Esto se complica, aquello se petrifica

Todo se complica, pero también se clarifica y simplifica. Se reducen casi a cero las zonas de ambigüedad. Las posiciones se desplazan a los extremos, no a los extremismos porque los tiempos y el contexto aún no lo permiten. Entre la batalla del PSOE y la apuesta catalana la vorágine se intensifica. Al choque de trenes anunciado entre el soberanismo y el Estado se añade la brutalidad del combate de los barones subordinados al PP contra los socialistas acusados de podemitas.

Dos confrontaciones inéditas, sin cuartel, con rumbos divergentes, finales de imposible predicción y un punto en común: la España reaccionaria contra los abanderados del cambio. La España que secuestra y petrifica la Constitución del 78 contra la rupturista. En medio, la simplemente renovadora y reformista, estirada por todos lados, se desgarra, se repliega o se disuelve.

Quienes temíamos un regreso por etapas al orden del bipartidismo hemos topado con el conflicto socialista, que no es tan solo, ni sobre todo, de personas sino de fondo. A la izquierda o a la derecha. El cruce está planteado en términos nítidos. Jeremy Corvyn acaba de ganar una batalla similar en el Reino Unido. Ya veremos si Pedro Sánchez gana la suya o si los barones y Susana Díaz lo acaban de defenestrar.

En el segundo caso, la hegemonía del PP y el inmovilismo están cantados, porque los 17 díscolos son partidarios de dejar gobernar el PP. Si Sánchez se impusiera, que lo tiene muy difícil, surgiría con toda probabilidad el fantasma del ‘tamayazo’: un puñado de diputados rebeldes que se abstendrían aunque fuera al precio de pasar al Grupo Mixto bajo la protección de los presidentes de sus comunidades autónomas. Si las hostilidades perduran sin un ganador claro a corto plazo, el ‘tamayazo’ cuenta todavía con más posibilidades de conceder al PP lo que le han negado las urnas.

De rebote, el protagonismo de Podemos, muy devaluado hasta ahora, vuelve a cotizar al alza. Por eso, siguiendo al pie de la letra los nada morales, y por eso inmortales, esquemas de la vieja política, Pablo Iglesias ha clavado un puñal más a Pedro Sánchez. La apuesta de un gobierno alternativo es inviable. Podemos empuja el PSOE hacia la derecha. Así husmean otra vez la presa del ‘sorpasso’.

La batalla política a muerte por la hegemonía en la izquierda y la previsible entronización de Rajoy facilitan en principio las cosas al incremento de la apuesta independentista. Esta España es rechazada por la inmensa mayoría de catalanes. Pero a la vez sitúa a los ‘comunes’ en una posición muy delicada. No se pueden desmarcar del referéndum, pero si contribuyen a conseguir que el independentismo supere la barrera del 50% habrán hecho un mal favor a sus compañeros. Podemos sería acusado de empezar su camino propiciando la rotura de España. Ada Colau no tiene malas cartas pero la partida es endemoniada. El momento de unas nuevas terceras vías no espera precisamente en la esquina.

El plato fuerte, el plato más fuerte, es el discurso del miércoles del ‘president’ Puigdemont, sintetizado en una frase para los anales: «O referéndum o referéndum». El planteamiento de Junts pel Sí, que puede parecer unánime pero no pasa de mayoritario en las propias filas, consiste en hacer camino hacia la independencia por la vía del referéndum, que no acaba de ser una autopista pero seguro que es menos estrecho que el de la simple desconexión.

Dado que el referéndum acordado, o tolerado, mantiene un consenso muy amplio entre los catalanes, la primera etapa se presenta como un paseo a ojos de sus promotores. Insistir en la demanda, unir en la demanda. Y al final, con las leyes de transitoriedad aprobadas pero sin entrar en vigor, asimilar el ‘sí’ al referéndum unilateral con el ‘sí’ a la independencia. De este modo, los tres partidos independentistas pretenden hacerse acompañar de los abonados al derecho a decidir y aprovechar su fuerza para tomar impulso a lo largo del trampolín antes de dar un nuevo salto a la piscina de los votos.
UNA JUGADA BIEN DEFINIDA

La cobertura jurídica puede ser imperfecta, insuficiente y mil veces anulada por los tribunales, pero la jugada política no sufre de indefinición. En la última recámara, por si acaso el blindaje del Estado resulta impenetrable, las elecciones constituyentes convocadas también como autonómicas.

Quienes aseguran que el independentismo retrocede o que se estanca en las posiciones del 9-N no lo ven con suficiente claridad. Lo que hace es maniobrar y acelerar en busca de este imprescindible 50% que las urnas le han negado convocatoria tras convocatoria. Ahora bien, se precisa mucha convicción, o mucha fe, o una dosis notable de desesperación, para concluir que la vía expeditiva acerca la mayoría en vez de alejarla.

Xavier Bru de Sala, escritor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *