Muerte

Consérvate bueno. Con estas palabras se despide Séneca de su discípulo Lucilio en todas sus epístolas. Al menos así lo recoge la edición de Planeta que leíamos nosotros. En Gredos inexplicablemente decidieron eliminarlas, sustrayendo con ellas el latido del afecto hacia el que es corresponsal, pero también amigo. Fueron estas Cartas las que llevé al salón la última tarde en que mi padre aún tenía energía para comunicarse, en ese descanso de paliativos para volver a un hogar que, sin él, pronto sería otro. Charlamos de ambas traducciones, de lo que implicaban sus diferencias y, cómo no en esos días —de que más podíamos conversar si no—, de las despedidas: hablando de nosotros a través de todo lo demás.…  Seguir leyendo »

La consideración de la muerte como un momento sagrado y la atención reverencial hacia las últimas palabras del moribundo constituyen un tópico compartido por las diferentes civilizaciones. En Occidente conecta con el mito del canto del cisne, creencia que se remonta a la Antigua Grecia, según la cual poco antes de morir los cisnes cantan una bella canción. El mito, que ya aparece en Esopo, ha dado lugar desde entonces a bellísimas manifestaciones culturales de todo tipo. «Como el blanco cisne/ que envuelta en dulce armonía/ la dulce vida despide», escribió nuestro Góngora.

Las últimas palabras de Cristo en la Cruz -las siete últimas palabras- han sido y son para los cristianos objeto de veneración constante, pues han leído en ellas un epítome desgarrador y perfecto de su doctrina.…  Seguir leyendo »

Resuena en nuestros oídos, una y otra vez, la letanía de cifras: cada día engullimos la cotidiana ración de estadísticas. Las tablas —sus dientes serrados con picos y valles, sus números desnudos— abruman la mirada y ocultan los rostros. El aluvión de cómputos enfría la tragedia o, peor aún, celebra desoladores avances medidos en porcentajes, en exitosos descensos, cuando solo se registran 100 o 40 o 20 fallecimientos. ¿Cuántos son pocos muertos? ¿Cuántos son demasiados?

En la literatura de nuestros antepasados, palpita un sentimiento muy diferente hacia el duelo. La Ilíada se detiene con emoción y temblor ante cada muerte. Cuando un guerrero cae desplomado, encuentra siempre en Homero un homenaje, una pausa apesadumbrada.…  Seguir leyendo »

1 de noviembre (Día de Todos los Santos). 2 de noviembre (Día de los Fieles Difuntos). Como ya sabía el filósofo francés La Rochefoucauld en el siglo XVII, ni el sol ni la muerte pueden mirarse fijamente; por eso, durante las primeras horas de cada mes de noviembre, las tumbas y los nichos de los cementerios se llenan de rosas, lirios y crisantemos.

Cuando murió Ángeles, la mujer de Miguel Delibes, las persianas de la casa permanecieron varios días bajadas. Una de las hijas, entonces una niña, recuerda: “Fue horroroso; no podíamos ni cantar. No querías volver del colegio”.

Aunque nos digan que los niños —como los animales— no sepan que van a morirse, no es cierto.…  Seguir leyendo »

La muerte no es la medida de todas las cosas. Pero la forma en que tratamos a los muertos dice qué pensamos de los vivos. Arrastraba un libro de Adorno (Minima moralia exige dosis agudas de atención) desde hace años y vino a verme cuando la pandemia empezó a golpear España como una galerna de granito. Sus palabras parecían encerrar algo más que una coda para los que se iban a miles y en silencio: “Sólo una humanidad a la que la muerte le resulta tan indiferente como sus miembros, una humanidad que ha muerto, puede sentenciar a muerte por vía administrativa a incontables seres.…  Seguir leyendo »

Mi padre murió a finales de noviembre, después de años de una larga y agónica enfermedad. Cuando le diagnosticaron demencia con cuerpos de Lewy, vino a verme a Madrid. “Tenemos que hablar de la muerte”, me dijo. Y no de una muerte cualquiera, sino de la suya. No estaba preparada para tener esa conversación e hice lo posible para eludir el tema. Como si no hablar de ello pudiera evitarlo. Como si el diagnóstico de una enfermedad incurable y degenerativa no fuera definitivo. Imaginé que mi padre quería hablar de la herencia, de que su demencia progresaría y hasta cuándo merecía la pena seguir vivo.…  Seguir leyendo »

