Estatut: “Alguna cosa habremos hecho mal”

Por Wifredo Espina, periodista y ex director del Centre d’Investigació de la Comunicació de la Generalitat (DIARI DE GIRONA, 29/10/05):

Este Estatut no es para los catalanes, sino para los políticos catalanes. Lo cual no es lo mismo. No está pensado, principalmente, para los ciudadanos que oficialmente aquellos representan, sino para los que realmente los mandan. Por esto sus promotores han caído, a la vez, en la utopía, la audacia y en la miopía,

Lamento haberlo constatado y tener que decirlo. Pero hay que ser honesto con los lectores –o pretender serlo-, ya que demasiados no lo son con sus electores. Esta afirmación la hago después de una lectura atenta del texto de propuesta del nuevo Estatut. No importa demasiado si es largo o no, como a veces se alega frívolamente para intentar descalificarlo. Lo que sería interesante es saber es cuántos lo han leído entero, con calma y desapasionadamente, políticos incluidos. Creo que un sondeo no daría sorpresas, porque ya se olfatea y se intuye. Me gustaría equivocarme.

Es un proyecto de Estatut, sobre todo para desenganchar a los políticos y a las instituciones catalanas de las estatales, lo cual, además de legítimo, quizás podría ser bueno, ¿por qué no? Pero será malo si se hace sin respetar escrupulosamente los principios y cauces del Estado de Derecho que tenemos, plasmado en la Constitución, consensuada y refrendada por una inmensa mayoría de ciudadanos. Y si encima se levanta la animadversión –orquestada por unos y otros- hacia Cataluña de los demás pueblos de la tan proclamada España plural, entonces puede ser fatal.

Por legítimas que puedan ser las aspiraciones de algunos partidos o sectores sociales, el pretender conseguirlas con astucias –más o menos inteligentes- o con posiciones de fuerza partidarias y coyunturales –más o menos ficticias- para saltarse o reventar la Constitución, no son admisibles. Esta puede ser reinterpretada, y seguro que también debe ser reformada, pero por los cauces ya previstos. Otra cosa sería salirse de la democracia –a la que todos dicen apuntarse – e iniciar el camino de la ley de la selva.

Desenganchar, mucho o totalmente, a nuestros políticos e instituciones catalanas de las del Estado, parece ser el fondo del texto del nuevo Estatut. Es su filosofía, Puede ser una opción, discutible como otras, siempre que se haga por las vías legales adecuadas, y sin levantar animadversiones ni alentar viejos o crear nuevos victimismos, En esto ha habido una gran miopía política de los promotores y redactores del texto. Han sido políticamente audaces y técnicamente inteligentes, pero miopes y poco realistas si pretendían que prosperara.

Pero, por otra parte, si se lee bien el texto, parece ser una rara mezcla de constitución y de programa de gobierno, más que un auténtico Estatut, que ha de ser unas reglas de Estatut: “Alguna cosa habremos hecho mal” juego válidas para todos: derechas, izquierdas, nacionalistas, catalanistas, españolistas; para todos los que viven en Catalunya, para todos los “ciutadants de Catalunya”, como decía Tarradellas. Y esto es lo que está alarmando a no pocos sectores de ciudadanos e instituciones. Los obispos catalanes no lo han apoyado en su comunicado oficial, contrariamente a lo que precipitada o maliciosamente se dijo en algunos titulares periodístico, sino que han hecho varias advertencias, algunas graves.. Tampoco gusta a los empresarios. Nada menos que La Caixa ( la de Gas Natural de la “opa” a Endesa ) , por medio de su presidente Ricardo Fornesa se ha mostrado muy reticente, y nada menos que al recibir la “Medalla d’Or de la Generalitat”, le ha dicho públicamente al president Maragall que “hay que preservar la armonía entre los pueblos de España (…) que es nuestro espacio natural para crecer” y que “los empresarios necesitamos seguridad y cohesión social”. Fornesa ha recibido la medalla de oro por los más de cien años de historia de la entidad, pero con talante le ha contestado con un tirón de orejas. Perece que con Maragall ahora ya todos se atreven…

Y es que no puede ser bueno para los catalanes el carácter marcadamente intervencionista para ciudadanos, empresas, organizaciones, profesiones, escuelas, medios de comunicación, etc. de un texto de Estatut que si es aprobado tendrá que sustituir el actualmente vigente, que con algunas mejoras importantes podría ser muy válido, y no habría levantado tanta resistencia y tanta crispación. Alguna cosa habremos hecho mal, como han reconocido públicamente Maragall y Duran Lleida. Y es que el nuevo Estatut está pensado ante todo por y para los políticos, para la clase política, para darle más poder, y no para todos los ciudadanos, que estaban bastante tranquilos.

Pero de esto –del contenido- no se habla, o se habla muy poco. Parece como si el objetivo principal –desengancharse del Estado- lo justificara todo, como si el fervor nacionalista de unos – muchos o pocos- debiera hacer olvidarnos a todos el resto del texto que se propone como Estatut.. El respetable fervor nacionalista no puede ser una bula para hacerlo todo, como a veces parece. Por esto, precisamente, sobre el contenido real del texto los ciudadanos en general están en blanco. ¿Quiénes se han leído, y han entendido, el largo y farragoso nuevo Estatut? Casi nadie. Y la propaganda oficial –pagada por todosdestaca solamente los aspectos que los políticos presentan como positivos y se callan los negativos para una sociedad abierta, de ciudadanos libres que no quieren demasiadas intervenciones y tutelas de los poderes públicos.

¿Cómo se puede pretender aprobar así, con este grado de desconocimiento ciudadano y de manipulación política, una norma superior para toda la ciudadanía?