Muerte

More and More, I Talk to the Dead

After my mother died so suddenly — laughing at a rerun of “JAG” at 10 p.m., dying of a hemorrhagic stroke by dawn — I dreamed about her night after night. In every dream she was willfully, outrageously alive, unaware of the grief her death had caused. In every dream relief poured through me like a flash flood. Oh, thank God!

Then I would wake into keening grief all over again.

Years earlier, when my father learned he had advanced esophageal cancer, his doctor told him he had perhaps six months to live. He lived far longer than that, though I never thought of it as “living” once I learned how little time he really had.…  Seguir leyendo »

Intenté decirle a mi madre que se iba a morir en tres ocasiones. Las dos primeras no salieron del todo bien. Ella me preguntaba y yo le explicaba que tenía difícil solución, que la quimioterapia no estaba funcionando, que las metástasis eran muy agresivas... pero al mismo tiempo encogía los hombros, dejaba la incertidumbre, la posibilidad de una salida. Aunque sentía la determinación de decirle la verdad, llegado el momento me cogía el vértigo, como si la estuviera arrojando a un vacío cósmico.

La tercera vez fue la definitiva. Mamá llevaba días recibiendo cuidados paliativos en casa, a nuestro cargo, en una situación muy dura para todos.…  Seguir leyendo »

El calendario roto, los abuelos fantasma

Esta vez no habrá aviones. Ni pasaportes, ni colas kilométricas para superar los controles de seguridad, ni una maleta enorme cuyas ruedas se trastabillan en cualquier resquicio con la que pelearme, si es que no se había perdido durante el trayecto. En la historia no contada de los que nos marchamos a buscarnos las castañas a otro país, las Navidades siempre actuaron como un paréntesis de azúcar familiar —a menudo algodonada, pues casi no cabían las disputas en nuestra condición de visitantes— a partir del cual intentar en vano recuperar las raíces. Ahora, que he retornado por fin para quedarme, después de más de una década en Estados Unidos, puedo afirmar con la cabeza alta que esa provisionalidad de la invitada se acabó, con su trasiego de burocracia y encabalgamiento de medios de transporte —taxi, avión, autobús…—, pero que, cuando una pensaba haberse desprendido de los paréntesis puntuales, se encuentra con un fenómeno más desasosegante aún, la elipsis que nace entre la fecha de la emigración (2009 en mi caso) y la de llegada final, y aquí, en dicho suspiro de tiempo, es donde se juega la incapacidad de hilar la vida de antes y la vida de ahora, de aunar las dos como se cosen ambas orillas de una herida: imposible.…  Seguir leyendo »

El Cartel de Santa es una banda de rap de Nuevo León que pasa de los 10 millones de suscriptores en YouTube, y uno de sus hits más sonados está dedicado a la Santa Muerte: “Por protegerme y proteger a toda mi gente / Por ser justa entre las justas / Por dejarme seguir vivo / Por darme la fuerza para castigar al enemigo/Por la bendición a mi fierro pulso certero / Y por poner a mi lado una jauría de fieles perros…”

Suena a oración de narcos, pero los devotos de la Santa Muerte son muy diversos, la mayor parte pobres y desamparados.…  Seguir leyendo »

Catrinas del Día de Muertos en Albuquerque, Nuevo México, el 26 de noviembre de 2019. (Adria Malcolm para The Washington Post)

Tiempo de residencia es un término que se utiliza en diversos campos para determinar la persistencia de una substancia en un estado de absorción, suspensión o disolución. El tiempo de residencia de las moléculas de agua, por ejemplo, varía bastante dependiendo del medio: una semana en el cuerpo humano, dos semanas en un río, 4,000 años en océanos y mares, y hasta 10,000 años en glaciares y permafrost. Anne Gardulski, profesora en el Departamento de Ciencias de la Tierra y el Océano de la Universidad de Tufts asegura que la sangre humana, compuesta de sales y de sodio, tiene un tiempo de residencia de 260 millones de años.…  Seguir leyendo »

A mass burial in Bucha, Ukraine, this month. Lynsey Addario for The New York Times

Recently, one of the companies in our battalion returned from a mission in eastern Ukraine. When we saw our comrades a month earlier, they were smiling and cheerful. Now they don’t even talk to each other, never take off their bulletproof vests and don’t smile at all. Their eyes are empty and dark like dry wells. These fighters lost a third of their personnel, and one of them said that he would rather be dead because now he is afraid to live.

I used to think I had seen enough deaths in my life. I served on the front line in the Donbas for almost a year in 2015-16, and I witnessed numerous tragedies.…  Seguir leyendo »

Las redes sociales tienen varios beneficios para sus usuarios. Por una parte, les proporcionan la ocasión de definir su identidad: política, sexual, cultural, emocional… y hacerla visible. Mediante esa visibilización consiguen una inscripción digital: se dan a ver y existen en esa realidad virtual de la misma manera que todos nos inscribimos en el patrón de nuestro pueblo o ciudad para que quede constancia de nuestra identidad y de nuestra existencia.