Una de las muchas fechorías de Sísifo fue encadenar a la Muerte cuando esta vino a buscarla. Durante tres días la tuvo presa. Nadie podía morir. El inframundo se quedaba vacío y la Tierra se asfixiaba bajo el peso de los vivos. Como dignos descendientes de Sísifo, también nosotros nos resistimos a morir. No entendemos que la muerte no es la cara opuesta de la vida, sino aquella parte suya que la sostiene y la hace posible. Sin muerte no hay vida. Todo ser vivo se alimenta de otros y crece en el espacio que otros desalojan. Que en el universo (y en política) las fuerzas opuestas no son contrarias (ni enemigas) sino complementarias es algo que, desde Parménides, tenemos dificultad para entender.…  Seguir leyendo »

Pienso mucho en cómo narraremos estos días de los que venimos. Qué palabras encontraremos, cuáles elegiremos, de qué manera las usaremos; qué narrativas darán cobijo a lo que todavía hoy, aquí delante de la pantalla del ordenador, hace que siga siendo imposible encontrar las palabras justas o adecuadas para la multitud que no deja de murmullar aquí dentro. Escribo y por el cuaderno merodean hormigas, estos días he puesto la mesa de trabajo justo delante de la huerta. Aquí, mi única compañía trabajando son las patatas y las calabazas, también alguna mirla que cruza demasiado cerca, con un insecto en la boca llamando a las crías que se esconden en los arriates debajo de los setos, indecisas todavía para volar y dependiendo de los padres que siguen cuidándolos como si siguieran en el nido.…  Seguir leyendo »

En Francia, la muerte ha sido durante mucho tiempo motivo de enfrentamientos violentos, hasta que, tras la proclamación del Edicto de Nantes, Enrique IV defendió la separación de los cementerios por confesión religiosa después de que los difuntos musulmanes fueron rechazados en los cementerios católicos. La Revolución Francesa transformó los cementerios parroquiales en cementerios organizados en función de la fe del colectivo de creyentes. La aprobación de las leyes laicas de 1881 y 1884 pusieron fin a esta obligación de los municipios de separar los difuntos en función de su creencia religiosa o de las circunstancias del fallecimiento. Más tarde, la ley del 28 de diciembre de 1904 se consideró un acto de gracia que despojó a los religiosos católicos del monopolio sobre los cementerios municipales, favoreciendo a la creación de cementerios para minorías religiosas.…  Seguir leyendo »

Hasta la década de 1920 o 1930, según los países, la difteria fue la enfermedad temida. Perseguía a los niños, adolescentes y ancianos, después de un comienzo que, según las crónicas médicas, se parecía bastante al de la infección por coronavirus. Mi madre, que estaba muy lejos de ser una sentimental, nunca pudo olvidar la muerte de su mejor amiga, ahogada por la infección y las secreciones. Cada vez que pasábamos por la que había sido la casa de esa amiga, la memoria se imponía sobre el presente. Escuché decenas de relatos de su última visita a esa agonizante muchacha de 20 años, que hasta el final mantuvo, con la fuerza de la juventud, la esperanza de salvarse.…  Seguir leyendo »

Una fila de personas espera para entrar a una tienda en Sunset Park, en Brooklyn, un vecindario con una de las comunidades mexicanas e hispanas más grandes de la ciudad, el 5 de mayo. Credit Bebeto Matthews/Associated Press

No va a ser fácil que entierren a Basilio Juárez Pinzón en Cuautla, México. Es caro, complicado, lleno de requisitos burocráticos y más aún cuando hay que trasladar sus cenizas desde Nueva York en medio de la pandemia.

Tuvo que pasar un mes y cuatro días para que Félix Pinzón pudiera incinerar los restos de su hermano Basilio, de 45 años y quien contrajo el virus en Nueva York. Las funerarias de la ciudad no se daban a basto. Y todavía no tiene el acta de defunción. Así no lo puede repatriar aún a México.

