Estados Unidos y su guerra contra el terrorismo cuatro años después: un repaso

Robert Matthews, analista del Centro de Investigación para la Paz (CIP-FUHEM, DIC/05).

INTRODUCCIÓN:

Gracias a la apocalíptica retórica del terror de la Administración Bush y a la insistencia casi diaria sobre la cuestión, la opinión pública estadounidense está saturada de noticias y avisos sobre el terrorismo. En el discurso sobre el Estado de la Unión que dirigió a la nación el 2 de febrero de 2005, el presidente empleó las palabras "terror" o "terroristas" veintisiete veces; la "libertad", que la Administración presenta como el anverso del terrorismo —como si el terrorismo fuera un concepto ideológico— fue mencionada veinte veces. Este informe está dedicado a la cuestión del terrorismo internacional y, concretamente, a las respuestas de Estados Unidos al mismo. En el mundo globalizado de hoy, el terrorismo tiene alcance mundial; por tanto, existe cierta simetría en la afirmación de Estados Unidos de que lidera una Guerra Global contra el Terrorismo. Al Qaeda no es más que el representante más destacado de estos nuevos movimientos descentralizados sin Estado y su ejercicio de la violencia transnacional.

En él se expone que gran parte del terrorismo islámico procede de una sensación común de los musulmanes de que sufren el asedio de Occidente, especialmente de Estados Unidos, y que la política exterior de Washington viene siendo un factor fundamental en la última década en la incidencia del terrorismo internacional. El islam siempre ha tenido una visión global de sí mismo y muchos musulmanes sienten ahora la necesidad de defender a sus hermanos dondequiera que sean atacados o reciban un trato injusto. El evidente auge del fun-damentalismo musulmán en el mundo se produce al mismo tiempo que la percepción de que existe una agresión generalizada de Occidente contra el islam, lo que ha creado una mezcla inflamable; la guerra de Estados Unidos en Irak sólo ha agravado esta sensación de ultraje. De forma crucial, el radicalismo islámico contemporáneo ha colisiona-do con las políticas occidentales -y especialmente con las estadounidenses- sobre el conflicto pales-tino-israelí, el apoyo a los gobiernos amigos (pero para los radicales, corruptos y apóstatas) de Oriente Medio y el despliegue estratégico del ejército estadounidense en la región. Del choque resultante surgieron los guerreros santos de hoy, que siguen el mandato del Corán de hacer frente a las amenazas contra el islam con una yihad defensiva. Los musulmanes radicales estaban resentidos contra Estados Unidos por su actuación en Oriente Medio durante los años noventa, pero después de septiembre del 2001, los fanáticos religiosos consolidaron sus acusaciones para condenar lo que percibían como una cruzada contra el islam y justificar un contraataque en su defensa.

Las soluciones siguen siendo esquivas para Occidente porque no hay un consenso sobre la relación causa-efecto. Puede que la pobreza y la desigualdad sean un factor, pero no son necesariamente determinantes o siquiera destacados. De modo similar, la falta de educación contribuye a la alienación, pero no explica del todo el terrorismo. A corto plazo deberíamos evitar también presuponer automáticamente (y promocionar a voz en grito, en el caso de Washington) las ventajas de la píldora milagrosa de la democratización para atacar las raíces del terrorismo en Oriente Medio. Aún se presta poca atención a la necesidad fundamental de examinar y reevaluar las políticas occidentales -y en especial las estadounidenses- en la región. Su modificación parece una posibilidad remota en este momento, pero no hacerlo significa dejar sin abordar una de las causas principales del terrorismo en Oriente Medio. El informe está presidido por la idea de que para combatir el terrorismo con eficacia debemos intentar comprenderlo en toda su complejidad. Lo que se sugiere no es que haya que tolerar el terrorismo en modo alguno, sino que sólo el reconocimiento de la naturaleza diversa del fenómeno y sus múltiples aspectos desembocará en una estrategia antiterrorista efectiva a largo plazo.

Este documento está dividido en dos partes principales: la primera es una introducción al tema del terrorismo actual y, en segundo lugar, las políticas y prácticas antiterroristas de Occidente. Esta parte incluye unas consideraciones generales sobre las definiciones de terrorismo y su conceptualiza-ción, así como perspectivas sobre su naturaleza. También se abordan posibles soluciones, y los peligros de una respuesta excesiva al terrorismo. La segunda parte contiene definiciones y análisis de Estados Unidos sobre el terrorismo, una breve comparación con Europa, la "politización" y "geo-politización" del antiterrorismo por parte de la Administración Bush, una exploración de la actual matriz libertad-seguridad, los riesgos para la democracia de los planteamientos antiterroristas de Estados Unidos y un análisis crítico de la eficacia de la política de democratización como solución al terrorismo. El informe argumentará que, por muchos éxitos electorales que hayan cosechado los republicanos gracias a la politización de esta cuestión, las consideraciones políticas desmerecen los esfuerzos por proporcionar una seguridad nacional adecuada; y que dar prioridad a los objetivos geopolíticos -y en concreto, la decisión de invadir Irak- en detrimento de una guerra contra el terrorismo centrada ha aumentado el alcance y la incidencia del mismo.

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