Esperando el Apocalipsis

El anuncio del fin del mundo, el milenarismo, es una constante del espíritu humano; no hay civilización, ni época, en que esta perspectiva no haya inflamado los espíritus. Solo cambian los escenarios: felices según algunos ideólogos, místicos o catastróficos, según otros. Karl Marx, un milenarista laico, imaginaba un fin del mundo en el que los hombres, todos iguales, vivirían en una abundancia perpetua. Los milenaristas místicos, de cualquier religión, tienden más a ciertas formas del Apocalipsis y a la desaparición de la humanidad. También es común en todas estas profecías la idea de que el fin del mundo irá precedido por un conflicto mortal entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal; la lucha de clases según Marx, la confrontación entre Gog y Magog según algunos pensadores cismáticos cristianos. A los mormones, por ejemplo, sus obispos les obligan a almacenar en sus casas suficiente comida y agua para sobrevivir a la batalla final, pues ellos serán los únicos supervivientes. Estas ideas están tan extendidas que se diría que están inscritas en las vueltas y revueltas de nuestro cerebro; ya no son ideologías o creencias religiosas, sino ADN.

Es obligado recordarlo debido al exceso de comentarios que se suceden ahora ante cualquier desastre natural, inundaciones o incendio espectacular. En este momento, Australia está ardiendo, ayer fue la Amazonia y antes de ayer California. Observen que nadie dice: «Los incendios asolan algunas regiones de Brasil o de la Amazonia», lo que sería más exacto. Evidentemente, es más espectacular y milenarista escribir «Australia se quema»; consciente o inconscientemente, este énfasis en el lenguaje traduce el pensamiento apocalíptico.

Esperando el ApocalipsisComo nuestra época es bastante atea, ya no se incrimina al diablo, sino al cambio climático, que es como el aliento ardiente de Lucifer que iba a asolar el planeta con su hálito. ¿Quién es este Lucifer? Es el Progreso, la Modernidad y, sobre todo, el capitalismo lo que destruye la Santa Naturaleza. En realidad, más allá de los hechizos de Santa Greta Thunberg y sus discípulos Verde oscuro, nadie sabe cómo contener a este Lucifer.

Las emisiones de gases de efecto invernadero, dióxido de carbono y metano, que se supone que contribuyen al calentamiento, están aumentando en todo el mundo, especialmente en los países de rápido crecimiento, como India y China. Entre la pobreza y el clima, los indios y los chinos han elegido la prosperidad. En Asia, Lucifer, suponiendo que exista, tendrá que esperar su turno.

Supongamos que no existe y que ni Australia ni la Amazonia se queman. ¡Ojo! No niego que los bosques estén ardiendo, pero hay explicaciones completamente racionales que no tienen nada que ver con el Apocalipsis ni el calentamiento global. En la Amazonia, tradicionalmente, los campesinos pobres practican el cultivo y la ganadería bovina mediante un sistema de tala y quema. ¿Deberíamos condenarlos a seguir siendo pobres para preservar el 0,01 por ciento de bosque que se quema cada año? ¿O deberíamos admitir que el bosque está creciendo de nuevo? ¿O favorecer una explotación sostenible del bosque como la que practican las grandes explotaciones capitalistas de madera amazónica? He aquí varias hipótesis concretas que tienen el defecto de no ser apocalípticas, sino realistas.

Del mismo modo, Australia no arde como consecuencia del calentamiento global. Allí los incendios obedecen a causas simples, que se pueden explicar sin recurrir a teorías místicas o pseudocientíficas. El hecho es que, en Australia, como en California y en Provenza, en Francia, se construyen nuevas casas en medio del bosque, en zonas tradicionalmente propensas a incendios y que, hasta hace poco, nunca habían estado habitadas.

En estas zonas antes deshabitadas se realizaban trabajos de mantenimiento para evitar la propagación de los incendios en la maleza y en el bosque. Los agricultores que las explotaban, que conocían los riesgos, dividían la maleza con cortafuegos y aclaraban el sotobosque para que el fuego no pudiera extenderse. Estas prácticas antiguas, muy anteriores al cambio climático, eran conocidas y practicadas en todo el perímetro del Mediterráneo antes de que este, a su vez, se volviera edificable. Esperamos en el futuro algún titular espectacular del tipo de «El Mediterráneo se quema debido al calentamiento global».

El milenarismo es preocupante porque prohíbe pensar lo correcto e intervenir concretamente donde sería indispensable intervenir. La santificación de la Naturaleza y la demonización del progreso, una religión para los ricos, perjudica a los más pobres. Un ecologista sueco tiene los medios para cultivar verduras en la terraza de su casa de veraneo y se puede permitir el lujo de ser vegetariano mientras espera el fin del mundo; un campesino amazónico no tiene esa opción. Lo más insoportable de estos milenaristas a la moda es su pretensión de hablar en nombre de los pobres; el marxismo, por cierto, no funciona de forma diferente.

Guy Sorman

1 comentario


  1. Ibas muy bien hasta que atacaste al Capitalismo. Pero se te perdona por las realidades que expones. Como historiadora y religiosa aprecio tu análisis.

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