España y la Alianza del Pacífico

En la cumbre de la Alianza del Pacífico que tuvo lugar en Cali en junio pasado estuvieron presentes 52 Estados Observadores procedentes de todo el mundo. El interés que suscita la Alianza del Pacífico no es fruto de la casualidad. Con su enfoque favorable a la apertura comercial, la seguridad jurídica, y la estabilidad macroeconómica, la Alianza del Pacífico ha sido desde su creación en 2011 una historia de éxito. En estos años ha alcanzado ya logros importantes: un desarme arancelario del 92%, la creación de un mercado integrado de valores (MILA), la eliminación de los visados (y el consiguiente incremento del turismo) entre los países que la integran, o la creación de un programa de becas inspirado en el Erasmus europeo que ha permitido a más de 1.400 estudiantes estudiar en Universidades de otros Estados miembros.

Los cuatro países que la componen —México, Colombia, Perú y Chile— están creciendo en conjunto a un ritmo cercano al 3%, bastante más que sus vecinos. Los cuatro suponen el 40% del PIB latinoamericano, pero generan el 50% del comercio y de la inversión extranjera.

Todo ello explica que la Alianza del Pacífico esté ayudando a transformar de manera muy positiva la imagen de América Latina ante el resto del mundo. La Alianza ha preferido hablar poco y actuar mucho. Cuando se enfrenta con obstáculos importantes no trata de ignorarlos, sino de buscar soluciones.

Por otra parte, tras el vacío dejado por la salida de EE UU del TPP, la Alianza se ha movilizado para firmar acuerdos comerciales con terceros Estados, inicialmente en el área del Pacífico. Con ese objeto se creó en la Cumbre de Cali la figura de los Estados asociados.

La Alianza del Pacífico está teniendo un impacto muy positivo en toda América Latina. En Mercosur existe un creciente interés por un acercamiento mutuo. No es un asunto sencillo porque se trata de dos organizaciones muy diferentes, con trayectorias hasta ahora muy distintas. Es difícil pensar que la Alianza vaya a renunciar a un modelo de integración que le ha funcionado bien.

España siempre ha apoyado a la Alianza, y fue el primer Estado observador de la misma en Europa. Tiene unos lazos históricos, políticos y económicos muy fuertes con sus cuatro Estados miembros, y está colaborando con ella en campos muy diferentes.

En temas de Investigación, Ciencia y Tecnología, en 2016 se reunieron en Lima 9 directores de Centros de Excelencia Severo Ochoa con 29 directores de Centros de Investigación de la Alianza del Pacífico. Hemos acordado un Plan de Acción con la Alianza en esta materia, así como un programa de becas para que investigadores de sus cuatro Estados miembros puedan realizar su doctorado en los Centros de Excelencia Severo Ochoa y María de Maeztu españoles.

Estamos trabajando igualmente con el sector privado, ya que la colaboración público-privada es uno de los signos distintivos de la Alianza del Pacífico.

En Nueva York, donde me encuentro trabajando durante la Semana Ministerial, acabo de firmar junto a los ministros de cuatro Estados miembros una Declaración Conjunta que expresa la estrecha vinculación política existente entre España y la Alianza.

Hay otros proyectos en marcha. Somos conscientes de que la Alianza del Pacífico tiene unos ejes de relación estratégica natural con el resto de América Latina, con la región Asia-Pacífico, y con Estados Unidos. A ellos queremos añadir un cuarto eje, el eje europeo. La UE es la primera potencia comercial del mundo y tiene una fuerte presencia inversora en los países de la Alianza. Ésta, además, se ha construido sobre valores similares a los de la UE. Frente a las tendencias proteccionistas surgidas recientemente, la UE y la Alianza del Pacífico pueden enviar conjuntamente el mensaje de que esos valores siguen siendo válidos a nivel global. Ello además reforzaría la relación económica y política entre Europa y América Latina. Con ese fin estamos trabajando para organizar un encuentro entre los ministros europeos y sus colegas de la Alianza. Ambas partes tienen mucho que ganar en este acercamiento, que es un objetivo permanente de España. Porque todo lo que es bueno para América Latina y para Europa es bueno también para España.

Alfonso Dastis es ministro de Exteriores.

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