Más de mil mexicanos han muerto en Estados Unidos por la pandemia y muchos de ellos no querían que los enterraran aquí; tenían, con sus amigos y familiares, un acuerdo tácito: si me muero en Estados Unidos, llévenme a México para enterrarme.…  Seguir leyendo »

Una fila de personas espera para entrar a una tienda en Sunset Park, en Brooklyn, un vecindario con una de las comunidades mexicanas e hispanas más grandes de la ciudad, el 5 de mayo. Credit Bebeto Matthews/Associated Press

Making burial arrangements for Basilio Juárez Pinzón in the Mexican city of Cuautla won’t be easy. It will be expensive, complicated and painfully bureaucratic, mainly because his ashes will have to be transported from New York City in the middle of a pandemic.

It took Félix Pinzón, Basilio’s brother, one month and four days to make arrangements for the cremation of the body on May 4. Basilio had died from Covid-19 at the age of 45. Unfortunately, with funeral homes in New York City overwhelmed and with Félix Pinzón lacking a death certificate for his brother, he still hasn’t been able to repatriate Basilio’s ashes to Mexico.…  Seguir leyendo »

El derecho a la vida y a la integridad física y moral tienen naturaleza basal y primaria, en tanto que la afirmación de los demás derechos sólo tiene sentido a partir del reconocimiento de aquéllos. Esa prevalencia ontológica tiene su reflejo constitucional en la ubicación en que se produce este reconocimiento: nada menos que en el primer artículo de la Sección Primera del Capítulo II del Título I, sección que constituye el núcleo central de la declaración constitucional de derechos, es decir, en la que se ubican los derechos que gozan del máximo nivel de protección jurídica.

Este derecho ha sido contemplado, a nivel supranacional, en todas las compilaciones normativas, desde la Declaración Universal de Derechos Humanos de 10 de diciembre de 1948 (artículos 3 y 5) al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 19 de diciembre de 1966 (artículos 26 y 27), pasando por la Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes de 10 de diciembre de 1984; los Principios básicos para el tratamiento de los reclusos de 17 de diciembre de 1990; los diversos Convenios y Protocolos de Ginebra sobre heridos, enfermos, población civil, víctimas o prisioneros en tiempo de guerra; la Convención sobre la esclavitud de 25 de septiembre de 1926; el Convenio sobre la abolición del trabajo forzoso de 25 de junio de 1957; el Convenio para la prevención y sanción del delito de genocidio de 9 de septiembre de 1948; la Convención sobre la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de los crímenes de lesa humanidad de 26 de noviembre de 1968; el Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena de 2 de diciembre de 1949 o los Principios relativos a una eficaz prevención e investigación de las ejecuciones extralegales, arbitrarias o sumarias de 24 de mayo de 1979.…  Seguir leyendo »

Antígona es un mito que oculta en su textura una mordiente ironía. Morir por salvar una vida tiene su lógica, pero no parece tenerla morir por enterrar a alguien, y sin embargo la tiene, pues el entierro y el duelo son, además de ceremonias, procedimientos psicológicos necesarios. Entre los antiguos griegos el duelo solía durar tres días regidos por el silencio, que ayudaba a internalizar la figura del muerto. Tras el duelo se celebraba un banquete, que tendía a ser muy alegre.

El proceso por el que pasa Antígona ilustra perfectamente tanto las vicisitudes de un duelo como las perturbaciones por no llevarlo a cabo.…  Seguir leyendo »

La plaga del coronavirus, como otras epidemias que han diezmado la humanidad, es, además de cruel y feroz, triste. Y entre las mayores penas causadas por este virus, la soledad de enfermos, agonizantes y fallecidos. Soledad en los lechos de vida o muerte de los hospitales combatida por médicos, enfermeros, militares y sacerdotes, con la alegría del paciente recuperado y la aflicción por cada deceso. Soledad en casa de quien afronta aislado la cuarentena o, peor, la enfermedad, la fiebre, el desconsuelo y la incertidumbre. Soledad de ancianos abandonados en lúgubres residencias. Soledad que evoca la rima de Bécquer «Dios mío, qué solos se quedan los muertos.…  Seguir leyendo »

El trabajador de un cementerio municipal pen Guayaquil, Ecuador, en abril de 2020Credit...José Sánchez/Agence France-Presse — Getty Images

El coronavirus está transformando nuestra vida y nuestra muerte a velocidad de contagio.

