Estas son las innovaciones que necesitamos para reabrir la economía

Estas son las innovaciones

Es completamente entendible que el debate público se haya centrado en una sola pregunta: “¿Cuándo vamos a poder volver a la normalidad?”. La cuarentena ha causado un daño incalculable en cuanto a las pérdidas de empleos, el aislamiento de las personas y la profundización de la desigualdad. La gente está lista para ponerse en marcha de nuevo.

Desafortunadamente, aunque tenemos la voluntad, no tenemos la manera. No todavía. Antes de que Estados Unidos y otros países puedan regresar a la cotidianidad, necesitaremos algunas herramientas nuevas e innovadoras que nos ayuden a detectar, tratar y prevenir el COVID-19.

Todo empieza con la aplicación de pruebas de diagnóstico. No podemos vencer a un enemigo si no sabemos dónde está. Para reabrir la economía, necesitamos aplicarle la prueba a una cantidad suficiente de personas como para poder detectar con rapidez los focos de contagio emergentes e intervenir a tiempo. No queremos esperar hasta que los hospitales empiecen a abarrotarse y más gente muera.

La innovación puede ayudarnos a subir esos números. Las pruebas actuales para el coronavirus requieren que los trabajadores de la salud tomen muestras nasales, lo que significa que tienen que cambiar su equipo de protección antes de cada prueba. Sin embargo, nuestra fundación apoyó una investigación que revela que pedirle a los pacientes que se tomen la muestra ellos mismos produce resultados igual de precisos. Este método es más rápido y seguro, y los entes reguladores deberían ser capaces de aprobar la toma de muestras en casa o en otras locaciones en vez de obligar a las personas a arriesgarse a contactos adicionales.

Otra prueba de diagnóstico actualmente en desarrollo funcionaría como una prueba de embarazo casera. Te tomarías una muestra nasal, pero en vez de enviarla a un centro de procesamiento, la pondrías en un líquido y luego verterías ese líquido en una tira de papel, la cual cambiaría de color si detectara la presencia del virus. Esta prueba podría estar disponible en pocos meses.

Necesitamos otro avance en el proceso de pruebas, pero de tipo social, no técnico: criterios uniformes acerca de a quién se le debe aplicar la prueba. Si el país no le aplica la prueba a las personas adecuadas —trabajadores esenciales, personas con síntomas y aquellos que han estado en contacto con alguien que haya dado positivo— entonces estaremos desperdiciando un recurso valioso y potencialmente dejando de reconocer grandes reservas del virus. A las personas asintomáticas que no se encuentren en ninguno de estos tres grupos no se les debería aplicar la prueba hasta que hayan suficientes para todos.

El segundo ámbito donde necesitamos innovación es en el rastreo de contactos. Una vez que alguien salga positivo en la prueba, las autoridades de salud pública necesitan saber quién más pudo haber sido infectado por esa persona.

Por ahora, Estados Unidos puede seguir el ejemplo de Alemania: entrevistar a todos los que den positivo y usar una base de datos para asegurarse de que alguien le haga un seguimiento a todos sus contactos. Este enfoque, sin embargo, no es perfecto, ya que depende de que la persona infectada reporte sus contactos de manera correcta y requiere de mucho personal para darle seguimiento, en persona, a todos los involucrados. Pero sería una mejora con respecto a la forma esporádica con la que hoy se está realizando el rastreo de contactos por todo el país.

Una solución incluso mejor sería la aprobación voluntaria y general del uso de herramientas digitales. Por ejemplo, existen aplicaciones que te pueden ayudar a recordar los sitios en los que has estado. Si llegas a dar positivo por coronavirus, podrías revisar el historial o elegir compartirlo con quien sea que te entreviste acerca de tus contactos. Algunas personas han propuesto que se permita que teléfonos detecten otros celulares que estén cerca a través del sistema Bluetooth, emitiendo sonidos imperceptibles para los humanos. Si alguien da positivo, su teléfono enviaría un mensaje a esos otros celulares, y sus dueños podrían entonces ser localizados y examinados. Si la mayoría de personas elige instalar este tipo de aplicación, probablemente sería de ayuda.

