Esperpento en Argentina

Alguna gente supone que los argentinos adolecen de un sentimiento de orgullo nacional que linda con la extrema vanidad, sobre todo los porteños –gentilicio con el que se conoce a los oriundos de Buenos Aires–. Son típicas las farfollas referentes a que el Río de la Plata –sobre el que se recuesta dicha ciudad– es el más ancho del mundo, al igual que la arteria más amplia es la 9 de Julio, que atraviesa el centro urbano de sur a norte. Pero la avenida más larga también es porteña, y se denomina Rivadavia. Además, se presume que las vacas argentinas dan la mejor carne, por no hablar del fútbol, que ha proporcionado próceres del balompié como Di Stéfano, Maradona, y ahora Messi, que no es oriundo de Buenos Aires sino de Rosario. No importa, es argentino, al igual que Máxima Zorreguieta, futura reina consorte de Holanda, y aunque sea indemostrable (y nada probable) que Dios sea argentino –como proclaman los más exagerados y fervientes–, ahora al menos sí lo es el Papa de Roma, su representante en la tierra. Por si esto fuese poco, los argentinos, además de haber inventado el dulce de leche, ahora también pueden envanecerse por tener una presidenta que sabe de todo. Sí, dirán ustedes: como la mayoría de sus connacionales. Sin embargo, esta mujer tal vez sepa más, mucho más que sus compatriotas, dado que al parecer no sólo entiende de política y economía: esta señora no se amilana a la hora de opinar en materia de nutrición, sexología o medicina. En un acto en la Casa de Gobierno ante representantes de la Asociación de Criadores de Cerdo, aseguró que la ingesta de cochino mejora la actividad sexual. «Es mucho más gratificante comerse un cerdito a la parrilla que tomar Viagra». Para ilustrar el dictamen dietético-sexual, refirió la siguiente anécdota relacionada con su intimidad: «El anterior fin de semana, cuando estuvimos en El Calafate, nos comimos en lugar de corderito un cerdito a la parrilla riquísimo. No sólo me comí la carne, sino también el cuerito crocante hecho galletita. ¡Y anduvo todo muy bien el fin de semana!» Valle Inclán no lo hubiese satirizado mejor.

Además de sus amplios conocimientos sobre nutrición y sexo, la señora Cristina Fernández de Kirchner al parecer sabe mucho sobre diabetes y su relación con el estado de la economía de quienes padecen tal enfermedad, ya que en otro discurso, también pronunciado en la Casa de Gobierno, esta vez en el marco del Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, soltó la siguiente frase: «La diabetes es una enfermedad de gente de alto poder adquisitivo porque son sedentarios y comen mucho». (¿Divinas palabras?) Obviando que los dos tipos de diabetes predominantes están provocados en mayor o menor medida por un fuerte factor hereditario, la presidenta de Argentina insistió: «Hay 80 millones de diabéticos en el mundo que además tienen alto poder adquisitivo». Un contestatario de las redes sociales comentó: «Ahora entendí, la presidente no nos deja progresar para evitarnos la diabetes».

Por otro lado, no todos los argentinos presumen de saber de todo. Acaso la mayoría no se encuentra afectada de tan enorme soberbia sin fundamento. Están los que saben de verdad, los sabios auténticos. Argentina es una nación que ha dado prominentes figuras en los campos de la ciencia, el arte, la música y la literatura. El doctor Bernardo Houssay (1887-1971) recibió el Premio Nobel de Medicina en 1947 por sus descubrimientos sobre el papel desempeñado por las hormonas pituitarias en la regulación del azúcar en la sangre. Otro médico: Luis Federico Leloir (1906-1987), también fue galardonado con el Premio Nobel (en 1970). Su investigación más relevante se centra en los nucleótidos del azúcar y el rol que cumplen en la fabricación de los hidratos de carbono. Y otro más, el doctor César Milstein (1927-2002), Premio Nobel de Medicina de 1984 por su trabajo sobre anticuerpos monoclonales. Un médico también notable fue el doctor René Favaloro (1923-2000), cardiocirujano reconocido por ser quien realizó el primer bypass en el mundo.

Existe una creencia referida a que los argentinos son muy adeptos al psicoanálisis; algo de eso hay; no obstante, habría que acotar que las terapias freudianas en gran medida se importaron desde España, y fue a través del bilbaíno Ángel Garma (1904-1993) y la doctora Marie Langer (austríaca de origen), exiliados después de la Guerra Civil. Sin embargo, desde Argentina el psicoanálisis irradió sobre la Península en su vertiente lacaniana, sobre todo gracias a los argentinos Óscar Masotta y Germán García.

En cuanto al protagonismo de argentinos y argentinas en otros campos, si recorremos el panorama musical tenemos a la eximia pianista Marta Argerich y al famoso director (y también pianista) Daniel Barenboim, además de compositores como Alberto Ginastera o el joven Mauricio Annunziata. Por otro lado está la prestigiosa Orquesta Sinfónica Nacional y ese templo de la ópera que es el Teatro Colón, que no todo es tango y folclore en el panorama musical argentino. Aunque también (Gardel, Piazzolla, Cafrune).

En las artes plásticas han logrado fama internacional pintores como Berni; Basaldúa; Raquel Forner; Pettoruti; Spilimbergo; Victorica; Leopoldo Presas; Soldi; Norah Borges (hermana del escritor); Castagnino; Urruchúa o León Ferrari, quien recibiera el León de Oro en la Bienal de Venecia 2007 y es considerado uno de los cinco pintores vivos más importantes del mundo.

Tal vez sea en el campo de la literatura donde más descuella la cultura argentina, con nombres como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Ernesto Sábato; Bioy Casares; Marco Denevi; Mujica Lainez; Alejandra Pizarnik; Manuel Puig; María Elena Walsh, y tantos otros. La literatura es la otra pasión argentina que mantiene abiertas las librerías de la Avenida Corrientes hasta las 3.00 horas.

Por todo esto resulta difícil comprender que uno de los más altos funcionarios del Gobierno, un tal Aníbal Fernández, que fuera senador, jefe del gabinete presidencial, ministro de Interior y posteriormente de Justicia, con ocasión de la Feria del Libro celebrada en Buenos Aires en 2011, llegara a sostener que el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa y el filósofo Fernando Savater (invitados a la feria), dicen estupideces: «Puesto que no tienen por qué criticar al peronismo al igual que yo no critico al régimen de Franco». Igualmente es desconcertante que un ministro de Comercio (Guillermo Moreno), durante una reunión con un grupo industrial que se opone a ser expropiado, se ponga a repartir guantes de boxeo por si sus oponentes buscan pelea.

Pues sí, la Argentina actual semeja una representación esperpéntica, como las de Valle Inclán (¿Tirano Banderas?). Por eso cabe preguntarse si los pueblos pueden ser mejores que los gobiernos que soportan. Tal vez pueda decirse que muchas veces los pueblos tienen gobiernos que no se merecen.

Lázaro Covadlo es escritor y periodista argentino; su última novela se titula Taimir (RBA).

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