Lectura

Al fin, una excelente noticia. La Comunidad de Madrid, de la mano de Isabel Díaz Ayuso, líder de la oposición al sanchismo (al de Pedro Sánchez, no al de Sancho Panza) y mayor quebradero de cabeza del Gobierno amigo de la ignorancia, ha recuperado para el bachillerato la lectura obligada de tres de las cuatro grandes aportaciones de la literatura española a la universal, que en orden cronológico son La Celestina, El Lazarillo de Tormes y El Quijote.

La cuarta la dejo para unas líneas más abajo.

Bienvenida sea una iniciativa que tanto va a engrandecer la sensibilidad de los estudiantes.…  Seguir leyendo »

Cuando eches a volar y tal vez añores tu dulce hogar, lo que te digo debes recordar, porque hay un amigo en mí.

Así comienza la letra en español de la canción You’ve got a friend in me, compuesta originalmente por Randy Newman para la película Toy Story y que muchos ciudadanos de nuestro país han incorporado a sus vidas al iniciar una nueva relación con los libros a raíz de la pandemia. A pesar del temporal en el reciente Sant Jordi, de las dificultades económicas derivadas de la guerra y del estado paranoico en el que nos encontramos casi todos después de los últimos dos años (o precisamente por ello), el sector editorial vive un momento de insospechado crecimiento en España.…  Seguir leyendo »

“Al otro lado del espejo”: Alicia en el País de las maravillas, Peter Pan, Coraline, Harry Potter, pero también la pintura de El Bosco o Dalí y la película El viaje de Chihiro. Este es uno de los desarrollos posibles de uno de los itinerarios propuestos para la educación literaria de los estudiantes franceses entre los 12 y los 15 años. Las indicaciones prescriptivas son pocas en el país vecino: cuatro bloques temáticos que se repiten en cada uno de los cursos, aunque con concreciones diferenciadas, y un corpus sugerido que combina obras literarias de diferentes épocas, géneros, contextos culturales y otras manifestaciones artísticas.…  Seguir leyendo »

Los bigotes de Nietzsche

Con qué ingenuidad subrayamos. Como si a través del tubito del bolígrafo, la mano, el brazo y el hombro, las palabras y las líneas fueran succionadas hasta el cerebro y se quedaran allí ordenadas en sus correspondientes compartimentos. Y con qué inocencia lo sigo haciendo a estas alturas de mi vida, cuando leer se ha convertido en una actividad casi puramente intransitiva, en una fiesta que me piden las neuronas solo para divertirse, sin mayores ambiciones y destinada casi siempre al olvido. De las 100 páginas que acabo de leer en esta novela, probablemente lo único que perdure en mi memoria es el dato de que Nietzsche, la mayor parte de los días, solo desayunaba agua caliente (a veces con un poco de té suave).…  Seguir leyendo »

Los guionistas y escritores (i-d) Antonio Mercero, Jorge Díaz y Agustín Martínez, autores de la novela La Bestia con el seudónimo de Carmen Mola, tras recibir el Premio Planeta.

Reconócelo, tú también lo has hecho, tú también has regalado un libro a alguien con un poco de guasa, como para recochinearle que no lee y que tú lo sabes, y que él sabe que tú lo sabes, etcétera, y no hay libro más perfecto para llevar a cabo ese acto de afirmación contracultural, pongamos, que un Premio Planeta.

Porque el Premio Planeta es una astuta operación comercial destinada a las personas que no leen. Las estanterías de España están pletóricas de premiosplaneta vírgenes, inexplorados cual mozuela en las fiestas de agosto, deseando que un lector desvergonzado les acaricie el lomo, les hinque la mirada y les dedique largas noches de atención unívoca.…  Seguir leyendo »

La edad de oro de la literatura efímera

Quienes en los años setenta del siglo pasado estudiábamos en la recién creada Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense fuimos adoctrinados en las entonces novedosas teorías del comunicólogo canadiense Marshall McLuhan. Allí nos explicaban con un esquema (en clase se tiende siempre a simplificar) que la historia de la humanidad podía dividirse cómodamente en tres períodos: el estado tribal, caracterizado por el dominio de la comunicación verbal; el estado de destribalización, que surge con la invención del alfabeto fonético y alcanza su máximo desarrollo con la invención y difusión de la imprenta, y una vuelta a la retribalización y, consecuentemente, a la oralidad, a partir de la invención de los medios de comunicación que McLuhan llamaba eléctricos: el telégrafo, la radio y la televisión (entonces no habíamos oído hablar de internet, aunque ya existía: era una innovación impulsada por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos de América y, por tanto, una tecnología secreta).…  Seguir leyendo »

El libro, ese instrumento

No esperen que haga un elogio del libro. El libro es un instrumento y como todo instrumento dependerá del uso que se le dé. Es como lo que, hablando sobre drogas, decía Escohotado de la soga: al escalador le sirve para hacer cima y al suicida para ahorcarse, la soga no tiene culpa de ninguna de las dos cosas, está entre sus cualidades las de facilitarles a uno una cumbre y al otro un abismo.

