Eurovegas en nuestra patria peninsular

La Península Ibérica tiene una singular configuración poligonal casi geométrica delimitada por el océano Atlántico, el mar Mediterráneo y la cordillera pirenaica. Sus componentes nacionales, España y Portugal, de historias paralelas, muestran un progresivo acercamiento que acentúa el valor gravitatorio de Madrid como capital.

Sus ganglios nerviosos, agrupaciones de cuerpos neuronales, vivificantes y ordenadores están estratégicamente situados: al norte Bilbao, al noroeste Santiago, al nordeste Barcelona, al oeste Lisboa, al este Valencia, al sur Sevilla, al suroeste Huelva y al sureste Granada. Cada uno con historia de capital pluricentenaria.

El corazón y cerebro rector, palpitante en particular crecimiento, es Madrid. Que, a su vez, ubica, en sus orientaciones solares, nucléolos determinantes: al norte El Escorial respaldado por Ávila y Segovia; al este Guadalajara en compañía de Alcalá; al sur, Toledo con la Corte de Aranjuez; al oeste sin encontrar capital hasta alcanzar a más de 200 kilómetros Trujillo y Cáceres.

Existe un generador vital, evidentemente parasitado en la era de la comunicación, el aeropuerto de Barajas. Se prevé, con fundadas esperanzas, la futura Olimpiada en el sureste de Madrid. Ambas localizaciones tienden a deformar, hacia levante, el crecimiento orgánico natural de nuestra ciudad que pide un contrapunto equilibrante: la implantación de Eurovegas –por su claro efecto multiplicador– al oeste.

El planeamiento urbanístico, inmediatamente anterior al actual período económicamente crítico, había proyectado un aeródromo, entre Navalcarnero y El Álamo (sustituto del de Cuatro Vientos hoy mal incrustado en un cuerpo urbano). Proyecto aprobado en concurso y pendiente de mejores épocas promocionales.

Una operación de la importancia de Eurovegas cumpliría su función equilibradora de la geografía urbanística descrita y, además, podría gozar de la cercanía y del uso prioritario inmediato de dicho aeródromo. El acercamiento del circuito de Fórmula 1, hoy ofensor fónico de su entorno, al futuro ruido aeroespacial, a 22 kilómetros de Alcorcón, enriquecería las atracciones de Eurovegas y resolvería tan sonoro problema.

La tierra, de topografía sensiblemente plana, parte del término municipal que analizamos, una de las posibles ubicaciones de Eurovegas, está comunicada privilegiadamente con la región. La M40 y la M50 más la A4, carretera de Extremadura, la circundan perimetralmente y la conectan, contorneando Madrid, con el resto de España…

Los objetivos del equipo promotor de Eurovegas son muy claros:

1. Doce hoteles agrupados en tres unidades celulares de cuatro hoteles cada uno, con un casino compartido por cada dos.

2. Los hoteles serán los edificios de altura en ordenación triédrica, de comunicaciones verticales (ascensores y escaleras) en sus centros y extremos. Las tres plantas bajas, que sirven de base comercial, y de contacto entre las doce torres, serían transparentes e invitadoras para todos los servicios sociales complementarios. Estas unidades hoteleras estarían apoyadas y servidas por tres grandes vías circulatorias confluyentes en un cordial plaza central. Cada torre albergaría unas 3.000 habitaciones, que por doce reuniría una población total de unos 70.000 habitantes. Es decir, conjuntos urbanos superiores a Ávila, Segovia, Soria, Cuenca, etc… Todo ello estaría centralmente asentado en un conjunto cuyos usos cívicos reunirían a un total de más de 200.000 habitantes. Templos, hospitales, escuelas, colegios y oficinas compondrían una nueva urbe vitalizadora del borde, hoy parsimonioso, del oeste madrileño.

La filosofía arquitectónica del matrimonio Sheldon queda evidente en sus últimas promociones –Las Vegas y Macao–. Su inspiración veneciana permite suponer un vestido ibérico para sus construcciones madrileñas.

