Europa-EE. UU: ¿se acabó el amor?

No hace tanto tiempo que el presidente Obama era extremadamente popular en Europa, tal vez incluso más que en su país. Se suponía que en el futuro todo sería mejor que en los malos días de Bush. EE. UU. dejaría de ser agresivo y arrogante; en una palabra, adoptaría una fisonomía mucho más próxima a Europa. Obama era también muy popular en Asia y África,donde se juzgaba que EE. UU. se retiraría en mayor o menor medida de la política mundial, dejaría de elevar sus quejas con relación a las violaciones de los derechos humanos y, en términos generales, de entrometerse en asuntos de otros países.

Al propio tiempo, en Washington se abrigaban grandes esperanzas en el sentido de que las relaciones con Europa fueran mucho más estrechas en el futuro. Se consultaría a los aliados europeos, se estudiaría el “modelo europeo” y Europa ayudaría a Estados Unidos.

Ha transcurrido un año, las relaciones se han enfriado y el entusiasmo ha menguado por ambas partes. ¿Por qué?

Si se ve la cuestión desde Europa, guarda gran relación con el menor interés de Obama por el Viejo Continente. Se han producido escasas consultas y las que han tenido lugar no han sido muy provechosas. En Copenhague, a los europeos se les dio de lado y en otras citas el presidente estadounidense ni siquiera apareció. Incluso el presidente del Gobierno español, Rodríguez Zapatero, cuyo país ostenta actualmente la presidencia de la UE, topó con dificultades para poder conversar con él.

La falta de interés de EE. UU. obedecía a diversas razones. En primer lugar, Obama prefería tal vez abordar ante todo los problemas internos. Todos los presidentes estadounidenses de épocas recientes han querido conceder prioridad a las cuestiones económicas e internas y han creído que las crisis exteriores desviaban la atención de los asuntos verdaderamente importantes. Pero existían también otras razones, como la decepción con respecto a Europa. No es que Washington no necesite a Europa; al contrario, la necesitará en alto grado en los años venideros. Desde el punto de vista económico y, acaso aún más, en el político. La deuda estadounidense es tan profunda que el país necesitará años para recobrar su fuerza. Como preguntó el principal asesor económico de Obama, ¿cuánto tardará el mayor país deudor del mundo en convertirse en la potencia más fuerte?

Washington había confiado en que Europa, con quien comparte tantas convicciones y valores, estaría dispuesta a desempeñar un papel más importante en la política mundial. Pero para ello es menester cierto número de requisitos. Tal vez el más importante es la voluntad política. Europa ha de hablar con una sola voz, ha de poseer una política exterior, de defensa y energética común. En la actualidad, no hay tal. Sus fuerzas de despliegue rápido existen básicamente en teoría. En cuanto al suministro de energía, la dependencia de Rusia y de Oriente Medio crece en lugar de disminuir porque se extrae menos crudo del mar del Norte. Aunque la UEha nombrado un presidente permanente y una responsable de política exterior, sería exagerado afirmar que se trata de personalidades de peso, convincentes y experimentadas con notable poder. ¿Cuántos recuerdan sus nombres?

¿Qué tal va el poder blando de Europa? Debería haberlo en abundancia; Europa aporta tres cuartas partes de la ayuda financiera ampliada a los países necesitados. Pero ¿dónde está el poder blando? Buena herramienta de medida es la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Toda iniciativa europea relativa, por ejemplo, a la violación de los derechos humanos o más aún a un genocidio es rechazada habitualmente.

¿Qué deparará el futuro? La economía europea se recuperará con lentitud, pero costará más que antes competir con el resto del mundo. Habrá que pagar un precio bastante alto por las materias primas y el petróleo, que sobre todo estarán en manos de EE. UU., China y Rusia. ¿Habrá un centro cultural mundial y una superpotencia política? Es probable que no sea así, aunque pueden producirse algunos progresos en dirección de una integración europea en los próximos diez años. Será un continente en paz, con Latinoamérica. Pero ¿será más importante desde el punto de vista político? No demasiado, y habrá de hablar con menos frecuencia de derechos humanos y denunciar sus violaciones. Porque, en el mundo actual, desgraciadamente, no basta ser una democracia ejemplar y respetar escrupulosamente los derechos humanos. El poder – político, económico y hasta militar-sigue teniendo cierta importancia porque, si no, los demás pueden preferir no escuchar…

Es triste, pero en el mundo contemporáneo el poder sigue siendo importante y Europa no anda sobrada de él; ni siquiera, de poder blando. ¿Cambiará este panorama?

Puede ser, pero no lo sabemos. Ni tan sólo es seguro que la estrecha colaboración vaya a solucionar los problemas de Europa. Por otra parte, existen demasiados otros puntos débiles (como el relativo a la demografía) que aun la estrecha colaboración no solucionará. Sin embargo, las perspectivas serán más prometedoras.

Walter Laqueur, director del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington.