¿Estamos a tiempo?

Hasta hace pocas semanas estaba convencido de que estábamos a tiempo para hacer efectivo el mandato de las urnas del pasado 20-D, un acuerdo de amplio espectro entre las fuerzas políticas que comparten principios esenciales de convivencia en España. Un gran pacto entre el PP, PSOE y Ciudadanos para afrontar los difíciles retos que tenemos por delante y que requieren no sólo de fuerzas políticas con visión de Estado e idea clara de España, sino de una mayoría parlamentaria de solidez indubitada. Un Gobierno para abordar el desafío secesionista en Cataluña, la financiación autonómica, la reforma de la ley electoral o la eventual reforma de la Constitución, en lo que sea reformable para mejorarla, nunca para involucionar. Sin embargo, a medida que el tiempo pasa mi convencimiento de estar a tiempo se difumina. Ahora tengo dudas. Pienso que aún estamos a tiempo de cumplir con el mandato de los electores, pero ya no estoy tan seguro. ¿Por qué?

En breve se cumplen dos meses del 20-D y pronto un mes desde que se constituyeron las Cortes el pasado 13 de enero. Tras una primera ronda de consultas, el Rey encargó formar Gobierno a Mariano Rajoy, quien obviamente declinó al no contar, en aquel momento, de una mayoría para hacer efectivo el objetivo de cualquier debate de investidura: ser investido presidente, lo que requiere no sólo tener una mayoría favorable sino, sobre todo, no tenerla en contra. En aquel momento, el candidato del PP no tenía ni lo uno ni lo otro. Así lo comunicó al Jefe del Estado y así lo explicó en comparecencia publica.

Tras la segunda ronda de consultas, el martes 2 de febrero el Rey encargó al candidato socialista la formación de Gobierno. Éste tampoco tenía, ni tiene, mayoría para la investidura y sabe, como todo el mundo en España, pero sobre todo en el PSOE, que no será investido presidente. Sin embargo, tenía dos buenas razones para aceptar. Primero, por la oferta en firme de Podemos para hacer un Gobierno sobre la base de 159 diputados, a todas luces insuficiente. Con los dos de IU llegarían a 161, pero serían aún menos que los 163 que suman PP más Ciudadanos, que ha reiterado que votaría en contra de cualquier Gobierno en el que estuviese Podemos. Por tanto, el pacto que Sánchez sueña con Podemos sólo sería posible con la suma de, al menos, los seis diputados del PNV (que ya han dicho que quieren una consulta sobre la autodeterminación) y, en todo caso, requeriría también del apoyo (ausentándose o absteniéndose) de los partidos independentistas de Cataluña. Lo cual mataría al PSOE en muchos lugares de España, tal como dijo en su Comité Federal un destacado dirigente socialista.

La segunda razón de Sánchez para aceptar una investidura fallida es el escenario de nuevas elecciones con el que el PSOE ya trabaja (en el Comité Federal ya lo dijo el presidente de Asturias). Sabedor, en efecto, de que su pacto con Podemos e independentistas no puede salir y obstinado en no posibilitar con su abstención un Gobierno en minoría del ganador de las elecciones, la única carta del ahora candidato socialista es aprovechar el foco que le da tal condición para, a su vez, garantizarse su propia candidatura de cara al Congreso socialista a celebrar en mayo. Ese congreso que, en contra de su voluntad, le convocaron los dirigentes territoriales de su partido durante el último Comité Federal.

Presentarse, en definitiva, ante los suyos con el argumento que ya ha adelantado: no he pactado con los independentistas no por imperativo del Comité Federal, sino porque mis principios me lo impiden. Esos principios que, sin embargo, al propio tiempo le permiten negociar con los partidos que en Cataluña presentan en el Parlamento autonómico leyes para la desconexión con el resto de España, lo más parecido a Groucho Marx.

Desconozco si finalmente Sánchez logrará ser el próximo candidato de su partido a unas nuevas elecciones; para España es lo de menos. Lo importante para España es el tiempo que estamos perdiendo por su irresponsabilidad, pues si el PSOE quiere pactar con Ciudadanos y/o Podemos, pero no puede, y si puede pero no quiere pactar con el PP, es evidente que vamos a nuevas elecciones. Pero Sánchez ya ha dicho que precisa de un mes desde el encargo, o sea, que nos plantamos a principios de marzo. Y tras su investidura fallida comenzarán a contar los dos meses para convocar elecciones. Lo cual nos sitúa a principios mayo y, tras la nueva convocatoria electoral, deben transcurrir 54 días antes del día de la votación. O sea que estaríamos votando a finales de junio, probablemente, el día 26. Después pasarían tres semanas hasta la constitución de las nuevas Cortes, lo que nos situaría en el 20 de julio. Añadamos tres semanas hasta la nueva investidura y llegamos a la primera quincena de agosto con lo que el primer Consejo de Ministros del nuevo Gobierno se estaría celebrando a mitad de agosto.

No es, desde luego, lo más deseable ni conveniente para España. Pero, a día de hoy, es el escenario central debido al empecinamiento del candidato socialista. Sánchez y sólo Sánchez podría evitar el desaguisado de no tener un nuevo Gobierno durante ocho meses. Es cierto que ha ido muy lejos, demasiado, en sus despectivas descalificaciones hacia el ganador de las elecciones. Y eso, qué duda cabe, es una debilidad y ayuda poco. Pero muchas veces las debilidades pueden convertirse en fortalezas y aquí Sánchez tiene una clara oportunidad, una de esas oportunidades que hacen distinguir lo que es un líder de lo que no lo es. Tiene argumentos más que sobrados para, tras su ceremonial de consultas, llamar a Rajoy: no me gusta el PP, ni siquiera me gustas tú… pero por el bien de España creo que debemos llegar a un acuerdo. Rajoy tiene un disco duro descomunal y, por lo que le conozco, no puede vivir sin memoria. Sin embargo, entre sus defectos no está el ser rencoroso y ha demostrado a lo largo de su carrera politica no poder vivir con rencor.

Sánchez, por tanto, lo tiene fácil. Su rectificación no sólo le salva a él mismo, que al fin y al cabo es lo de menos en toda esta historia. No olvidemos que, tal como ha recordado la presidenta socialista andaluza, Sánchez ha obtenido el peor resultado de la historia de su partido. La bondad de su rectificación está en que salva a su partido de dejar de ser la referencia política de la izquierda en unas próximas elecciones en favor de Podemos. Pero, sobre todo, liberaría a España de perder ocho meses hasta tener nuevo Gobierno. En sus manos está. Todavía estamos a tiempo, aunque tengo dudas de que Sánchez esté a la altura.

José Manuel Soria es ministro de Industria, Energía y Turismo en funciones.

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