España y Asia en el siglo XXI

Dicen los chinos que hay tres cosas que no vuelven: la flecha lanzada, la palabra no dicha y la oportunidad perdida. La Exposición Universal de Shanghai, que acabo de visitar acompañando al presidente del Gobierno en el Día de España, supone la mayor y mejor oportunidad de potenciar nuestra imagen en un país, China, potencia global de este siglo XXI y en una región, la cuenca del Pacífico, en la que nuestros principales aliados en Europa son nuestros más directos competidores. El Gobierno así lo ha entendido y, para ello, ha querido presentar con nuestro pabellón lo mejor que nuestro país puede mostrar al mundo.

Se trata de la mayor inversión en imagen de nuestra Historia, y sus resultados únicamente podrán evaluarse a medio plazo. Pero vivimos tiempos de crisis, y por ello resulta más necesario que nunca abrirse al exterior, invertir en la imagen España. Porque generar empleo en nuestro país únicamente podrá conseguirse apoyando a nuestras empresas para que exporten más. Porque nuestro crecimiento económico depende de nuestra capacidad de atraer inversiones. Porque debemos potenciar en Asia, y en particular en China, nuestros sectores más punteros: energías renovables, telecomunicaciones, infraestructuras, ingeniería civil. Y no sólo eso, también nuestra lengua, nuestra cultura, la gastronomía, la moda, el turismo, la arquitectura.

Llevamos años construyendo un nuevo eje en el esquema general de prioridades en nuestra política exterior centrado en la región de Asia y el Pacífico, la zona más vibrante, más viva y de mayor proyección política, cultural y económica del planeta. Desde el inicio de la democracia, no ha habido tantos contactos a alto nivel en la zona como en estas dos últimas legislaturas. Como ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, éste ha sido mi sexto viaje a China y mi cuarto a Japón. Desde hace más de seis años he impulsado personalmente una estrategia que se condensa en dos Planes de Acción que responden a una exigencia de nuestra sociedad.

Y este nuevo eje pasa inevitablemente por China. Y a través de China, al resto del continente. Nuestra participación en ese colosal esfuerzo colectivo que es la Expo de Shanghai constituye una nueva vuelta de tuerca, tras el Año de España en China en 2007, para demostrar con hechos una voluntad política coherente con las magníficas relaciones estratégicas que ya existen, pero que demandan llenarse de contenido día a día.

Ya decía el presidente del Gobierno al anunciar la elaboración de nuestro tercer Plan Asia que el continente es un gran centro de gravedad político y económico, y como tal, deberá constituir uno de los ejes prioritarios de nuestra política exterior. España no puede permitirse el lujo de permanecer ajena a estos acontecimientos que marcarán nuestro propio crecimiento económico e influirán en nuestro propio futuro como país.

Yo mismo he escrito que esta vasta región marcará el devenir histórico del siglo XXI. Hay muchos que identifican el inicio político del siglo con el derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York en 2001. Hay otros que ya han señalado el 2008, el del derrumbe del sistema financiero internacional. Yo prefiero decantarme no por el estruendo de un derrumbe sino por el sonido armónico de unos tambores, los de la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín, como el acontecimiento que marcará el comienzo del siglo.

Asia se presenta como una opción imbatible en cada uno de los ámbitos en que pongamos la vista: en tiempos de crisis económica, queremos más exportación para aumentar la capacidad productiva y crear empleo en nuestro país. En tiempos de incomprensión entre culturas, más diálogo entre civilizaciones. En tiempos de terrorismo indiscriminado, queremos colaborar con Asia y el Pacífico para erradicar esta execrable lacra que a estos países también golpea de lleno como se demostró en los terribles ataques de Bombay. En países que están acometiendo una transición política, el modelo español se ofrece como una alternativa válida a seguir y que podemos exportar con legítimo orgullo.

En definitiva, Asia y el Pacífico es un objetivo necesariamente prioritario en nuestra acción exterior porque en esa zona del mundo se juegan los desafíos que marcarán la agenda global de los próximos años. El Gobierno así lo ha entendido, y el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación lleva años poniéndolo en práctica. Hemos aumentado un 40% nuestra presencia exterior en la zona, hemos multiplicado por siete los Centros Cervantes en Asia y Pacífico, hemos recibido a prácticamente todos los jefes de Estado o de Gobierno y ministros de Asuntos Exteriores de esa área. Yo mismo he viajado oficialmente a 24 países asiáticos. Hemos hecho mucho, aunque queda mucho por hacer. Por eso, iniciativas como la desplegada por España en esta Expo son indispensables.

No perderemos esa oportunidad.

Miguel Ángel Moratinos es ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación.

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