Sociedad

Los crímenes pueden ser pasionales y las lecturas apasionantes. También cabe ser un apasionado del canto gregoriano o de las peleas de gallos, e incluso de ambas cosas a la vez. Lo tocante a la pasión es variable y ambiguo, y abarca desde lo más delicado hasta lo más cruel. Aunque a menudo se entiende por pasión lo mismo que por sentimiento y por afecto, otras veces no es así. Tampoco la relación entre pasión y emoción es fácil de desentrañar, y el que, duplicando lo recién visto, pueda hablarse de lo emocional y lo emocionante y de estar alguien emocionado no debería invitar a un paralelismo perfecto (baste con pensar en lo emotivo, imposible de asimilar a lo pasivo).…  Seguir leyendo »

La gente que ya no ve la tele

Tan antigua como la propia televisión es una categoría de espectador que no se agota nunca: las personas que dicen que ya no ven la tele. Están en todas las familias, en todas las cenas de trabajo, en cualquier primera cita. No son personas que simplemente no vean la tele, como las que no hacen paddle o las que no leen biografías. Las de esta categoría son personas que advierten, siempre que pueden, que ya no ven la tele. Llevan el adverbio grapado en la lengua. ¿Unos amigos en una cena describen un programa nuevo en el que los tertulianos van completamente desnudos?…  Seguir leyendo »

Tener perspectiva

La vida es la gran maestra y la experiencia la gran educadora. Vivir es aprender. Vivir es hacer algo que merezca la pena con la propia vida, algo positivo, cada uno según sus posibilidades y puntos de partida. Y lo más grande es poner amor e ilusión en las tareas que uno lleva hacia delante. Vivimos en un mundo que ha entronizado el hic-nunc: aquí y ahora; o el llamado hodie-nunc: hoy y ahora. Ambos significan la cultura del instante o, dicho de otro modo, la idolatría de la inmediatez. Todo se ha vuelto rápido, vertiginoso, urgente. Es una especie de culto polimorfo a la fugacidad.…  Seguir leyendo »

En sus estudios sobre la sociología del cuerpo, Le Breton expuso con gran éxito la idea de que la técnica y la ideología estaban construyendo la nueva corporalidad de la Modernidad. Más restringida la velocidad del cambio por condicionantes éticos que por barreras tecnológicas, el cuerpo humano escapaba de su condición natural y dejaba progresivamente de ser un cuerpo orgánico para convertirse en un cuerpo plástico, protésico, digital, cibernético y, finalmente, inmaterial. De golpe y sin previo aviso, esta perspectiva parece haberse esfumado. A causa de la pandemia de la covid-19, las insuficiencias de la técnica y de la estructura productiva se han hecho patentes y la penuria de simples equipos de protección ha echado por tierra el sueño de la inmortalidad cibernética.…  Seguir leyendo »

He pasado muchos años defendiendo la dignidad de los pacientes, frente a terceros y frente a ellos mismos, cuando han querido atentar contra su propia dignidad. Hoy no me centraré en la dignidad ontogénica, la que tenemos todos los seres humanos por naturaleza, sino sobre la dignidad adquirida, aquella que ganamos a lo largo de nuestra vida y que crece en función de nuestros actos, elevándonos como hombres o mujeres, o enterrándonos en abismos insospechables, haciendo que la perdamos, llevándonos a la indignidad.

Esta degradación se produce cuando atentamos contra sus pilares básicos: la libertad, la verdad, la justicia, y el amor.…  Seguir leyendo »

Con las grandes crisis cambian nuestros valores estéticos. Se imponen nuevos hábitos que exigen una adaptación de nuestro entorno físico y, a la inversa, las transformaciones de nuestros espacios nos empujan a adoptar nuevas prácticas. En el transcurso de la pandemia actual, es posible detectar, al menos, dos grandes tendencias estéticas: autenticidad y asepsia. Por un lado, el confinamiento nos ha forzado a permanecer en nuestra intimidad a la par que compartirla con los demás de un modo inédito. Por otro, con el desconfinamiento, nos hemos encontrado con un mundo exterior en el que se aspira, por encima de todo, a la asepsia.…  Seguir leyendo »

“Nunca imaginé que en la felicidad hubiera tanta tristeza”. Yo debía de tener unos dieciséis años cuando me topé con esta frase leyendo a Mario Benedetti. La misma edad que tienen ahora las chicas de la playa que llevan el tanga de moda del verano para tomar el sol. Pandillas enteras uniformadas con brasileñas negras y la parte de arriba de otro color como única diferencia entre unas y otras. Pienso en el inmenso trabajo que habrá supuesto para ellas ir a la tienda, seleccionar la prenda, probársela con su mascarilla y con esos plásticos imposibles que llevan las bragas del biquini, mirarse en el espejo bajo la luz vertical del probador… También en las razones por las que han elegido esa prenda y no otra.…  Seguir leyendo »