Cuando llega el Día del libro, se disparan las exageraciones sobre un instrumento al que, durante la mayor parte del año, apenas se le hace el menor caso y cuya presencia y notabilidad en nuestras vidas cotidianas, si juzgamos estas por su representación en los medios, resulta muy limitada, anecdótica.…  Seguir leyendo »

Hace un par de semanas un político francés despertó un revuelo de baja intensidad al declarar algo así como que la lectura era un valor y que nos «mejoraba», por lo menos más que sentarnos en el sofá a ver la programación corriente de la televisión. Aunque en apariencia la carga polémica de la frase era apenas un poco menor que discutir sobre la constante gravitacional, provocó una reacción negativa, entre la gente de letras y entre personas relacionadas con el negocio de las letras, que bien se podría calificar de «adanismo activo o militante». A grosso modo, la negativa a reconocer «mejoras» en el lector se centraba en tres argumentos: que la lectura no mejora a todo el mundo que lee (y aquí podemos recurrir desde psicópatas con biblioteca, a los pelmas que se llevan un libro a la playa), que la lectura no mejora más que otros «entretenimientos» como la música o el cine, y que una persona que lee no tiene que ser mejor que una persona que no lee, que no se ha «aficionado» a la lectura...…  Seguir leyendo »

Diez lecturas en español

Durante este año el virus ha vampirizado la mayor parte de nuestras conciencias: nos ha chupado la atención, la energía, la sangre. La cultura ha sido un arma decisiva contra ese intento vírico de monopolizar nuestras mentes. La variedad de los libros que se publican en español ha sido un contrapeso del gran tema de conversación —pública e íntima— de 2020. Somos muchísimos los que hemos encontrado apoyo, consuelo, evasión o ideas en nuestras bibliotecas personales y en las librerías de nuestros barrios. Espectros estéticos y temáticos de una amplitud necesaria.

Esta selección posible de diez títulos importantes, de autores y sellos procedentes de diversos países de la lengua, celebra precisamente esa riqueza, esa bibliodiversidad iberoamericana.…  Seguir leyendo »

Cuando era niña, en la Praga comunista los lectores hacían largas colas delante de las librerías. No había tanta oferta de entretenimiento como en los países democráticos y la gente dedicaba mucho tiempo a la lectura. Cuando caminaba de mi casa al colegio, con frecuencia veía colas formándose ya antes de que abrieran las librerías.

Las ediciones de autores como Marcel Proust y James Joyce se publicaban en tiradas de decenas de miles en un país de tan solo 10 millones de checohablantes. Y cuando se publicaba un nuevo libro de Bohumil Hrabal, un escritor que durante muchos años estuvo prohibido por la censura, los ávidos lectores pasaban la noche durmiendo en sacos de dormir en una cola que daba la vuelta a la manzana.…  Seguir leyendo »

El hermano Justiniano

Recuerdo con exactitud las diez cuadras que había entre la casa de los Llosa, en la calle de Ladislao Cabrera, y el colegio de La Salle. Yo tenía cinco años y, sin duda, estaba muy nervioso. Ese día, mi primer día de colegio, las recorrí con mi madre que, incluso, me acompañó hasta el aula y me dejó en manos del hermano Justiniano. Este me presentó a quienes serían mis amigos cochabambinos desde entonces: Artero, Román, Gumucio, Ballivián. Al más querido de ellos, Mario Zapata, el hijo del fotógrafo que había documentado todas las bodas y primeras comuniones de la ciudad, lo matarían de una puñalada, años después, en una picantería de Cala-Cala.…  Seguir leyendo »

No sé si a otros padres y abuelos les pasa lo que a mí, pues mis cinco hijos y el único nieto cercano a la mayoría de edad se propusieron y proponen leer libros de pensamiento; pero algo se lo impide una y otra vez, y tras intentos acompañados por desasosiego o tedio aplazaron el empeño, cuando no lo cumplen con una lentitud que emula la del perezón paraguayo, cuyos movimientos son al parecer los más pausados de vertebrado alguno en el continente americano.

También es cierto que en casa del herrero abunda la cuchara de palo, y por eso me gustaría trascender un círculo limitado a familiares, amigos y conocidos.…  Seguir leyendo »

Hace unos tres años el director de un importante diario latinoamericano con más de siete décadas de brega me confiaba compungido que a la edición de papel de su periódico le quedaban unos pocos años de vida. La revolución tecnológica digital se tragaría al tabloide que, ya para ese entonces, había reducido de manera muy notable el número de sus páginas y la cantidad de ejemplares puestos en circulación.

