Teatro

Un momento del ensayo de ‘Las manos blancas no ofenden’, de Calderón de la Barca.

Estoy bastante segura de que el teatro del Siglo de Oro tiene mala prensa por su supuesto carácter reaccionario. Es auténtica paradoja porque el público llena las funciones de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y hace tiempo que muchos especialistas dejaron de concebirlo así. Pero parece enquistado en el imaginario de buena parte de los españoles como una maldición. Aunque las generaciones nacidas en democracia no hemos padecido las lecturas reaccionarias de este patrimonio, sospechamos (y sospechamos bien) que el franquismo estropeó muchas cosas, y también esta. Para saberlo no es necesario haber asistido, por poner un ejemplo, al montaje de La cena del rey Baltasar de Calderón que conmemoró el tercer aniversario del Alzamiento Nacional.…  Seguir leyendo »

El Corral de Comedias de nuestro Siglo de Oro fue un espacio de luz y de libertad en un tiempo sombrío. En los corrales se permitían cosas vedadas al resto de espacios de la época como la convivencia armónica en el tablado de reyes y mendigos, de nobles y plebeyos, de hombres y mujeres en un espacio igualitario en el que todos podían reivindicar sus luchas y sus derechos. En esos espacios los ciudadanos, saltándose los abismos sociales de su tiempo imaginaron una sociedad mejor, más libre y más justa. Después la sociedad, lentamente, con el paso de los años y los siglos, les fue copiando e imitando.…  Seguir leyendo »

«Consejera, hay que cerrar los teatros». Recuerdo los días que precedieron al 11 de marzo como una nebulosa de sensaciones terribles. Las memorias se amontonan, pero la frase del consejero de Sanidad se me quedó grabada. Aquella llamada era más que una recomendación o una orden: era admitir que Madrid se paraba.

El cierre de los teatros suponía algo inédito. Nunca en Madrid se habían silenciado las artes escénicas. Incluso durante la Guerra Civil permanecieron abiertos algunos espacios referenciales: el Español estrenaba a Dieste y a Alberti; la Zarzuela, a Lorca y a Schnitzler; el Maravillas, a Balbonín; y en los cafés cantantes había zambra flamenca y números de revista.…  Seguir leyendo »

El Teatro Real de Madrid en marzo de este año. Credit Bernat Armangue/Associated Press

El 14 de marzo nos confinaron por decreto y mi obra de teatro, Qué locura enamorarme yo de ti, estrenada en una sala de Madrid a fines de enero de este año, que había empezado prometedoramente la temporada con cinco funciones agotadas, tuvo que suspenderse. Nos vimos obligadas a devolver las entradas vendidas sin saber si era su sentencia de muerte o si la pieza que había escrito y que protagonizábamos mi familia y yo, bajo la dirección de Mariana de Althaus, tendría una segunda oportunidad sobre las tablas. La tuvo.

Hace un mes, justo cuando empezaba a pensar que tendría que organizar una función de teatro por Zoom, volvimos al teatro de verdad.…  Seguir leyendo »

El teatro es un efímero siempre, un gaudeamus y a veces una hecatombe que desde la primera vez, sin razón ninguna (sin comérmelo ni bebérmelo), me ha dado día y noche, y me ofrece aquí y allá, toda la clase de bienandanzas que puede obtener un poeta dramático. Desde España a veces me escriben corros de espontáneos pánicos e hispánicos, de desconocidos actores, «muy cordialmente». El más reciente mensaje de ellos desde Madrid es el que más me perturba y emociona.

Sin merecerlo ni remotamente parece ser que «en mi teatro no se pone el sol». Eso me dicen generosamente los académicos y universitarios que me hacen el favor inmerecido de estudiar y analizar mis modestas piezas.…  Seguir leyendo »

Dice Eugenio Trías que una obra es obra de arte cuando, entre otras cosas, constituye un microcosmos de nuestro mundo, es decir, dice algo sobre la esencia o la estructura verdadera de nuestra sociedad y época. Y, sobre todo, cuando saca a luz y desvela las fuerzas oscuras de la coyuntura en la que se encuentra.

Desde principios del mes pasado y hasta el día 26 de noviembre se representa en la entrañable y acogedora sala FlyHard de Barcelona la obra Estat decepció, título que juega agudamente con las palabras «Decepción/De excepción» de resonancias schmittianas.

Pero el recurso creativo del título es un mero avance de lo que nos reserva el enorme ingenio de Carla Torres, directora y dramaturga de la obra, durante los 90’ que dura la función: encarna a la perfección el antedicho criterio que propone Trías para que haya efecto artístico en una obra.…  Seguir leyendo »

En septiembre de 2018, los militares retirados David Jackson y Gabriel Sagastume ensayan la puesta en escena de "Campo minado", en Buenos Aires. Credit Lucila Sigal/Reuters

“¿Alguna vez fuiste a la guerra?”.