En Italia se cerraron los cementerios y se prohibieron los funerales. En Perú solo cinco personas tienen derecho a ir al entierro, dos, si es cremación. En Estados Unidos se inauguran servicios funerarios transmitidos en internet o grabados para cuando la familia pueda hacer el duelo. Las despedidas de enfermos graves a sus seres queridos son a través de videollamadas.

El nuevo orden mundial regido por el virus que se contagia con el contacto nos impone velorios remotos, breves, higiénicos, individualizados, sin abrazos, condolencias al oído ni lamento colectivo, sin lágrimas presenciales y sin difuntos como protagonistas.…  Seguir leyendo »

La prohibición del dolor

El ser humano amén de la conciencia de su propia mortalidad, ese descubrimiento a la vez terrible y liberador, que le confiere precisamente esa humana condición, lleva impreso en él dos rasgos, contrarios y únicos, que lo diferencian de cualquier ser vivo. Sólo él es capaz del odio asesino, la Naturaleza es homicida, pero es inocentemente homicida, contra sus propios congéneres. Es el diablo humano, el mal, pero al tiempo es también único en la antípoda de la maldad, el único ser capaz de la compasión. El que ampara a otros hombres que, por malformación, carencias físicas, accidente, edad, sin la ayuda del grupo humano, no habrían podido sobrevivir, y que arriesga y hasta pierde su vida por salvar la de un semejante o incluso por tan solo rescatar su cadáver para poderle dar tierra y honrar su memoria.…  Seguir leyendo »

Morir solos

Entre las muchas situaciones dolorosas que estamos viviendo en esta pandemia hay una que a mí me impacta sobre las demás: los enfermos muriendo solos y los familiares padeciendo un gran sufrimiento por no poder acompañar y despedirse de sus seres queridos. La urgencia de no exponerse al contagio es tan grande que en general ni siquiera se les deja acercarse a la persona moribunda. Si hubiera trajes de protección para todos y no tanta saturación hospitalaria, quizás podría hacerse de otro modo, pero la realidad es la que es y el acompañamiento presencial no está permitido, excepto al personal sanitario que se desvive por los pacientes.…  Seguir leyendo »

Después de que Louis Pasteur, padre de la microbiología, demostrase la teoría germinal de las enfermedades infecciosas y desarrollase importantes vacunas, creímos haber acabado con las “pestes” que atemorizaron al mundo a lo largo de los siglos: desde las plagas de Atenas en el siglo V antes de Cristo a la larga peste Antonina que arrasó 15 años del gran siglo II romano; desde las pestes bubónicas de la Edad Media (la de 1347 se cobró 35 millones de vidas humanas) a la viruela de los aztecas que diezmó su población hasta un 80%; y desde las pestes que asolaron a Europa, de norte a sur y de este a oeste, en los siglos XVII y XVIII, en los que aparecen también las sucesivas pandemias de cólera.…  Seguir leyendo »

Aproximadamente una de cada cuatro personas mayores desarrollará demencia. Muchos de ellos serán torturados por un médico. Lo sé porque soy uno de esos doctores.

Recientemente torturé a una mujer de 88 años con demencia avanzada, que no sabía ni su propio nombre. Al igual que otros pacientes con demencia avanzada, sufría de incontinencia, agresividad, inmovilidad, dolores y más. Su calidad de vida era pésima.

Su familia —hija, yerno y nieto— la llevó al hospital donde trabajo porque tenía fiebre alta y estaba más confundida que de costumbre. Yo sabía que ella estaba próxima a morir.

A las familias que cuidan los últimos días de un pariente siempre les hago la misma pregunta: “¿Quieren que realicemos procedimientos que pueden ser dolorosos y que no mejorarán su calidad de vida?…  Seguir leyendo »