Por otra parte, y ligado a lo anterior, las redes les dan la oportunidad de pertenecer a una comunidad de internautas con la que comparten esa identidad. Pero además, la conexión a internet requiere del cuerpo físico –más allá de las imágenes o la palabra– y eso produce por sí mismo una satisfacción.…  Seguir leyendo »

Hace no mucho, cuando alguien moría, las señales de su paso por este mundo solo permanecían en la memoria de sus seres queridos. También en álbumes de fotos o cartas, a veces en diarios si al difunto le gustaba escribir, y sobre todo en esa presencia extraña de los objetos cuando sobreviven a sus dueños, unos objetos que revelan, con su flagrante falta de uso, el absurdo de un mundo que continúa sin nuestros seres amados. Y es que la vida, de súbito, es menos vida, pues una parte sustantiva desaparece con las personas que antes formaban parte esencial de ella: madre, padre, pareja, hijo, amigo.…  Seguir leyendo »

En los últimos años, la muerte penetra en nuestra vida con una frecuencia y un volumen insoportables. La muerte es el destino ineludible de cada nacido, y el momento de morir, quizá, el más importante de nuestra existencia.

Hace unas semanas, el escritor Luis Mateo Díez visitó mi clase. Una de mis alumnas le preguntó por la muerte. Él contestó que en sí no era un problema, que podía ser algo feliz, ¿acaso no lo demostró Tolstói en su genial novela La muerte de Ivan Illich? Lo complejo es cómo morir. Las muertes repentinas y violentas, fuera de tiempo, nos trastornan ferozmente, nos enfrentan a un azar terrible y engañoso.…  Seguir leyendo »

Joan Didion y su marido, el escritor John Dunne, en una foto de 1977.

En Islandia, a la carretera principal que recorre el país la llaman Ring Road porque tiene forma de anillo. Esta curiosa forma responde al hielo y a la propia geografía, que hacen inaccesibles determinados puntos, pero también a la supuesta existencia de los elfos, criaturas de las leyendas y el folclore islandés a los que se conoce también como la gente oculta o escondida. Pasar por sus dominios sería molestarlos y nadie quiere molestar a los elfos. Así pues, podríamos decir que la principal carrera islandesa está construida teniendo en cuenta algo que no se ve, criaturas que habitan dominios remotos y quizás inexistentes, pero que configuran la realidad.…  Seguir leyendo »

Estos días recordaba —aunque recordar es un verbo muy tramposo— el entusiasmo del mundo en diciembre de 1967, cuando un cirujano sudafricano, Christiaan Barnard, logró el primer trasplante de corazón de un hombre. Gozábamos: los medios de tantos sitios mandaron periodistas, chicos y grandes seguíamos la historia por la televisión, la comentábamos, nos embobábamos, nos regocijábamos. Barnard se hizo famoso y su paciente, Louis Washkansky, también, pese a su nombre. El hombre estaba a punto de llegar a la Luna y parecía que le quedaban pocos límites: ponerle a uno el corazón de otro era un logro asombroso, la demostración de que, gracias al progreso, todo o casi todo era posible.…  Seguir leyendo »

El director de cine Jean-Marc Vallée.

¿Qué harías tú si te dijera un médico que te queda un mes para “poner tus cosas en orden”? 30 días: eso es todo. Después, la nada; o el cielo. Lo que haya.

Lo de montar en globo es un clásico demasiado usado y, además, en realidad no es para tanto. Mucho mejor la caída libre.

Visitar algún país que siempre quisimos conocer, pero que por alguna causa resultó imposible, parece una gran alternativa. Pero tal y como están las cosas ahí fuera gracias a la variante ómicron, y a la inoperancia de los Gobiernos, no parece lo más oportuno. Igual te pasas la mitad de tu último mes en cuarentena.…  Seguir leyendo »

Dicen que en un tiempo no muy lejano, existirán en Facebook más perfiles de muertos que de vivos. Que la red se convertirá en una especie de Walking Dead, o más bien de Surfing Dead, donde navegaremos entre zombis, como en una jornada en el río Ganges.

El face me recuerda hoy tu cumple, cómo olvidarlo. Las cuentas conmemorativas serán legión, el cielo prometido se tornará azul Facebook, construyéndose una nueva forma de inmortalidad.

Siempre estarás en nuestros corazones porque nunca te has ido. Hace ya un tiempo que las redes sociales vienen robándole protagonismo a Dios, se han convertido en las principales competidoras de la Iglesia.…  Seguir leyendo »

Anciano apenado (En la puerta de la eternidad), (Vincent Van Gogh, 1890). Wikimedia Commons / Kröller-Müller Museum

Si hay un proceso que rige al ser humano desde su nacimiento es sin duda la muerte. Junto con la llegada a este mundo, nuestra partida es el único hecho inevitable al que todos y cada uno de nosotros estamos predestinados. A pesar de esto, la negación de la muerte como proceso vital y certero es recurrente. Y eso la ha convertido en el tema por excelencia a eludir. El gran tabú.

