Estado de anestesia

M√°s que en las cifras de fallecimientos y de contagios, la gran diferencia entre el impacto de la pandemia en Espa√Īa y en otras naciones del entorno europeo consiste en que a la crisis sanitaria y econ√≥mica se ha unido aqu√≠ un intenso debate sobre las libertades p√ļblicas y privadas, derivado de la proclividad del Gobierno a recortarlas aprovechando el marco excepcional del decreto de alarma. Nadie habr√≠a dudado de la conveniencia objetiva de prorrogar las medidas de emergencia de no mediar una amplia corriente de opini√≥n propensa a la sospecha de que el poder las est√° utilizando de forma torticera, como excusa para imponer un r√©gimen provisional de suspensi√≥n de derechos, toque de queda, econom√≠a nacionalizada y limitaci√≥n del control parlamentario y de las cr√≠ticas en redes sociales y prensa. La continua apelaci√≥n de la ret√≥rica oficial a las met√°foras de guerra sugiere que el Ejecutivo plantea el problema del coronavirus como una situaci√≥n que exige de la ciudadan√≠a una renuncia completa a sus garant√≠as constitucionales para someterse al criterio de las autoridades con disciplina ciega. Un modelo incompatible con la pluralidad de una sociedad democr√°tica moderna a la que, bajo el pretexto de una amenaza cierta, se pretende reducir a un estado de lasitud anest√©sica.

Desde esa concepci√≥n del liderazgo como una facultad autocr√°tica, S√°nchez convirti√≥ esta semana la prolongaci√≥n de unas prerrogativas probablemente necesarias en un conflicto pol√≠tico similar a una cuesti√≥n de confianza. Exigi√≥ a la oposici√≥n -excepto a sus propios socios de investidura, cuyo distanciamiento trat√≥ con mano blanda- respaldo incondicional a una deriva cesarista que ni siquiera puede justificar por su eficacia. Su desaf√≠o anul√≥ la discusi√≥n t√©cnica sobre el plan de ¬ędesescalada¬Ľ para centrar la votaci√≥n del Congreso en una suerte de consulta plebiscitaria. Como suele, transform√≥ un asunto de inter√©s p√ļblico en un artefacto de propaganda con el que neutralizar la irritaci√≥n creciente por su gesti√≥n nefasta.

Esta vez, en su af√°n de someter al Parlamento a una situaci√≥n l√≠mite, la estrategia estuvo a punto de estallarle en las manos; el √≥rdago al PP -al que coaccion√≥ culp√°ndolo de los posibles rebrotes epid√©micos por adelantado- provoc√≥ un v√©rtigo que le oblig√≥ a negociar in extremis con el PNV y Ciudadanos. Los medios gubernamentales han destacado la maniobra como un fracaso de Casado, que efectivamente titube√≥ hasta quedar en un papel irrelevante y secundario, pero el desenlace revela hasta qu√© punto la irresponsabilidad de un presidente al que s√≥lo preocupa el ¬ęrelato¬Ľ puede llevar al pa√≠s entero a un aut√©ntico colapso. Sin el quite de Arrimadas, que ha asumido un fuerte riesgo a cambio de reclamar su propio espacio, en vez de mutualizar las culpas s√≥lo habr√≠a conseguido socializar el caos.

M√°s all√°, sin embargo, de esos juegos t√°cticos propios de serie de televisi√≥n -ahora hace furor la francesa ¬ęBaron noir¬Ľ- que tanto gustan a los asesores de La Moncloa, el Gabinete s√≥lo ha conseguido un aplazamiento circunstancial de un aprieto que en quince d√≠as habr√° de afrontar de nuevo salvo que Cs siga prest√°ndose a un acuerdo que, por muchas fantas√≠as que circulen en el Madrid de los mentideros, no ser√° extensible a los presupuestos porque lo impedir√° Podemos. Lo importante, empero no es si S√°nchez podr√° sobrevivir a una o varias votaciones m√°s sobre la vigencia de la alarma sino el uso que est√° haciendo de esta f√≥rmula jur√≠dica como herramienta autoritaria, fabric√°ndose una suerte de corona bonapartista con el art√≠culo 116 de la Carta Magna. Un proceso de populismo disruptivo que no sorprender√≠a en Pablo Iglesias por su manifiesta inspiraci√≥n bolivariana pero que resulta inadmisible en el jefe de un partido te√≥ricamente adscrito a la socialdemocracia.

Sucede que entre ambos coaligados se ha producido una simbiosis dom√©stica fruto del com√ļn prop√≥sito de basar el mandato en el aislamiento de la derecha. Ayer mismo, en su alocuci√≥n -al fin razonablemente breve- de los s√°bados, el presidente reprodujo en t√©rminos literales buena parte del discurso sobre el ¬ęescudo social¬Ľ de Iglesias, quiz√° para despejar sus celos y convencerlo de que el devaneo con Arrimadas no fue m√°s que una ocasional pirueta para escapar de una coyuntura adversa. Su bloque de apoyo sigue siendo el mismo, como demuestra la reciente insistencia en que la irrupci√≥n del virus no va a alterar sus proyectos ni su agenda; esta misma semana ha encargado a la reci√©n restablecida Carmen Calvo retomar las conversaciones de acercamiento a Esquerra. Y no ha habido desde que se implant√≥ la alerta una decisi√≥n del Consejo de Ministros en la que el caudillo comunista no haya dejado notar su influencia.

S√°nchez coincide con su socio en la idea de usar (y abusar) el marco de excepci√≥n como blindaje del Gobierno. As√≠, ha empleado √≥rdenes ministeriales para mantener opacos numerosos contratos de equipamiento m√©dico, para declarar secreta -con la intenci√≥n de prevenir demandas- la composici√≥n del supuesto comit√© de expertos, para anular las competencias auton√≥micas, para modificar de tapadillo ciertas normas de empadronamiento o, m√°s recientemente, para ampliar el organigrama de varios ministerios con el nombramiento de una pl√©yade de altos cargos procedentes en su mayor√≠a del entorno de Podemos. Esta t√©cnica de abuso fullero es por completo ajena al esp√≠ritu y la letra de un procedimiento legal dise√Īado para casos de cat√°strofe o riesgo colectivo extremo, y discurre en paralelo a las iniciativas de restricci√≥n de la libertad de expresi√≥n o de manifestaci√≥n y otros derechos.

El problema consiste, pues, en la extralimitación unilateral que subvierte o neutraliza los mecanismos institucionales de control del Ejecutivo y malversa los poderes especiales para situar su acción ordinaria en un limbo camuflado en la razonable necesidad de un mando efectivo -aunque no lo haya sido- en la lucha contra el virus. El debate no está, pues, en el plano sanitario, ni siquiera en el económico, que tendrá su momento, sino en el estrictamente político. En el apremio de devolver la democracia a su normal ejercicio y evitar que el oportunismo de este proyecto caudillista transforme el estado de alarma en el instrumento preciso para desembocar en un Estado cautivo.

Ignacio Camacho

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