Sobre el escenario del Teatro General San Martín, el principal teatro público de Buenos Aires, Lou Armour grita esta pregunta mientras sus compañeros de reparto David Jackson, Gabriel Sagastume y Marcelo Vallejo tocan guitarras y bajo eléctricos. Parapetado detrás de su batería, Rubén Otero aporrea los platillos y Armour sigue increpando al público: “¿Alguna vez mataste a un hombre?”.

Es un fragmento de Campo minado, la obra de teatro de la directora argentina Lola Arias sobre la guerra de las Malvinas, el conflicto militar entre Argentina y el Reino Unido. En solo 74 días, del año 1982, murieron 649 soldados argentinos, 255 combatientes británicos y tres civiles.…  Seguir leyendo »

Hacer lo que no se puede

Ahí era nada el reto de construir una obra a la vez clásica y contemporánea sobre la base de la comedia del mismo título de Juan Ruiz de Alarcón, autor de fuste en el panorama del teatro barroco hispanoamericano («La verdad sospechosa», «No hay mal que por bien no venga», «Las paredes oyen»), fundida con escenas de «La Fénix de Salamanca» de Mira de Amescua, quizás el primero entre los seguidores de Lope de Vega, y «Obligados y ofendidos y Gorrón de Salamanca» de Francisco de Rojas Zorrilla, dramaturgo plagiado por gorrones franceses tan descarados como Jean Rotrou, Alain-René de Lesage o Thomas Corneille.…  Seguir leyendo »

El Kabuki y la cultura japonesa

El teatro japonés tradicional tiene cuatro modalidades básicas: el noh (el más intelectual), el kabuki (el más popular), el kyogen (una especie de entremés), y el bunraku (marionetas), y todos ellos forman parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco. En España es un teatro prácticamente desconocido.

Con motivo de la celebración del 150 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Japón y España se acaban de presentar en los Teatros del Canal dos obras de kabuki: «Fuji Musume» (Joven de la glicimia) y «Renjishi» (Dos leones), por la compañía de Heisei Nakamuraza. Es difícil imaginar una representación más perfecta. Es la tercera vez que se ha podido ver kabuki en Madrid.…  Seguir leyendo »

Teatro dentro del teatro

EL día 20 de enero se estrenó en los Teatros del Canal de Madrid una nueva versión de Tres Hermanas, de Chejov, a cargo de la compañía La Guindalera, una familia teatral de geometría variable, según las necesidades de cada espectáculo, unida por el amor al teatro y capaz de ponerlo todo en escena: música, decorados, vestuario, luces, vidas. Sus doce años de supervivencia, últimamente sin apoyo público, son un milagro. La representación de Tres Hermanas está dirigida, como muchas de sus creaciones, por el patriarca del grupo, Juan Pastor, quien también interpreta el papel de Chebutikin, un viejo médico militar que les presta su conciencia a los demás.…  Seguir leyendo »

Por una sola vez asistí a una función del Living Theatre, en los años sesenta, cuando la compañía formada por Julian Beck y Judith Malina era una de las célebres instituciones de la llamada contracultura, en Nueva York. Como ellos rechazaban Broadway, al que satanizaban por su espíritu de lucro, tuve que tomar un metro interminable, salir de Manhattan y luego caminar por barrios desconocidos hasta dar con el auditorio gigantesco donde tenía lugar el espectáculo. Atestaban el recinto algunos hippiespero, sobre todo, neoyorquinos exquisitos, bohemios, frívolos y de muy altos ingresos.

En el escenario había entre veinte o treinta bultos que eran seres humanos en posición fetal.…  Seguir leyendo »

Moscow police may be getting to the bottom of a mystery that has rocked the Russian cultural scene: Who and what were behind a sulphuric-acid attack on the artistic director of the Bolshoi Ballet?

In January, an unknown assailant splashed the acid on the face of the director, Sergei Filin, as he was about to enter his Moscow apartment building. The attack seriously damaged the 42- year-old dancer’s eyesight. He has undergone repeated surgeries in Moscow and Germany.

Police this week detained three men in connection with the investigation: the previously obscure Andrei Lipatov and Yuri Zarutsky, and top Bolshoi dancer Pavel Dmitrichenko, whose roles include the lead in a production of “Ivan the Terrible.”…  Seguir leyendo »

As part of this year’s Cultural Olympiad in London, Shakespeare’s Globe theater will stage 37 of the playwright’s works in 37 different languages in the spring.

Among all that variety — “Love’s Labor’s Lost” in sign language, “Othello” in the language of hip-hop and “Henry VI” Parts 1, 2 and 3 in Serbian, Albanian and Macedonian — only one play has generated controversy: “The Merchant of Venice” in Hebrew by the Habima Theater of Israel. A pro-Palestinian group called Boycott From Within, outraged that Habima has performed in Israeli settlements in the West Bank, has attacked the Globe roundly for hosting the production.…  Seguir leyendo »

Es posible representar en un escenario la espantosa carnicería de la Primera Guerra Mundial, con sus 20 millones de muertos, sus soldados asfixiados por los gases de mostaza en trincheras llenas de barro, sapos y ratas, y los pueblos, aldeas y familias destruidos por los obuses, incendios y el odio vesánico de los contendientes?