Naturalmente, cualquiera que salga positivo querrá saber inmediatamente sobre las opciones de tratamiento. Pero, justo ahora, no existe tratamiento para el COVID-19. La hidroxicloroquina, la cual funciona cambiando la manera cómo el cuerpo humano reacciona a un virus, ha recibido bastante atención. Nuestra fundación está financiando un ensayo clínico que, para finales de mayo, indicará si funciona en el COVID-19. Al parecer, los beneficios serán, en el mejor de los casos, modestos.

Sin embargo, hay otros posibles tratamientos más prometedores en el horizonte. Uno consiste en extraer sangre de pacientes que se han recuperado del COVID-19, asegurándose de que esté libre de coronavirus y otras infecciones, y darle el plasma (y los anticuerpos que contiene) a personas enfermas. Varias compañías importantes están trabajando en conjunto para ver si este tratamiento es viable.

Otro tipo de posible medicamento consiste en identificar los anticuerpos más efectivos contra el nuevo coronavirus y fabricarlos en un laboratorio. Si esto funciona, aún no queda claro cuántas dosis podrían producirse. Dependerá de cuánto material con anticuerpos sea necesario para cada dosis. En 2021, los fabricantes podrían ser capaces de crear apenas unos 100,000 tratamientos o muchos millones.

Si dentro de un año la gente está asistiendo a eventos públicos masivos —como o conciertos en estadios o eventos deportivos— será porque los investigadores habrán descubierto un tratamiento extremadamente efectivo que logre que todos se sientan seguros de salir a la calle. Desafortunadamente, basado en la evidencia que he visto, es probable que consigan un buen tratamiento, pero no uno que garantice una recuperación total.

Es por eso que necesitamos invertir en un cuarto ámbito de innovación: crear una vacuna. Cada mes adicional que toma producir una vacuna es un mes en el que la economía no puede regresar a la normalidad por completo.

El nuevo enfoque que más me entusiasma es conocido como vacuna de ARN mensajero (la primera vacuna contra el COVID-19 en entrar al proceso de ensayos en humanos, es una vacuna de ARN mensajero). A diferencia de una vacuna contra la gripe, la cual contiene fragmentos del virus de la influenza para que tu sistema inmunológico pueda aprender a atacarlo, una vacuna de ARN mensajero le proporciona a tu cuerpo el código genético necesario para producir fragmentos virales por sí solo. Cuando el sistema inmunológico ve estos fragmentos, aprende a atacarlos. Una vacuna de ARN mensajero, en esencia, convierte a tu cuerpo en su propia unidad de producción de vacunas.

Existen al menos otras cinco iniciativas que lucen prometedoras. Pero como nadie sabe cuál es el enfoque que funcionará, varias de ellas necesitan ser financiadas para que todas puedan avanzar simultáneamente a toda velocidad.

Incluso antes de que exista una vacuna segura y efectiva, los gobiernos necesitan resolver cómo distribuirla. Los países que proporcionan los fondos, los países donde se están realizando los ensayos, y aquellos que han sido golpeados más fuertemente por el virus, tendrán buenos argumentos para solicitar tener prioridad. Idealmente, habría un acuerdo mundial acerca de quién debería recibir primero la vacuna, pero dada la cantidad de intereses contrapuestos, es poco probable que esto suceda. Quien logre resolver este problema de forma equitativa, habrá logrado un gran avance.

La Segunda Guerra Mundial fue el momento decisivo de la generación de mis padres. De forma similar, la pandemia del coronavirus —la primera en un siglo— definirá esta era. Sin embargo, existe una gran diferencia entre una guerra mundial y una pandemia: toda la humanidad puede trabajar unida para aprender sobre la enfermedad y desarrollar la capacidad para combatirla. Con las herramientas adecuadas a la mano y una implementación inteligente, seremos finalmente capaces de declarar el final de esta pandemia y de dirigir nuestra atención a cómo prevenir y contener la siguiente.

Bill Gates es copresidente de la Fundación Bill y Melinda Gates. Este artículo es una adaptación del texto ‘Pandemic I: the First Modern Pandemic’, publicado en el blog gatesnotes.com.

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