“Estoy perdida. ¿Eso tiene arreglo?”, pregunta Scarlet Johanson a Bill Murray. “No. Sí. Ya se arreglará” responde él. Desde que vi Lost in Translation he querido visitar Tokio y dormir en el hotel de la película, el Park Hyatt. Sofia Coppola convirtió para mí ese hotel en la imagen de la fragilidad y la incertidumbre. En la imagen del futuro después de todo. Un futuro desnudo y tierno a la vez. Desolador pero también sincero. Supongo que por eso siempre he querido ir allí para encontrarme con esa mezcla de soledad y belleza que no solo es fascinante sino también consoladora.…  Seguir leyendo »

Cuando era una niña estuve dos meses internada en un hospital de mi ciudad. Los primeros días los pasé inconsciente. Pero cuando desperté de la alta fiebre, cuando pude incorporarme por primera vez en la cama, comencé a preguntar, cada mañana, cada atardecer y cada noche, cuándo podría volver a mi casa. Con el techo de la sala de hospital como único paisaje, el tiempo no transcurría. Nadie se aventuraba a decirme que los médicos no sabían cuándo iba a dejar de mirar ese techo blanco, iluminado desde atrás de mi cama por una ventana a la cual yo no podía acceder, pero cuya luz me despertaba deseos imposibles de cumplir.…  Seguir leyendo »

Gol de Iniesta para dar el Mundial de 2010 a España. REUTERS

En Oviedo, siendo soltero, a Francisco Franco le apodaban «el Comandantín». Su novia, Carmen Polo, pertenecía a una rica familia que no veía con buenos ojos a Francisco, un bajito anodino que vivía en una pensión. Aquel bajito sería un héroe en Marruecos, ganaría una guerra y acaudillaría un país.

Alfredo Landa era otro bajito anodino que hacía reír a los españoles persiguiendo suecas en las playas. Tanto representaba el carácter del español medio, que uno de los lemas de nuestra afición en la final del Mundial de Sudáfrica fue: “¡Cuidado, Holanda, que viene Alfredo Landa!”.

Cuando apareció en la gran pantalla con bigote y una desazón en la mirada, cuando apareció siendo el detective Areta, José Luis Garci temió las risas del público; pero este no rio y Alfredo empezó a cimentar su prestigio: ganaría el premio al mejor actor en el Festival de Cannes y tres goyas.…  Seguir leyendo »

Hastiados del mundo

Estas semanas de aislamiento han sido también, gracias a la tecnología, semanas de hipercomunicación. Probablemente, todos hayamos recibido una cantidad mucho mayor de mensajes, en diversos formatos y en las diversas redes, de los que recibimos habitualmente. Este incremento en el volumen de mensajes ha tenido un doble efecto, sin duda positivo. Por un lado, nos permitía ir tomándole el pulso al cambiante humor de los diferentes sectores de nuestra sociedad, aparentemente unidos al principio de todo esto y luego enfrentados, en algunos momentos de forma agria y cainita. Pero tanta información, a la que se podría añadir la recibida a través de los medios de comunicación más clásicos, centrados todos ellos casi en exclusiva en el mismo asunto, también nos ha permitido componernos una cierta imagen de conjunto del estado de ánimo colectivo.…  Seguir leyendo »

Bastante tienen con sobrevivir

Mascarillas (elijan ustedes el tipo), máscaras, caretas y tapabocas ya las ha probado todas José K., al que la camisa no le llega al cuerpo, aterrorizado como está ante el maldito bicho. Ha pensado en la escafandra del Museo Naval y la máscara de gas que un día probó. Nada le gusta, nada le sirve, nada le protege como él quisiera, viejo, viejo y viejo, que lo mismo te ve Isabel Díaz Ayuso en la calle Colegiata, un suponer, y te manda a una residencia madrileña. Y no es el momento. “Tengo miedo de cerrar los ojos, tengo miedo de abrirlos”, que decían en El proyecto de la bruja de Blair.…  Seguir leyendo »

He vuelto a ver el video donde el tenor polaco Leszek Świdziński canta Nessun Dorma en un patio rodeado de los edificios de un hospital de Varsovia, por cuyas ventanas se asoman médicos, enfermeras, pacientes con mascarillas, mientras los miembros del coro, vestido de cualquier manera, y como si pasaran por el patio por mera casualidad, van juntando sus voces. Al final, los espectadores enclaustrados aplauden, lanzan vivas al tenor. Son voces remotas, como de otro mundo. El mundo del encierro. Siento que podría contemplar la escena desde una de esas ventanas.

El aria de Puccini, ascendiendo hacia el pozo de luz arriba de los edificios grises, suena más triste que nunca.…  Seguir leyendo »

Ya antes de la pandemia, la soledad representaba una de las mayores amenazas al bienestar y la salud pública. A pesar de la tecnología, de las nuevas formas de comunicación, de la industrialización y de la mayor riqueza en ciertos países, cada vez más personas en las últimas décadas han sentido una creciente sensación de aislamiento social. Lamentablemente, la situación que estamos atravesando ha llevado esto al extremo.