Durante el largo período oscuro de la vitalidad intelectual europea, entre la caída del Imperio Romano y el Renacimiento, brillan, a pesar del silencio en los análisis históricos, Constantinopla, con sus espectaculares y creativas arquitecturas, conexión geográfica de Asia con Arabia y Europa (Santa Sofía VI), y el sur de nuestra España (la Mezquita de Córdoba VIII, Medina Zahara X y XI y La Alhambra XIV, XV), con un idioma constructivo de bellezas jamás superadas. Conviene poner en su sitio, lógicamente aireado por los historiadores europeos, la aparición del arte gótico (catedral de Estrasburgo XII y XIII) en el norte de nuestro continente.

Pero a lo que voy: si el equipo de Sheldon quiere ataviar con patente historicismo sus torres, tiene posibilidades exclusivas en los citados antecedentes andaluces.

Las actuales edificaciones verticales, de expresividad tecnológica, persiguen fachadas industrializadas que, con sus transparencias, desnudan y despersonalizan la vida de sus intimidades. Resulta fácil la indiscriminación entre oficinas y viviendas. Se van imponiendo implacablemente las celosías tan bellamente geometrizadas en el arte mudéjar, usado y monopolizado por nuestro constructivismo medieval. Idioma epidérmico de infinita variedad que permitiría distinguir y significar las diferentes actividades internas tan exquisitamente veladas.

La ubicación en el término de Alcorcón de la discutida promoción animaría a Madrid hacia una nueva euforia vitalizadora. Es de gran interés el artículo que Fernando del Pino publica el 26 de septiembre en «Expansión» describiendo el estallido urbanístico de Hong Kong bajo la dirección de John Cowperthwaite. Cada uno de sus objetivos políticosliberales y constructivos serían de lógica y deseable aplicación en el proyecto Eurovegas. Ya que el sorprendente vacío edificatorio de las 1.232 hectáreas destinadas en principio al proyecto permitiría la aplicación de criterios urbanísticos semejantes a los descritos en el citado artículo.

Existen, además, otras virtudes culturales que conviene señalar. El contorno de Madrid capital desde 1561 tiene multitud de monumentos, algunos anteriores a su capitalidad política (Aranjuez, Chinchón, Loeches, Alcalá de Henares, Talamanca, Torrelaguna, El Paular, El Escorial, La Granja, El Tiemblo, Torrijos, San Martín de Montalban, etc…) que han pasado a convertirse en corazones simbólicos de los pueblos que los rodean. Muy pocas de estas joyas históricas están aisladas y no aprisionadas por su evolución nuclear.

En el entorno inmediato al suelo ofertado en el término de Alcorcón están el castillo de Villaviciosa, suficientemente individualizado, donde vivió sus últimas nostalgias de viudedad Fernando VI, y el palacio del Infante D. Luis en Boadilla del Monte, hoy en vías de recuperación, en el centro de gravedad de sus jardines; ambas joyas enriquecedoras de un entorno que merece aderezos históricos. Batres, en su otero, también se asoma en cercano horizonte.

Cuando se juzga con implacabilidad moral y crítica la incorporación a Madrid de una ciudad casino-lúdica se olvida que, dentro del volumen construido a futuro adjudicado a Eurovegas, caben promociones de aspiración virtuosa y ética que recuperen para España la ilusión y la fe hoy subsumidas o perdidas.

La alegría que una inyección de capital activo regalaría a nuestra capital, tanto en puestos de trabajo como en el desencadenamiento de proyectos creativos, merece el respaldo.

La reestructuración a la que la crisis que vivimos nos ha sometido y las correcciones que nos vemos obligados a aplicar irían en beneficio de una recuperación sana y positiva hacia ese Madrid geográficamente reequilibrado que aspira con evidente entusiasmo a un éxito internacional. En el que su elección como capital meridional de Europa (puerta de aterrizaje aéreo de los visitantes de las dos Américas, africanos y asiáticos) quedaría rotundamente consolidada.

Miguel de Oriol e Ybarra, doctor arquitecto, académico de número Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

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