Meritocracia

Menosprecio de corte y alabanza de mérito

El disimulo es cosa del pasado. La élite de antaño disfrazaba sus privilegios heredados de trabajo duro; la élite de hogaño reconoce con descaro su falta de mérito y propone, en consecuencia, una sociedad sin mérito. Nunca la meritocracia había estado tan denostada como hoy. Pero el pueblo, que es más razonable que la élite, sabe que es el esfuerzo, y no la cuna, lo que ha de determinar nuestra suerte. ¿Quién jalea a un futbolista que no corre o a un torero que no se arrima?

Eméritos son los profesores que prefieren morir con las botas puestas antes que colgarlas, como eméritos eran los legionarios que batallaron en las guerras cántabras y cuya gloria bautizó el asentamiento -Emerita- que dio lugar a la actual ciudad de Mérida.…  Seguir leyendo »

¿Por qué se habla actualmente de meritocracia? La respuesta rápida es que el concepto constituye un instrumento para reintroducir la lucha de clases en el debate público, utilizando un nuevo ropaje. Primero, ¿qué significa el término? Una de muchas definiciones es que los que obtienen un puesto público merecen su buena situación según el juicio de sus pares. Son los mejores para una tarea concreta. Puede parecer algo evidente que un puesto deba adjudicarse al que mejor pueda cumplir la tarea en cuestión, pero no ha sido siempre así y sigue habiendo países caracterizados por el nepotismo y la corrupción. En Europa, la Revolución Francesa reivindicó la posibilidad para los no nobles de obtener unos puestos estatales antes reservados para los nobles.…  Seguir leyendo »

Los mitos sirven para sustituir una explicación racional o pseudoracional imposible, indeseable o inaceptable. El de la meritocracia no es más que otro mito moderno, utilizado para justificar la injusticia, para legitimar un sistema que abandona a quienes no gozan de privilegios de nacimiento o herencia en pos de quienes en su punto de partida ya gozan de ventajas que serán inalcanzables para el resto.

El mantra ultraliberal del querer es poder, que sitúa al individuo aislado de su contexto social como único responsable de sus designios, ha calado de tal manera en las sociedades modernas que, lejos de crear una corriente imparable de triunfadores, lo que ha generado es culpa, ansiedad, sensación de fracaso y una larguísima lista de problemas derivados de la frustración de no alcanzar tus objetivos.…  Seguir leyendo »

Al progresismo le aporta poco poner la proa contra el concepto de meritocracia. Suena más a fetiche elitista de think tank de pensamiento que a un debate que esté en la calle. Cualquier familia humilde aprecia de sobra que hay clases sociales al encender la televisión o ver pasar un coche de alta gama. Intuye que sus hijos no van a tener las mismas oportunidades, al no codearse con la élite empresarial o diplomática. Y aunque la idea de meritocracia sea al menos un paradigma engañoso, y nada tenga que ver con ello, a los trabajadores tiende a parecerles un insulto lo que suene remotamente a cuestionar su esfuerzo.…  Seguir leyendo »

¿Por qué seguimos creyendo en la meritocracia?

La idea de que vivimos en una sociedad meritocrática es mentira. Si por meritocracia entendemos una sociedad en la que el ingreso y el trabajo se otorgan únicamente en base a los méritos de la persona, la nuestra es una sociedad muy alejada de ese ideal. Estudio tras estudio nos demuestran que el ingreso y la riqueza de los padres influyen enormemente en el ingreso y la riqueza de los hijos. En gran medida, la posición de clase no se gana, se hereda. Entonces, ¿por qué no solo seguimos creyendo que vivimos en una meritocracia, sino que, además, esa creencia ha aumentado en las últimas décadas?…  Seguir leyendo »

La estadounidense Simon Bales presencia la final femenina por equipos de Gimnasia Artística.Alberto Estévez / EFE

En el año 1978 Juan Benet escribió en una tribuna de este mismo periódico, una propuesta de Constitución Española que contenía un solo artículo: A todo ciudadano español se le reconoce el derecho a fracasar. Cuarenta y tres años después, el único artículo de la ideología totalitaria y global que nos gobierna contiene una sola sentencia, justo la contraria: todo el mundo tiene derecho a triunfar. Peor aún, todo el mundo está obligado a ello. Yo me permito añadir que cuanto mayor es el éxito, más difícil es escapar del daño que hace. Como la pobre Simone Biles, que puede volar ante los ojos del mundo pero no tiene alas para escapar de la jaula de su éxito.…  Seguir leyendo »

Les idiots utiles du régime méritocratique

Dans un essai qui fera sans doute date, le philosophe Michael J. Sandel pulvérise l’un des mythes fondateurs américains : la méritocratie. Cette idée selon laquelle, notre place dans la société, dans une organisation, ou nos succès et nos revenus sont le produit de nos talents, de nos efforts et de notre engagement. Non seulement le régime méritocratique ne tient-il pas ses promesses, nous rappelle-t-il, mais il est gangréné par deux maux : il occulte le rôle du hasard et des circonstances dans le succès ou les échecs et il promeut une éthique délétère. C’est ce dernier point sur lequel Sandel s’attarde.…  Seguir leyendo »

Cuando Karl Jaspers le reprochó a su amigo Martin Heidegger sus devaneos con el nazismo y que justificase que un hombre tan poco preparado como Hitler pudiera gobernar Alemania, el filósofo más reputado del lugar le contestó sin inmutarse: «La cultura no importa, mira sus maravillosas manos». Con esta cínica respuesta, Heidegger puso el dedo en la llaga de los regímenes representativos y redujo a cenizas el papel que en ellos juega la racionalidad. La preparación no cuenta cuando la mera suma de las voluntades o el cómputo de votos constituyen la categoría esencial de la democracia.

La quiebra del parlamentarismo durante el primer tercio del siglo XX está estrechamente relacionada, por mucho que se ignore, con la extensión del sufragio y el advenimiento de la democracia de masas.…  Seguir leyendo »