ETA no lo ha entendido

Ya hace años que la obcecación de ETA le impide ver su situación y perspectivas con realismo. No se da cuenta de la verdad que la afecta: no tiene nada que hacer, aparte de acabar de manera unilateral e incondicional y esperar en todo caso medidas de benevolencia para algunos de sus presos. Puede volver a matar, o intentarlo sin conseguirlo, como en los últimos tiempos. La organización criminal se encuentra extremadamente debilitada por la presión policial y judicial. Pero, aunque añadiera un nuevo muerto a su macabra lista, no conseguiría hacer avanzar ni un milímetro sus dos objetivos políticos, la autodeterminación y la reunificación de Euskadi.

Por el contrario, con el último comunicado, muy insuficiente, los etarras perjudican a la izquierda aberzale. De hecho, obligan a su casi exrama política a elegir entre no participar en los próximos procesos electorales, empezando por las municipales, o desmarcarse del todo y abjurar de la violencia política de manera clara y rotunda. El campo de juego democrático está establecido en España con una delimitación precisa: o contra ETA o después de ETA. Así de claro, no hay medias tintas, subterfugios, rendijas o terceras vías. La ley blinda este principio con una cláusula que obligaría a los elegidos en supuestas e improbables marcas blancas a renegar de ETA o abandonar sus puestos en las instituciones.

Aunque no osen expresarlo así, las gentes que se habían movido en el entorno de ETA son los primeros decepcionados. Por mucho que insistan en la tesis de que ahora es el Estado quien debe mover ficha, saben que esto no sucederá, tal como demuestran las detenciones del día siguiente al comunicado. En este sentido, con la vista puesta en la normalización de la vida política en Euskadi, la insuficiencia del alto el fuego comporta frustración. Aún hay demasiada distancia entre el requerimiento de disolución y la ambigua tibieza de este enésimo alto el fuego. Quienes defienden los mismos objetivos políticos por la vía de las urnas se quedan como estaban hasta ahora, fuera de juego. El mismo Arnaldo Otegi ha admitido que hay ansiedad en la izquierda aberzale.

Esta vez, como novedad del alto al fuego añaden «verificable», pero en ninguna parte dicen que sea definitivo o irreversible. Ya que no abdican de su obstinada ceguera asesina, hay que prever la posibilidad de que vuelvan a ella. O que lo intenten. En esta eventualidad, cuanto más tarde sea, mejor. Además de la firmeza democrática y la contundencia de las fuerzas de seguridad, y descartada completamente toda negociación directa o indirecta, es aconsejable la mejora de la política de gestos hacia los presos de ETA. Prudente y medida, pero real. ¿Cuál y con qué ritmo? Rubalcaba es la persona adecuada para decidirlo, contando siempre con la aquiescencia del PP.

¿Por qué ETA no se disuelve? ¿Por qué no acepta la situación y hace mutis, y un favor a los que comparten sus objetivos? Si creía que bastaría con el último comunicado, es que todavía no lo ha entendido. En la vieja Europa, la amenaza terrorista es real y general, pero viene de fuera. ¿Tanto cuesta darse cuenta de que ya no puede venir de dentro?

Puede suponerse que los supervivientes de la organización pretenden acabar con dignidad. Justificar los muertos. Darse la razón o, al menos, una parte de razón. No han entendido que ya ha pasado el momento. En su furia y ceguera, han dejado escapar todas las oportunidades de llegar a una paz para ellos satisfactoria. Y no se puede decir que no las hayan tenido. Pero siempre les han parecido insuficientes. Querían ganar, acabar con el terror a cambio de modificar las normas. Han perdido. No hay empate entre ETA y el Estado, sino derrota con humillación y oprobio. Después del atentado de la T-4 de Barajas ya no quedan demócratas dispuestos a hacer concesiones en este sentido. En lo esencial, que es la voluntad de imposición de unas normas por la violencia, ETA ha sido derrotada por la democracia. Por mucho que en su obcecación le cueste admitirlo, es así. Y lo es hasta el punto de que ahora ni los que defienden sus mismas ideas dentro del marco legal español tienen derecho a presentarse a las elecciones mientras la banda terrorista no desaparezca por completo y para siempre jamás.

Este comunicado ha sido digerido con media semana. Como si no existiera. Es previsible, pues, que ETA reaccione en un sentido u otro, ya que el primer propósito -que Batasuna se presente a las municipales con las siglas que sean- no lleva camino de lograrse. Tampoco está en condiciones de conseguir el segundo propósito que le puede quedar, la liberación de presos. España ya ha iniciado hace tiempo una política de discriminación positiva y gradual con quienes se distancian del terror. Estas medidas pueden proseguir o endurecerse. Y esto también depende del próximo comunicado, que tendrá que ser el último. O ETA lo emite de una vez en los próximos meses o acabará incluso con la posibilidad de unas medidas de gracia que su obcecación ha ido volviendo cada vez más difíciles y restrictivas.

Xavier Bru de Sala, escritor.

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