ETA crecida

Por Teo Santos, ertzaina y miembro de Bakeaz (EL CORREO DIGITAL, 16/06/06):

A veces hay que ir más allá de lo conocido. El mundo avanza cuando dejamos recelos tremebundos y nos adentramos por nuevas sendas, con sensatez y cautela, pero no sin determinación. Afirma Sun Tzu en ‘El arte de la guerra’: «Si un general no es valeroso, será incapaz de sobreponerse a sus dudas y de concebir grandes proyectos». Para la guerra, pero con mayor razón para la paz. Así es que para salir del atolladero en el que estábamos con el terrorismo de ETA tenemos que innovar, eso sí, con seguridad. Vaya por delante que el concepto de seguridad abarca más que la protección de personas y bienes, para adentrarse en las condiciones de vulnerabilidad social, en el contraste de percepciones de intranquilidad pública o, incluso, en su aportación al desarrollo cívico sostenible. ¿De qué datos relevantes disponemos para contrastar el progreso hacia la desaparición de ETA?

La organización terrorista mantiene su capacidad ofensiva. En los últimos meses su estructura funcional apenas ha sido tocada. No hay detenciones relevantes, tampoco se han esclarecido los atentados postreros y, aunque el Gobierno sostenga que el Estado continúa en su legítima labor represiva, estamos ante los indicadores de eficacia policial más bajos de la historia etarra. Este parón policial puede ser algo circunstancial, pero también podría ser una maniobra predeterminada, en pro de una distensión buscada, o puede que simplemente se haya llegado a una especie de acuerdo implícito, ya que ETA ha repetido varias veces que la acción policial debe cesar para facilitar el proceso. Eso sí, en la banda cuidan sus bases y recursos, sin cerrar sus fuentes de contactos y captaciones.

Gente de ETA ha dicho interna y públicamente que mantendrán su ‘capacidad de lucha’. También se han atribuido el éxito actual de su estrategia y han aseverado que estamos en un tiempo de nuevas oportunidades para conseguir sus fines políticos. Desde luego no se podrá decir que ocultan sus conclusiones. Se han proclamado garantes del proceso de negociación política y se demuestran dispuestos a la reversibilidad del ‘alto el fuego permanente’ que declararon en marzo pasado. Van a continuar con la extorsión, según ellos mismos han dicho, por mucho que en el Círculo de Empresarios Vascos no hayan recibido cartas exigiéndolo (otros empresarios y profesionales sí). En fin, centran su interrupción de actividad terrorista exclusivamente en el ‘cese de acciones armadas’, y continúan con el ‘mantenimiento’ de la organización, demostrando, por cierto, que la moral la tienen por las nubes.

¿Se han fijado en la estética juvenil ‘Txeroki’? Hace pocos días, entre Balmaseda y Bilbao, conté seis émulos del dirigente ‘militar’ etarra, en calles principales, a media mañana. Con el mismo corte de pelo, la misma camiseta, etcétera, tienen por referente a uno de los ‘duros’, y lo proclaman con desparpajo. Es algo que habría que contrastar empíricamente, pero da la sensación de que las iniciativas etarras los están reforzando internamente, además de procurarles reconocimientos exteriores. Están obteniendo réditos inimaginables hace pocos meses, impensables en un proceso en el que deberían reconocer las razones de ‘los otros’, lo cual cuestionaría de forma explícita su actividad terrorista. En cambio, nada de autocrítica, ni dudas internas; los comunicados de ETA engrosan sus predicados conocidos, alentando sus objetivos exclusivos.

Podríamos pensar -así lo dicen algunos comentarios- que ‘hablan para su consumo interno’, como si tal hecho no fuera más preocupante. ¿Cuándo y cómo prepararán a ‘sus bases’ para un posible acuerdo que, por definición, no podrá ser de máximos -autodeterminación y territorialidad- aunque lo expresen con otras palabras? La evolución en ETA hacia el diálogo difícilmente casa con la circularización de resúmenes con sus atentados. El proceso necesita distensión y no demostraciones de poder; incluso se podría pedir un poco de humildad, cuando dicen los de ETA que no conocen la palabra ‘frustración’. Al menos es posible que su ‘informe’ haya originado momentáneamente algún sosiego interno, de forma indirecta, plasmando ‘una lucha’ que no necesita otras demostraciones eventuales.

Frente a esta ETA crecida se encuentra la dispersión institucional. Cada partido político o coalición va a lo suyo, cada administración está implicada en sus cosas. Formalmente los servicios policiales, todos, siguen activos contra la organización terrorista, máxime cuando ésta mantiene acciones como la extorsión o la permanencia de su estructura ilegal ‘reversible’. Pero los resultados punitivos son muy escasos, y llegan a efectuar análisis sorprendentes. Así, el ataque de Barañain es algo ‘localista’; quieren hacernos creer que el texto conocido del ‘Zutabe’ 110 (abril 2006) no tiene nada que ver: «el que trabaja a favor de un alargamiento del conflicto tendrá que sufrir las consecuencias directas del enfrentamiento». También los portavoces de ETA reflejaban en ‘Gara’ (14-05-2006), aludidos por la ‘kale borroka’, que los ciudadanos vascos deben «responder», movilizarse y «utilizar los medios que tienen a mano»; eso sí, negando la paternidad de esa violencia, como siempre. Luego vinieron los ataques a batzokis y casas socialistas. ¿Y el ‘impuesto revolucionario’? Las múltiples cartas enviadas exigiendo la extorsión hay que atenderlas por su fecha de remisión, con la tregua ya declarada, y no sólo cuando fueron escritas. Tampoco es que los portavoces de ETA lo hayan ocultado; han dicho que tienen sus necesidades y que continuarán recabando financiación. Así de claro, así de triste.

Por supuesto que debemos superar las dificultades, pero, por favor, sin paños calientes ni ocultamientos. Dígase la cruda realidad, que el esfuerzo es responsabilidad compartida. Mantiene el reconocido pacifista John Paul Lederach que «el mayor recurso para sostener la paz a largo plazo se encuentra siempre arraigado en los pueblos locales y su cultura». Aunque a veces nos cueste reconocer tales posibilidades en nuestra proximidad, escuchando las mismas cosas con distinto ropaje, posiblemente embotados por décadas de enfrentamiento y presión terrorista, la estrategia de resolución pasa ineludiblemente por nuestro esfuerzo pacificador. Estaría bien que en ETA recapacitasen (si fuera posible) sobre su unilateralidad, por ventajosa que actualmente consideren su posición. Pero sobre todo necesitamos aglutinar más fuerzas democráticas, con prontitud y transparencia. Hace falta que las instituciones, unidas, tomen la iniciativa; pero ése es otro cantar.