro sujeto jurídico (hace más de 500 años), inestabilizan la zona estratégica del Estrecho amenazada también por la irrupción de una franquicia del terrorismo islamista de corte transnacional, como es Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), que obtiene del Sahel sus beneficios como espacio sin control y sin dominio específico de los países secantes en esta zona fallida del continente africano. El secuestro de súbditos occidentales, entre ellos españoles aún cautivos, da evidencia de sus acciones contra occidente.

España desarrolla actualmente dos esfuerzos fundamentales en materia de Defensa: el multilateral con sus aliados en la OTAN y socios en la UE, y otro individual, o en solitario, que se llevaría a cabo en aquellos escenarios en los que no pueda aplicarse la defensa colectiva. Hubiera sido muy interesante y útil estratégicamente que la OTAN cubriera el escenario en solitario, es decir, una acción hostil sobre los territorios españoles del norte de África, como lo consiguiera Francia con Argelia en la época inicial de su participación en la Alianza; con ello Marruecos, u otro posible autor de acciones hostiles, no solo estaría frente a España en cualquier amenaza sobre los citados territorios, sino ante toda la comunidad atlántica. Sin embargo esto no es posible como se ha indicado anteriormente.

En el caso de la UE, aunque sea un mecanismo poco engrasado dada la prevalencia de estas funciones por parte de la OTAN, la Defensa Colectiva sí que parece que pudiera aplicarse, a través de las cláusulas del artículo V del Tratado de Bruselas Modificado que regula la pertenencia a la UEO, organización sin existencia real pero cuyo Tratado está todavía vigente, sin que ninguna instancia europea se haya atrevido a proponer su supresión ya que el citado articulado es más coactivo, a la hora de asistencia mutua entre países en caso de ataque a uno de los miembros, que el propio Tratado de Washington. Sin embargo, parece poco realista que fuera aplicable al caso que nos ocupa, sobre todo teniendo en cuenta los antecedentes del «caso Perejil» y la actuación de Francia en aquel conflicto, actor privilegiado, y con privilegios, en las relaciones con Marruecos.

En el ámbito de la Defensa, y ante actitudes belicosas de Marruecos con respecto a las plazas y territorios de soberanía española, cobraría toda su importancia el escenario de defensa en solitario, para el que las Fuerzas Armadas deberán estar en condiciones de asegurar la integridad del Territorio Nacional, como indica el mandato constitucional, en las condiciones de ejecución previstas en la norma suprema. Para ello se utilizarían las acciones estratégicas correspondientes, presencia previa, disuasión y respuesta, aspectos que precisan disponer de una permanente disponibilidad operativa en los Ejércitos, medios adecuados con la suficiente capacidad disuasiva y decisión de empleo por las autoridades correspondientes, dentro de los planes previstos.

En cualquier caso el escenario en solitario tiene la consecuencia inmediata de que la preparación de las Fuerzas Armadas , y sobre todo los principios que animan su posible intervención en aquel, deben ser diferentes a los que hoy por hoy fundamentan su participación en operaciones no bélicas, caracterizada por la imparcialidad y la contención en el uso de la fuerza, conforme al mandato autorizado para la operación de apoyo a la paz, cooperación en la lucha contra el terrorismo internacional y lucha contra la piratería, etc.; la actitud tendrá que ser muy otra, al jugarse en la partida la integridad del Territorio Nacional.

La nueva OTAN que se perfila a través de la revisión que ha supuesto la reflexión sobre su Concepto Estratégico 2010 parece que consolida la visión de actuación fuera de zona del anterior concepto de 1999, visión que le ha llevado a actuar en Afganistán para defender las democracias occidentales contra el terrorismo de carácter transnacional en esta última década y vincular a Pakistán en la misma estrategia. Si se siguen las reflexiones que han presidido la preparación de la base estratégica para el nuevo concepto y la expresión de las sensibilidades nacionales, la OTAN en 2010 puede dar paso a una nueva etapa en que su actuación no tenga coordenadas prefijadas de tal forma que, como se indicara en anteriores análisis, «no debe ignorar los retos que se aprecian en su horizonte estratégico ni las amenazas que trasciendan a la anticuada zona de responsabilidad».
En este sentido, la actuación «a distancia estratégica» se puede quedar corta en la futura concepción de los comunes intereses de seguridad de la OTAN y ser sustituida por una concepción más pragmática, que ya no solo no tenga en cuenta los límites de la Alianza sino que atienda a las nuevas amenazas y a los orígenes de las mismas como referencias más significativas. Se trata, por tanto, de la extensión de la seguridad ante la rigidez de la defensa y de la consagración del artículo IV al nivel globalizado que merece el mundo de hoy.

En este marco, y ante el nuevo Concepto Estratégico de la OTAN, el área estratégica del estrecho de Gibraltar, con el Sahel inestabilizado por el terrorismo islamista como retaguardia inmediata y con viejos contenciosos territoriales como los nuestros, no puede ser ajena a la Alianza.

Ricardo Martinez Isidoro, General de División.

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