Pese a todo, algunos autores subrayan que la muerte, tanto la de terceras personas como la propia, puede llegar a ser una de las experiencias más significativas y con más sentido en la vida del ser humano.…  Seguir leyendo »

Sister Aletheia inside the Daughters of St. Paul’s burial chapel in Boston. Many women in the order are active on social media, using variations on the hashtag #MediaNuns

Before she entered the Daughters of St. Paul convent in 2010, Sister Theresa Aletheia Noble read a biography of the order’s founder, an Italian priest who was born in the 1880s. He kept a ceramic skull on his desk, as a reminder of the inevitability of death. Sister Aletheia, a punk fan as a teenager, thought the morbid curio was “super punk rock,” she recalled recently. She thought vaguely about acquiring a skull for herself someday.

These days, Sister Aletheia has no shortage of skulls. People send her skull mugs and skull rosaries in the mail, and share photos of their skull tattoos.…  Seguir leyendo »

Where Do the Dead Go in Our Imaginations?

In the west of Ireland, in County Mayo, where my mother lives, there’s a lovely tradition of attributing words or phrases to people. If they are dead, you add an acknowledgment after their name along the lines of “May the Lord have mercy on their soul.”

I love how this reignites the spirit of a deceased person you may or may not have known. You can build an entire sense of someone you never met from hearing their expressions. And for those who knew them, that person can live again in the utterance of those sayings.

From a young age, I’ve had to contemplate death.…  Seguir leyendo »

Eran la generación de la guerra y la posguerra. Eran los que vivieron la infancia, la adolescencia o la juventud en los momentos más difíciles de la historia de este país; los hijos de aquella larga resaca de la locura, la delación y la sangre; los que se quedaron huérfanos o empobrecidos o desarraigados por las tragedias que vivieron sus familias en la contienda; los que empezaron a trabajar con catorce años y donde podían hacerlo, sin derechos de ninguna clase. Eran los españoles de las cartillas de racionamiento; los que madrugaron y se movieron en una realidad sórdida de isocarros renqueantes y trenes con plazas reservadas para caballeros mutilados; los que luego fueron viendo, en los siguientes años, mejorar, levantarse poco a poco, día tras día, una nación devastada; los que levantaron España de sus ruinas sin permitirse el odio ni hablar de política ni echar la culpa a nadie de su suerte.…  Seguir leyendo »

Miedo y lenguaje de guerra

He cruzado el Atlántico tres veces durante la pandemia. En cada ocasión he padecido un miedo intenso, durante los días previos al viaje y durante el viaje mismo. El virus es la amenaza de la muerte. Y a la muerte se le teme por encima de todo.

No tengo un recuerdo claro de cuándo sentí por primera vez miedo a la muerte. Procedo de una sociedad en la que, en las últimas cuatro décadas, la violencia en la calle —primero en forma de guerra civil y luego en forma de maras y crimen— ha cobrado decenas de vidas diariamente, una sociedad peligrosa precisamente porque la muerte está siempre a un paso, donde nunca se deja de tener miedo a la muerte, pero donde también se aprende a convivir con ese miedo, quizá a costa de la salud o del equilibrio mental y emocional.…  Seguir leyendo »

A man ties a white ribbon to a fence at a cemetery in Colombo, Sri Lanka, on Dec. 23 to protest the government policy of forced cremations of Muslims who die of covid-19. (Lakruwan Wanniarachchi/AFP/Getty Images)

One of the most difficult things about the covid-19 pandemic has been the disruption of the ways in which we mourn. People have been unable to spend time with their loved ones in their dying moments, having to make do with a last glimpse over FaceTime instead. And as hospitals become overwhelmed, the waitlist for a plot to become available at a cemetery grows. For Muslims, this can be especially difficult, as Islam mandates that bodies be buried as soon as possible.

Losing loved ones and not being able to honor them with the usual religious rites and customs are hard enough when due to the logistics of an overburdened hospital system.…  Seguir leyendo »

Consérvate bueno. Con estas palabras se despide Séneca de su discípulo Lucilio en todas sus epístolas. Al menos así lo recoge la edición de Planeta que leíamos nosotros. En Gredos inexplicablemente decidieron eliminarlas, sustrayendo con ellas el latido del afecto hacia el que es corresponsal, pero también amigo. Fueron estas Cartas las que llevé al salón la última tarde en que mi padre aún tenía energía para comunicarse, en ese descanso de paliativos para volver a un hogar que, sin él, pronto sería otro. Charlamos de ambas traducciones, de lo que implicaban sus diferencias y, cómo no en esos días —de que más podíamos conversar si no—, de las despedidas: hablando de nosotros a través de todo lo demás.…  Seguir leyendo »