Tatuaje

Este verano, en un restaurante de mediana categoría, sufrí un sobresalto, al observar de reojo que en la mesa de al lado, sobre el borde del mantel, había una serpiente. He sido un boy-scout nada brillante, y más bien atolondrado, pero recordaba que ante los ofidios de buen tamaño –y este parecía de un grosor considerable– lo mejor es no hacer movimientos bruscos, que puedan ser interpretados por el animal como un intento de ataque. Así que volví muy despacio la cabeza para fijarme bien en el reptil, mientras intuía que por los tonos azulados podría tratarse de una culebra. Pero cuando logré una visión sin escorzos y molestias, me di cuenta de que no se trataba de ninguna serpiente, y que lo que había sobre el mantel era el brazo de un cliente, tan cubierto de tatuajes que a mí me había parecido un ejemplar de culebra bastarda de la península ibérica.…  Seguir leyendo »