Europa lo conseguirá

Las dudas acerca de la capacidad de acción de la Unión Europea se extienden por todo nuestro continente, fortaleciendo en muchos países a los partidos populistas, contrarios a la integración europea y a favor de una vuelta a políticas nacionales. Es cierto que las contradicciones manifiestas entre los objetivos y la realidad de la política común han restado credibilidad al proyecto de la unificación europea. La crisis de los refugiados en particular está mostrando una Europa que no está a la altura de lo que cabría esperar de ella. Pero ¿puede ser esta una razón para exigir menos Europa?

Después de los ataques terroristas en el corazón de Europa ha quedado claro que, para afrontar este desafío, no basta con adoptar medidas a escala nacional. Está claro que ningún Estado miembro por sí solo puede hacer frente al terrorismo internacional, ni a los conflictos –que causan tanta inestabilidad y sufrimiento entre nuestros vecinos– ni, tampoco, a la incesante llegada de refugiados. Pero ¿cuáles pueden ser las soluciones europeas?

Europa lo conseguiráA pesar de la posición contraria de algunos estados miembros, nosotros sostenemos que la solución adecuada consiste en crear un organismo europeo de control de fronteras y costas con amplias competencias. La protección de las fronteras exteriores de la UE, y por ende, del propio territorio europeo, no puede seguir siendo responsabilidad de autoridades nacionales, en parte abrumadas por una carga excesiva. El acuerdo de la UE con Turquía del 18 de marzo demuestra que, para tener credibilidad en una negociación con un vecino de peso, Europa debe actuar de forma unida. Pero hace falta dar más pasos: es urgente reformar la Convención de Dublín para llegar a un reparto equitativo de los solicitantes de asilo entre los estados miembros. Los principios, las obligaciones y las reglas que se aplican a los refugiados y solicitantes de asilo deben ser las mismas en toda Europa y esto exige perfeccionar el sistema europeo de asilo. Al margen del conflicto sirio, no cabe duda de que en este mundo globalizado, en el que Europa quiere seguir siendo un actor importante, las cuestiones relacionadas con los refugiados y la migración van a seguir en la agenda política por mucho tiempo.

Las numerosas crisis a nuestro alrededor exigen que la Unión Europea actúe con una sola voz en política exterior y que asuma la responsabilidad de su propia seguridad. Tendremos que apoyar de forma más decidida los procesos de democratización y el fortalecimiento del Estado de derecho en los países al sur y al este de Europa y, a largo plazo, sopesar la posibilidad de compartir un espacio económico común. Otro objetivo debe ser una ambiciosa estrategia de seguridad europea, que incluya una visión del papel de Europa en el mundo y que permita la mejor coordinación de las fuerzas armadas nacionales y las actuaciones militares conjuntas; no sólo por motivos de eficiencia económica, sino porque nuestras amenazas son comunes. La lucha contra el terrorismo no sólo exige potenciar el intercambio de información entre los servicios de inteligencia, sino también estrechar la cooperación policial y judicial.

Los ciudadanos están en su derecho cuando exigen que la Unión emprenda estas tareas con más rapidez y flexibilidad. Es necesario, en primer lugar, acelerar la toma de decisiones en la UE mediante un incremento de las decisiones por mayoría cualificada, también en materia de política exterior y de seguridad. Sólo así cabe una actuación conjunta de la Unión, sin tener que recurrir una y otra vez a la coalición de voluntades. En segundo lugar, habría que dotar a la Unión de mayores recursos propios, que le permitan reaccionar con más flexibilidad a la hora de afrontar conjuntamente las crisis futuras. Pero, a largo plazo, la UE no se puede limitar a reaccionar frente a las crisis; debe tener la ambición de participar en la toma de decisiones globales y de desempeñar un papel de liderazgo en las que le atañen directamente.

Para todo esto es imprescindible la unidad de la UE. La división entre el este y el oeste, el norte y el sur a la que estamos asistiendo constituye un gran peligro para todos. Así, es de vital importancia para la Europa del siglo XXI que Gran Bretaña siga siendo miembro de la Unión. Nunca deberíamos olvidar que la Unión Europea se ha forjado en torno a unos valores: la dignidad del ser humano, la libertad, la democracia, el derecho y la paz. En lugar de señalar lo que nos separa, debemos ponernos manos a la obra para crear una Unión fuerte y capaz de actuar, con un verdadero destino común. Nosotros no tenemos ninguna duda de que Europa lo conseguirá.

Hans-Gert Pöttering y Javier Solana, expresidente del Parlamento Europeo y presidente de la Konrad Adenauer Foundation; y presidente de EsadeGeo y Distinguished Fellow en Brookings Institution, respectivamente.

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