Los seres humanos somos básicamente seres sociales. Nuestra necesidad de conexión con los demás es más que un simple sentimiento: es un imperativo biológico arraigado en miles de años de evolución humana. Hemos sobrevivido como especie no porque tengamos ventajas físicas, como la fuerza o la velocidad, sino por nuestra capacidad de conectarnos e interactuar en grupos.…  Seguir leyendo »

«Your are not here to verify,
Instruct yourself, or inform curiosity
Or carry report. You are here to kneel
Where prayer has been valid.»
T. S. Eliot. Four quartets

Hay gente que quiere ver arder el mundo, pero la mayoría sólo aspira a sentirse bien haciendo el mal. Se pasa la vida buscando buenas excusas y, cuando las encuentra, es capaz de robar, matar, quemar ciudades y civilizaciones… y de hacerlo feliz y orgullosa, sin dudas ni remordimientos, porque, como dicen los niños, «empezaron ellos». Lo hemos visto estos días, lo habíamos visto mil veces y lo veremos mil más.

Cuando los más altos ideales se mezclan con las más bajas pasiones, lo normal sería usar la razón de la fuerza con los nihilistas y la fuerza de la razón con los justicieros.…  Seguir leyendo »

Cada vez son más los expertos que nos lo advierten de distintas maneras: puede que no sepamos aún la manera precisa en que venceremos al coronavirus, ni la forma en la que modificará nuestra economía, ni cómo será el aspecto de nuestra futura cita romántica con mascarillas, pero hay algo de lo que no podemos tener ninguna duda: cuando acabe esta pandemia mundial, otra gran pandemia arrasará el mundo, la pandemia de la nostalgia.

“La gente —explica Ivan Krastev en ¿Ya es mañana?, su excelente libro sobre el virus— tendrá nostalgia de esa época en que podíamos volar fácilmente a casi cualquier parte del mundo, en que los restaurantes estaban llenos a rebosar y la muerte era tan antinatural que, cada vez que moría una persona, nos preguntábamos si había sido por negligencia médica”.…  Seguir leyendo »

En Francia, la muerte ha sido durante mucho tiempo motivo de enfrentamientos violentos, hasta que, tras la proclamación del Edicto de Nantes, Enrique IV defendió la separación de los cementerios por confesión religiosa después de que los difuntos musulmanes fueron rechazados en los cementerios católicos. La Revolución Francesa transformó los cementerios parroquiales en cementerios organizados en función de la fe del colectivo de creyentes. La aprobación de las leyes laicas de 1881 y 1884 pusieron fin a esta obligación de los municipios de separar los difuntos en función de su creencia religiosa o de las circunstancias del fallecimiento. Más tarde, la ley del 28 de diciembre de 1904 se consideró un acto de gracia que despojó a los religiosos católicos del monopolio sobre los cementerios municipales, favoreciendo a la creación de cementerios para minorías religiosas.…  Seguir leyendo »

¿Estamos realmente seguros de que los lazos de parentesco son más importantes que los lazos de amistad? ¿Tenemos la certeza de que, en tiempos de pandemia, es legítimo establecer por decreto que solo los vínculos de sangre pueden justificar los encuentros y la frecuentación de otras personas? Una vez más, la literatura sale al rescate de aquellos que, con toda razón, reivindican la libertad de decidir las prioridades de su mundo afectivo. Los clásicos están repletos de ejemplos en los cuales la amistad, la verdadera, constituye una forma de solidaridad absoluta y esencial, hasta poner incluso la propia vida al servicio del otro.…  Seguir leyendo »

Memorias de la fragilidad

Cuántas veces, antes de nacer, nuestras vidas estuvieron en peligro. Los zarpazos de la epidemia han amenazado siempre el fino hilo del futuro. En el pueblo de la infancia de mi abuelo, todas las mujeres embarazadas murieron en los años de la letal gripe española, menos su madre, que misteriosamente sobrevivió durante aquellos meses de terror, y pudo dar a luz. Mis padres eran niños cuando la polio se extendió dejando en sus colegios una estela de pupitres vacíos y huecos en las fotos familiares. Una brizna de mala suerte, y todos sus descendientes habríamos quedado borrados. Nosotros, los vivos, somos victorias frente a la fragilidad.…  Seguir leyendo »

La lógica sutil de la norma

Lo confieso: he sido un mal ciudadano. Todavía en la fase cero, y en Barcelona, salí a la calle fuera del horario “del paseo” para los de mi franja de edad y me encontré por casualidad con un amigo y ahora vecino, al que saludé apartándome la mascarilla, para que pudiese ver mi sonrisa. Él hizo otro tanto. No sé si estuvimos a dos metros de distancia. Juraría que no. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que salía para ir a acompañar a otro amigo que sufrió una operación grave justo antes del estallido de la epidemia, y que se ha pasado toda la convalecencia confinado a solas en casa.…  Seguir leyendo »