Movilidad

Je marche dans la rue et je me remémore l’aphorisme de Lao-tseu dans le Tao-tö-king : « Un voyage de mille lieues commence toujours par un pas. » Ces pas tranquilles auraient été, il y a peu, déconsidérés. On les aurait trouvés lents, maladroits, obsolètes. On aurait cherché une alternative, vélo, skateboard, gyropode à une ou deux roues, trottinette mécanique ou électrique. Maintenant, chacun sait que la marche est le cœur de tout déplacement. Sans elle, les voyages n’existeraient pas, tout simplement.

Entre-temps, avec la fin de la « société automobile », le monde de la mobilité et même nos manières d’habiter le monde ont profondément changé.…  Seguir leyendo »

Las bicicletas eléctricas y los scooters están pagando los platos rotos. Preocupaciones por fatalidades de tránsito, peatones aterrorizados y una anarquía urbana han llevado a un creciente coro de políticos y analistas de medios a la conclusión de que, directamente, se debería prohibir la tecnología. Pero estos críticos no entienden el punto. Las opciones de transporte pequeñas, portátiles y eléctricas son una enorme oportunidad para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, evitar los congestionamientos de tránsito y aliviar la frustración humana.

Un scooter que hace un promedio de 16 kilómetros por día produce 3.500 gramos menos de dióxido de carbono que un auto que recorre la misma distancia.…  Seguir leyendo »

El animal humano ha envidiado siempre las alas que no tiene, pero sin apagar nunca el deseo de convertirse en topo. Aunque erigir ciudades implica jugar con la fantasía de ascender al cielo (bien tomándolo por asalto o bien, como quiere una irreverente metáfora, rascándolo), la ciudad no sería nada sin sus propias profundidades: las catacumbas, las alcantarillas, las bodegas subterráneas y los pozos negros son, en efecto, tan urbanos como los tejados, las agujas, los pararrayos y las veletas. En un misterioso pasaje, Dostoievski hace decir a su “hombre del subsuelo” que San Petersburgo es “la ciudad más abstracta de todo el globo terráqueo”.…  Seguir leyendo »

El paseante ciudadano ya no existe, al menos en las grandes ciudades. El ruido, el deterioro del medio ambiente, la congestión de las aceras, los olores despedidos por alcantarillas y otros desagües urbanos, las obras continuas, la inseguridad …hace tiempo que el paseante mutó en peatón, y este consiguió unos derechos. Las aceras se erigieron en su reino indisputable, y los pasos de cebra en su derecho inalienable. Incluso las ciudades se llenaron de árboles, se abrieron algunos parques y se cerraron crecientes espacios al tráfico. La era dorada del peatón. En urbes como París se pusieron de moda los «pasajes bellos» que unen y embellecen patios y espacios interiores, y en otras como Londres, Berlín o Barcelona proliferaron los hubs tecnológicos, todos ellos amistosos con el peatón.…  Seguir leyendo »