¿Está incompleto el crecimiento sin progreso social?

La geografía de la pobreza y la privación social ha cambiado dramáticamente en las dos últimas décadas. Más del 70% de los pobres en el mundo ahora viven en países de ingresos medios. Este patrón, que probablemente continuará en la siguiente década, plantea preguntas importantes. ¿El desarrollo humano y la reducción de la pobreza han ido a la par con el crecimiento del ingreso? ¿Está incompleto el crecimiento si no hay progreso social e inclusión de géneros?

Consideremos a Asia del Sur donde la tasa de pobreza cayó del 60% en 1981 al 40% en 2005 –no lo suficientemente rápido, dado el crecimiento de la población, para disminuir el número total de pobres. De hecho, la cifra de personas pobres (definidas como las que viven con menos de 1.25 dólares per cápita al día según la paridad del poder adquisitivo de 2005) en Asia del Sur incrementó de 549 millones en 1981 a 595 millones en 2005, y de 420 millones a 455 millones en la India, donde viven casi tres cuartas partes de los pobres de la región.

En otras palabras, si bien las economías de Asia del Sur han tenido resultados en la reducción de la pobreza, el simple hecho de igualar las tendencias globales puede no ser suficiente para la región que concentra el mayor número de pobres.

En comparación con China, la India ha tenido un crecimiento del ingreso más lento, que en parte explica su tasa de pobreza más alta. Sin embargo, la tasa de pobreza de un país también depende del grado de desigualdad del ingreso –cuya reducción hace que el crecimiento sea más favorable a los pobres- y la desigualdad en China de hecho ha aumentado más rápidamente que en la India. Entonces, una corriente de progreso verdaderamente puede beneficiar a todos, y el crecimiento puede vencer a la desigualdad en lo que se refiere a la reducción de la pobreza.

Además, el crecimiento del ingreso ha contribuido a mejorar la educación. La tasa de alfabetización de los adultos en Asia del Sur va a la par con las normas globales. Sin embargo, los resultados en educación están rezagados en lo que se refiere a los niveles secundario y terciario, que se van haciendo cada vez más necesarias para prosperar en el mundo actual.

Tampoco los indicadores de salud han avanzado a la par que el aumento del ingreso. Asia del Sur tiene las tasas de desnutrición más altas del mundo y el mayor número de niños desnutridos, que tienen una tasa de mortalidad más elevada, un menor desempeño cognitivo y una mayor probabilidad de abandonar la escuela. Más de 200,000 personas en la India mueren anualmente de malaria, principalmente en las regiones pobres.

Además, mientras mucha de la atención internacional de la salud actual se concentra en el África subsahariana, la India junto con Bangladesh, Bután, Nepal, Pakistán y Sri Lanka, sufren en la misma medida por las enfermedades tropicales no atendidas. En efecto, tan solo en la India se presenta una tercera parte de las infecciones intestinales mundiales causadas por parásitos y más de la mitad de los casos totales de elefantiasis, lepra y leishmaniosis.

En los últimos 50 años, las formas más sobresalientes de desigualdad, incluyendo la discriminación contra las mujeres en el acceso a la educación, la salud, el empleo, la participación política y los recursos domésticos se han revertido en gran medida. No obstante, en Asia del Sur persisten grandes desigualdades de género, más que en otros países de bajos ingresos.

Aunque la igualdad de género en la educación primaria ha aumentado, la tasa de deserción es mayor en el caso de las niñas que en el de los niños. La tradición de la dote presiona a las familias de las niñas a que las casen pronto, lo que da lugar a una preferencia por los niños – y por lo tanto a abortos de fetos femeninos. La legislación, los tribunales y los mecanismos de aplicación de las leyes no han logrado reducir los altos índices de violencia contra las mujeres. La tasa de mortalidad de las niñas es mucho mayor que la de los niños.

Estos indicadores son sintomáticos de un patrón general de discriminación. Las expectativas de que cuando las niñas crezcan no harán mucho más que servir a sus maridos reducen los incentivos de los padres para invertir en la educación de sus hijas. Las mujeres sin educación tienen entonces pocas alternativas y las expectativas se cumplen. De ese modo, las mujeres quedan atrapadas en un círculo continuo de impotencia que tiene importantes efectos negativos a largo plazo. En 2008, la participación de las mujeres en la fuerza laboral de la India era del 35% en promedio, mientras que en los países de bajos ingresos era del 58%. Además, una gran parte de las mujeres de la región trabaja en el sector informal.

La paradoja de Asia del Sur es que el crecimiento ha sido fundamental para reducir la pobreza y mejorar las condiciones sociales, pero la tasa de pobreza y las condiciones sociales no han mejorado con la rapidez suficiente para reducir el número total de personas que viven en la miseria. Como resultado, los encargados del diseño de políticas deben empezar a considerar las intervenciones directas de política para acelerar el progreso social, con énfasis especial en el desarrollo humano y la inclusión de género.

En el mundo incierto de hoy, los desórdenes sociales, la desigualdad de género y los conflictos en aumento han puesto a prueba la capacidad de los países para crear empleos, promover la igualdad de género, capacitar a los jóvenes y diseñar programas efectivos de protección social. Afrontar esos desafíos requiere entender con claridad cómo se pueden ampliar las oportunidades económicas para asegurar una reducción más rápida de la pobreza, promover el desarrollo humano y estimular el crecimiento con inclusión de género.

Una mayor igualdad de género puede contribuir al crecimiento económico y al desarrollo y las iniciativas importantes orientadas a aumentar las oportunidades para las mujeres pueden transformar a la sociedad. Si hace una generación más niñas hubieran asistido a la escuela, se habrían podido evitar millones de muertes infantiles cada año y decenas de millones de familias habrían tenido mejores condiciones de educación y salud y habrían sido más felices.

Nunca se debe pensar que un aumento de las desigualdades sociales es el precio inevitable del crecimiento acelerado, y no se debe considerar que las condiciones más igualitarias en materia de educación, salud y género son reformas de “segunda etapa”. Una estrategia de desarrollo que promueva primero el crecimiento y hasta después se ocupe de la miseria no es sostenible. Las políticas orientadas a lograr una redistribución más eficiente no tienen por qué obstaculizar el crecimiento en sí.

Por Ejaz Ghani, asesor económico de gestión económica y reducción de la pobreza en Asia del Sur del Banco Mundial y editor de The Poor Half Billion in South Asia – What is Holding Back Lagging Regions? Traducción de Kena Nequiz.

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