Es perfectamente posible, a condición de contar con el talento artístico y la infraestructura dramática indispensables. La prueba de ello es War Horse (Caballo de guerra), el gran éxito de esta temporada teatral en Nueva York, que presenta cada noche ante auditorios compactos y delirantes el Vivian Beaumont del Lincoln Center Theater.…  Seguir leyendo »

Sucedió en Vilanova y fue el sábado. Al llamado de una compañía teatral de Andalucía la Baja que lleva más de treinta años trotando caminos y pisando tablas - más trote que piso-,y que, con toda probabilidad, debe de tener un puñado de adictos capaces de desplazarse a donde haga falta, entre los que me cuento, llegué a Vilanova i la Geltrú. La Zaranda reestrenaba en Catalunya, ya lo había hecho en Salt, su última obra. La anterior sucedió en Granada, a lo que recuerdo, y creo que di cuenta de ello.

Si pudiera elegir dónde retirarme y no reparar en precios probablemente escogería Vilanova.…  Seguir leyendo »

The show was called “Via Galactica.” In 1972, as this science fiction musical was being prepared for its Broadway opening, some members of the creative team feared that no one would be able to say its name. And in any case, what did it mean? According to the show’s publicity material it meant, “road to the stars.”

Investors in the production knew “Via Galactica” was going to be the most expensive musical ever staged. To the Nederlander theater family, it was the show that would open their new flagship theater, the Uris (now called the Gershwin). But in my house, growing up, it meant many other things: Regret.…  Seguir leyendo »

La cultura del Ruhr, la región minera más importante de Alemania -abarca una superficie de más de 1.400 kilómetros cuadrados- se caracterizaba hasta después de la II Guerra Mundial por su "no-cultura", si exceptuamos la cultura propia de la industria. La familia Krupp, señores feudales de este enorme imperio que se convirtió en una máquina de guerra de Hitler, se guardó muy mucho de enseñar a sus trabajadores las ideas que les pudieran haber abierto la conciencia sobre la explotación a la que estaban sometidos. Un fenómeno que se produjo también en las minas de plata de Potosí. En aquel entonces, la asistencia al teatro estaba prohibida y la primera Universidad de la cuenca no se abrió hasta los años cincuenta del siglo pasado en la ciudad de Bochum, donde se instaló un teatro que se convertiría en uno de los más célebres de Alemania.…  Seguir leyendo »

La era digital ha transformado radicalmente el mundo de ocio y hoy se tiene acceso a multitud de entretenimientos diversos utilizando tan sólo el dedo índice. Pero junto a esa ingente oferta, los nuevos tiempos han evidenciado otro hecho: la incontestable vigencia del espectáculo en directo. Todas las artes escénicas, pero muy especialmente aquellas dirigidas a un público familiar, viven un buen momento con una mayor afluencia de espectadores. Las emociones que despierta un actor interpretando un personaje en un escenario siguen teniendo más intensidad que las que pueda estimular una sofisticada pantalla. En nuestro país, el llamado teatro infantil ha sido relegado históricamente a una segunda fila, pero esta etiqueta ha caído gracias a la buena calidad que han demostrado estos espectáculos en los últimos tiempos, así como a la apertura de tipo de público.…  Seguir leyendo »

La pantalla nos muestra una escena característica del teatro isabelino. Una mujer joven y un hombre maquillado como si fuese negro parecen discutir. El diálogo deja bien claro que nos encontramos ante una representación de Otelo, la gran pieza de Shakespeare en la que el autor inglés desmenuza las entrañas de los celos. La película es, de hecho, un cortometraje de Pier Paolo Pasolini titulado Che cosa sono le nuvole? Ahora bien, el cineasta italiano incorpora al drama shakesperiano algunos elementos que lo transforman radicalmente. En primer lugar, los personajes no son de carne y hueso sino marionetas que, dirigidas por hilos, interpretan un guión prefijado.…  Seguir leyendo »

«España, aún hoy es un país aparte, separado en historia, usos, costumbres y modos de pensar de todo el resto de Europa», escribió Irving en Cuentos de la Alhambra: «es un país romántico», concluía. Puede ser. Larra veía, sin embargo, la España en que él escribía (1828-36) como una sociedad de «ociosos y habladores», pendientes de la maledicencia, del juego y de las relaciones sociales -visitas, tertulias, teatro, ópera, cafés-, en la que ser funcionario y tener un sueldo constituían las máximas aspiraciones sociales; como una sociedad vulgar, mediocre, inculta, sin estímulos («Madrid es el cementerio», escribía en noviembre de 1836), donde escribir era llorar, y donde el cambio político de 1833 había traído a los «facciosos», esto es, la guerra carlista, y un liberalismo débil y conservador.…  Seguir leyendo »