Europa cruza el Rubicón

Por Joschka Fischer, ex líder del Partido Verde, fue ministro de Asuntos Exteriores de Alemania y vicecanciller desde 1998 hasta 2005 (EL PAÍS, 05/09/06):

La llamada Política Europea de Vecindad ha sido hasta el momento algo curioso. En la Unión Europea se habla mucho de ella, pero ha tenido pocos efectos prácticos. Se diseñó como alternativa al número cada vez mayor de rondas de ingreso, en las que se veían involucrados, por ejemplo, los países del sur del Cáucaso. Pero la guerra en Líbano y sus consecuencias han causado un cambio súbito y fundamental en el tranquilo desarrollo de esta política. El conflicto ha sido una violenta manera de recordar a la Unión Europea que tiene “intereses estratégicos” -ante todo, intereses de seguridad- y que si opta por ignorarlos, pagará un alto precio. Además, la división de tareas entre Estados Unidos y Europa no está funcionando de la manera en que funcionaba antaño y que ha resistido el paso del tiempo: la guerra actual en Irak está erosionando la capacidad militar estadounidense y ha desembocado en una crisis de legitimidad tanto ética como política para Estados Unidos en todo el mundo árabe / islámico.

La Unión Europea, con la decisión de sus Estados miembros de enviar varios miles de soldados a Líbano para imponer el alto el fuego dictaminado por la resolución 1.701 de la ONU, ha tomado la decisión más significativa hasta la fecha dentro del marco de su Política de Vecindad. ¿Puede de hecho la UE revelarse como una fuerza política estabilizadora en la zona de conflicto más peligrosa de sus cercanías geopolíticas inmediatas? Después de las guerras de los Balcanes en la década de los noventa, Oriente Próximo es actualmente la región vecina más peligrosa -desde el punto de vista de la seguridad- y a la vez la más importante para la Unión Europea. ¿Por qué? Porque las principales amenazas para la seguridad europea en los albores del siglo XXI provienen de esta región. Las amenazas que se concentran en Oriente Próximo son de diversa índole: conflictos regionales, ideologías religiosas totalitarias, terrorismo, programas de armamento nuclear, frenos a la modernización, regímenes inestables y ambiciones hegemónicas.

Si uno se pregunta qué intereses podrían tener la UE y sus Estados miembros en esta región desgarrada por los conflictos, la respuesta es que sin duda están en juego los intereses energéticos y económicos europeos, así como intereses vitales para los socios y aliados de Europa (Israel en especial). Pero los primeros de la lista son los intereses europeos. La manera en que evolucione Oriente Próximo determinará la magnitud de los riesgos, o incluso de los probables retos, para la seguridad de Europa.

Si se consigue refrenar, o incluso resolver, los conflictos en esta zona, las consecuencias para la seguridad europea serán tremendamente positivas.

En la actualidad, Oriente Próximo se ve definido por tres conflictos centrales: el conflicto árabe-israelí, Irak e Irán. La combinación del programa nuclear iraní (y de las ambiciones hegemónicas de este país) con la situación en Irak y con Hezbolá en Líbano conducirá a un “nuevo Oriente Próximo” que, con toda probabilidad, provocará un enfrentamiento a gran escala, en el que se verán implicados muchos más que los actores y conflictos regionales de rigor. La guerra en Líbano ha dejado sobradamente claro lo lejos que ya ha ido este peligroso proceso.

La misión en Líbano conlleva un alto riesgo para las fuerzas de la ONU y para Europa en particular. La guerra no ha desembocado en una verdadera decisión. Ni Hezbolá ni Siria, por no hablar de Irán, tienen el menor interés en que la misión de la ONU llegue a buen puerto. La resolución del Consejo de Seguridad da por hecho -además de la separación de las partes combatientes- que se respetará la soberanía interna y externa del Gobierno electo de Líbano, sin especificar cómo se va a conseguir esto teniendo en cuenta que Hezbolá ha salido reforzada políticamente y que militarmente es superior a las fuerzas libanesas.

Cualquier intento por parte de las fuerzas de la ONU de desarmar a Hezbolá significaría una guerra contra Hezbolá (con Siria e Irán en segundo plano), algo que las fuerzas de la ONU no pueden llevar a cabo. Pero si se resignasen a un mero papel de observador en Líbano, la ONU y la UE perderían toda su credibilidad. Además, es probable que en los próximos meses los soldados de la ONU se encuentren una vez más entre las líneas de fuego de dos facciones en guerra. La misión tendrá, pues, que andar por una fina y peligrosa cuerda para llevar a cabo su abrumador cometido de estabilizar el país. El fracaso será un peligro constante y el riesgo militar alto. Sin embargo, vista la situación, no existe otra alternativa.

Teniendo en cuenta el peligro al que se enfrentan sus tropas, Europa se verá obligada a usar su influencia e incluso a intentar por todos los medios que se produzcan cambios estratégicos en el entorno político de todo Oriente Próximo. Con su decisión a favor de la misión en Líbano, la Unión Europea ha cruzado un Rubicón militar. Ahora debe refrendar su creciente peso en Oriente Próximo con iniciativa política, y ésta deberá abarcar tres elementos clave: una solución negociada para Siria, la reanudación de las negociaciones entre israelíes y palestinos, y un entendimiento con EE UU respecto a la estrategia política de Occidente para la región (que aborde el conflicto más peligroso para ella, Irán). Este entendimiento mutuo será el reto crucial para el futuro de la relación transatlántica.

Europa y sus tropas se juegan mucho en Líbano. Pero esto tiene que ver con los intereses vitales de Europa. La guerra y el caos en Oriente Próximo, o simplemente un vacío moral o político, afectarán y trastornarán directamente la seguridad de la UE y de todos sus Estados miembros. Por lo tanto, Europa tenía que actuar, pese a que, evidentemente, la decisión era difícil. La cuestión clave en el futuro próximo será si Europa de verdad tiene la capacidad militar y política, el aguante político, y la voluntad común para actuar de manera acorde con sus intereses básicos en Oriente Próximo. Ya se verá. En cualquier caso, ya se puede decir una cosa: bienvenida al mundo real.