Carnaval

El carnaval rompe con las formas típicas de la vida social, con los hábitos cotidianos que identifican al grupo y al individuo que se disuelve en el acontecer colectivo; libera de los dioses que hay que respetar, de las leyes que hay que cumplir, de las virtudes y de los protocolos que hay que practicar. El sujeto del carnaval es la masa, el abismo indiferenciado, el mundo dionisiaco. El carnaval expresa, canaliza, vehicula esa fuerza, a la vez que protege de ella en la medida en que la exterioriza. Sirve, como los circos romanos, de pretexto y desahogo a lo irracional, de regresión del individuo a su condición de parte de la tribu, de pieza gregaria en la que, amparado en el anonimato cálido de la tribuna, el individuo da rienda suelta a sus instintos.…  Seguir leyendo »

Las celebraciones del Carnaval mantienen, al menos en cierto grado, la libertad inicial y original, y se vuelven contra todo tipo de autoridad civil, religiosa, política. Buena parte de las comparsas tienen un marcado tono sarcástico y mordaz. Durante el Carnaval se suspende el rigor de las normas que regulan el comportamiento y la vida social. Las relaciones de autoridad se invierten, los que mandan obedecen y los que obedecen mandan. Es un periodo de licencias y transgresiones; es el gran igualador. Los conflictos sociales se expresan sin confrontación, dejando salir lo oculto, abriendo la puerta a todos los fantasmas. Sólo hay ansia de otra cosa sin saber qué otra cosa es.…  Seguir leyendo »