Espectáculo de primera fila

La era digital ha transformado radicalmente el mundo de ocio y hoy se tiene acceso a multitud de entretenimientos diversos utilizando tan sólo el dedo índice. Pero junto a esa ingente oferta, los nuevos tiempos han evidenciado otro hecho: la incontestable vigencia del espectáculo en directo. Todas las artes escénicas, pero muy especialmente aquellas dirigidas a un público familiar, viven un buen momento con una mayor afluencia de espectadores. Las emociones que despierta un actor interpretando un personaje en un escenario siguen teniendo más intensidad que las que pueda estimular una sofisticada pantalla. En nuestro país, el llamado teatro infantil ha sido relegado históricamente a una segunda fila, pero esta etiqueta ha caído gracias a la buena calidad que han demostrado estos espectáculos en los últimos tiempos, así como a la apertura de tipo de público. Ya no disfrutan sólo los niños: los padres y otros adultos pueden sumarse con placer como espectadores. De hecho, la frontera de la edad ya fue borrada por el cine con el éxito de películas como Shrek.Mayor público y más calidad. Si antaño parecía que valía casi todo y cualquiera se atrevía a crear un espectáculo infantil, hoy cualquier espectáculo debe tener un mínimo de calidad para niños y para padres. En consecuencia, en el sector se aprecia más la definición de “teatro familiar” o “teatro para todos los públicos” que la de teatro infantil.

Ciertamente, este sector pasa por un buen momento creativo y productivo. En general, los espectáculos son de prestigio con un elevado nivel artístico e interpretativo, donde se cuida la puesta en escena. Asimismo presenta una gran diversidad de géneros, desde los musicales hasta los de texto, danza, marionetas, circo, clown, etcétera. Las causas habría que buscarlas en la constancia y profesionalización de las compañías, en el mantenimiento, desde hace años, de circuitos estables de programación familiar por parte de asociaciones (como Agrupació Rialles y Fundació Xarxa), en las campañas de teatro escolares, en el arraigo de los estudios reglados de artes escénicas, y, finalmente, en el apoyo que está dando la Administración catalana a la producción y distribución. Todo ello propicia la consolidación de un microsector económico convertido en una industria cultural a pequeña escala donde intervienen productores, distribuidores y exhibidores. Como muestra del buen momento que vive el sector, baste comentar que unos 500 programadores acudieron a la pasada edición de La Mostra-Feria de Teatro Infantil y Juvenil celebrada en Igualada.

Como apunta el libro blanco de las Indústries Culturals de Catalunya, las artes escénicas tienen una fuerte tradición en nuestro país, pero desde el punto de vista industrial o mercantil presentan debilidades; en parte, consecuencia de su carácter artesanal. La relación entre cultura y mercado suele ser compleja. Encontrar el equilibrio entre la dimensión artística y la económica no es tarea fácil.

Se trata ésta de una actividad repetible pero no reproducible. Este cariz artesanal de los espectáculos condena, con frecuencia, a las compañías a un estado de cuentas deficitario y se tiende a necesitar la intervención de las administraciones públicas. En Catalunya esta intervención ha permitido la profesionalización de las compañías de teatro familiar – que se han convertido en pequeñas empresas-y ha insuflado perspectivas de futuro pues hoy pueden contar con más recursos cuando afrontan un nuevo proyecto. Pero si el campo de la producción se ha normalizado no lo ha hecho el terreno de la exhibición. Paradójicamente, en Catalunya los cachés (y los precios de las entradas) de los espectáculos familiares son más bajos que los de los adultos, aunque no existan diferencias en cuanto a calidad y profesionalidad. En general, esto obliga a las compañías a adaptarse a la realidad del mercado creando producciones de pequeño formato, tratando de conjugar la libertad creativa con la viabilidad económica. Aun así, existen compañías que arriesgan con producciones de mayor formato. En este aspecto cabe destacar que las administraciones catalanas han creado circuitos de exhibición en cooperación con los ayuntamientos, lo que debe permitir la convivencia en el mercado de producciones de diversos formatos e impulsar el teatro para todos los públicos.

Dejando a un lado los positivos efectos sociales y culturales, la potencialidad del teatro familiar queda patente por el gran interés que despierta en la sociedad. Soplan vientos a favor de este sector. Los agentes implicados (compañías, programadores, asociaciones y administración) aúnan esfuerzos en vertebrar un mercado cultural catalán con espectáculos de calidad para todos los públicos. Vamos por el buen camino, pero no nos engañemos, queda mucho trabajo por hacer. Y que no quepa duda alguna: nuestro teatro familiar es teatro de primera fila.

Òscar Balcells i Solé, gerente de La Mostra-Fira de Teatre Infantil i Juvenil.