Esta predicción de un conocedor privilegiado del tema, que cito con cierta frecuencia como ejemplo de las nuevas características de los modos de informarnos que se van imponiendo, se me hizo dramáticamente evidente cuando en un reciente viaje interoceánico indagué si me podían dar un periódico.…  Seguir leyendo »

Según la Academia Americana de Pediatría, un niño norteamericano tiene su primer contacto con una pantalla a los cuatro meses de edad. Hace 50 años, en 1970, lo tenía a los cuatro años. En aquel momento, si un menor de edad escuchaba una palabra cuyo significado no entendía, la respuesta más habitual de un adulto preocupado por su educación era que consultara un diccionario. Eso implicaba buscar el tomo correspondiente, repasar el alfabeto, hallar el vocablo buscado, leerlo en voz alta y conseguir que le tradujeran el lenguaje del diccionario a uno más sencillo de entender para su edad. La repetición de esas búsquedas generaba un hábito que se traducía en entender los libros no solo como fuentes confiables de diversión sino, también, de ilimitado conocimiento.…  Seguir leyendo »

Los peligros de las redes sociales

Somos una sociedad de lectores. La mayoría de nosotros suele leer algo todos los días: un libro, tuits, un artículo, un mensaje de texto. En el subte o en la calle es frecuente ver a alguien inmerso en un texto. Hay, sin embargo, una diferencia vital entre los lectores de este siglo y los del siglo pasado. Y no es el soporte —la edición impresa del periódico, el Kindle o la pantalla del celular—. El cambio es acaso menos obvio, pero sí decisivo, y ha sido provocado por la irrupción de las redes sociales, los epicentros de la información inmediata e incesante.…  Seguir leyendo »

Leer para vivir

Salí el cine electrizado de emoción tras ver El instante más oscuro, donde se narra con maestría la metamorfosis del carisma de Churchill, que alcanza la cima en un tiempo meteórico gracias a su incombustible entusiasmo, su confianza en el pueblo británico, su formidable oratoria y el apoyo de Clementine, su esposa. Con los ojos licuados tentado estuve de ponerme de pie y aplaudir al final, en el célebre discurso parlamentario que alentaba a resistir a todo trance frente a los nazis, pero me contuve no porque me diera vergüenza, sino por no hacérsela pasar a mi mujer. Resulta conmovedora la escena en la que, tras la gelidez inicial motivada por la desconfianza, se anuda una amistad entre el primer ministro y el rey basada en la admiración.…  Seguir leyendo »

Este lunes, 2 de abril, es el Día de la Literatura Infantil y Juvenil. La fecha conmemora el nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen, que mañana cumpliría 213 años. Escribo Andersen y veo al señor tristón que soñaba con conocer España, la España de los románticos y de sus lecturas infantiles, y que el 5 de septiembre de 1862 cruzó la frontera francesa camino de Barcelona. Acababa de llegar a la Fonda (hoy hotel) Oriente, de la Rambla dels Caputxins, cuando vio con horror cómo se desataba una tormenta. De pronto el agua embarrada bajaba de lado a lado de la Rambla, arrastrando de todo: frutas, carros, troncos… Escribió que las olas rompían contra los balcones más bajos y que en las iglesias los sacerdotes decían misa con el agua hasta la cintura. …  Seguir leyendo »

What’s the Right Age to Read a Book?

What was the book that changed your life? How old were you when you read it?

Sometimes I wonder how many great books — even those I have since come to revere — were wasted on my younger self. And not because I wasn’t a devoted reader then (I was), but because sometimes what books have to say can’t get through to us until we are considerably more venerable.

It is one thing to read “The Old Man and the Sea,” for instance, when you are 15 and the world lies ahead of you in all its endless possibility. It is another to read it in middle age, when a few big dreams may have died, and by “a few dreams” I don’t just mean catching a big honking marlin off the coast of Cuba, although sure: that too.…  Seguir leyendo »

Cómo lograr que tu mente lea

Hay personas que no son buenas lectoras. Muchas culpan a la ubicuidad de los medios digitales: estamos muy ocupados en Snapchat como para poder leer, o quizá echar rápidos vistazos en internet nos ha vuelto incapaces de leer prosa de verdad. Pero el problema con la lectura data de fechas anteriores a las tecnologías digitales. El problema no son los malos hábitos de lectura generados por los teléfonos inteligentes, sino los malos hábitos educativos generados por el desconocimiento de cómo lee la mente.

Pero ¿cuán grave es nuestro problema de lectura? La más reciente Evaluación Nacional de Alfabetización en Adultos (de 2003 es un poco antigua) de Estados Unidos ofrece un panorama de la capacidad de los estadounidenses para leer en situaciones cotidianas: cómo utilizar un almanaque para encontrar un dato en específico, por ejemplo, o explicar el significado de una metáfora utilizada en una narración.…  Seguir leyendo »

Soy una devota de los clubs de lectura. Visito muchos de ellos para compartir con sus integrantes un rato de charla sobre un libro, generalmente mío, pero que siempre termina haciéndose extensiva a otros muchos, mis lecturas. No importa en calidad de qué haya sido invitada a asistir, allí siempre me siento, esencialmente, lectora, rodeada de gente que tiene mis mismos intereses. Compartir las emociones que una novela te ha despertado o discutir sobre sus personajes como si fueran seres de carne y hueso es una experiencia de lo más estimulante.

Para los curiosos no iniciados: se trata de una reunión en la que se comenta un libro, generalmente una novela, que todos han leído.…  Seguir leyendo »