Ex cajas de ahorros

Básicamente, el negocio bancario consiste en obtener dinero de los depositantes pagando poco y prestarlo cobrando mucho. Cuando los ingresos son superiores a los costes – y entre estos, destacan los relacionados con la morosidad y los impagos-,el banco tiene beneficios que aumentan el valor del capital. Cuando, por el contrario, se producen pérdidas, el valor de su capital se reduce. Si un banco pierde mucho dinero, puede llegar a quedarse sin capital y entonces se dice que es insolvente y tiene que cerrar.

Es muy importante, pues, que un banco tenga suficiente capital para hacer frente a las posibles pérdidas y evitar así la insolvencia. La pregunta es: ¿cuánto capital se considera suficiente? La respuesta es: depende de la cantidad de préstamos que haya concedido y de lo arriesgados que sean (es decir, de la probabilidad de que no sean devueltos). Imaginemos un banco con capital de 10 millones, que ha captado muchos depósitos y ha concedido préstamos por valor de 1.000 millones. ¿Tiene suficiente capital? Si el riesgo de que los préstamos no sean devueltos es del 5% – que es la tasa de morosidad actual en España-,el banco sabe que va a perder el 5% de 1.000, es decir, unos 50 millones. Un capital de 10 millones, pues, es insuficiente para asumir esas pérdidas.

Si el mismo banco tuviera un capital de 100 millones, podría hacer frente a los mismos 1.000 millones de créditos con toda tranquilidad, incluso con una tasa de morosidad del 5%. Por el contrario, si los créditos se hubieran concedido a clientes de poco riesgo con una morosidad de, por ejemplo, sólo el 0,5%, entonces las pérdidas esperadas sólo serían de 5 millones por lo que un capital de 10 millones sería suficiente. Resumiendo, para que un banco esté sano hace falta que la tasa de capitalización, es decir, la relación entre el capital del banco y los créditos (ajustados por el riesgo) sea suficientemente alta.

Lo que nos lleva a dos preguntas importantes. Primera: ¿cuándo se considera suficientemente alta la tasa de capitalización? La normativa de Basilea II vigente antes de la crisis consideraba que con el 2% bastaba.

Es decir: el banco que tenía un capital de 10, podía conceder créditos por valor de 500. A raíz de las enormes pérdidas sufridas durante la crisis de 2008-10 los reguladores fijaron las llamadas reglas de Basilea III, que básicamente imponen una nueva tasa del 7%.

El problema es que limitar los créditos que un banco puede conceder reduce su negocio porque, al fin y al cabo, ¡ellos ganan dinero concediendo préstamos! La nueva regulación, pues, causará un perjuicio económico a unos bancos ya de por sí debilitados por la crisis. Por ese motivo, Basilea III prevé que la nueva tasa no se ponga en práctica de inmediato, sino que aumente progresivamente hasta el 2019.

La segunda pregunta es: ¿qué pasa cuando un banco no tiene suficiente capital para cumplir con la normativa? Pues sólo tiene una salida: debe obtener más capital pidiendo más dinero a los accionistas. Es lo que se conoce como ampliación de capital.

Lo que nos lleva a la última semana de enero del 2011: debido a la falta de confianza en unas cajas y bancos que perdieron cantidades ingentes de dinero con los créditos a la construcción durante la burbuja inmobiliaria, el Gobierno de España decide inyectar confianza elaborando un decreto ley que va a exigir que, en España, la tasa de capitalización no sea del 7% sino del 8% (y para las cajas, ¡del 10%!) y en lugar de dejar hasta el 2019, las nuevas tasas se deben alcanzar antes de … ¡septiembre del 2011!

El nuevo decreto ley hace que España sea más papista que el papa (en este caso, más basileísta que Basilea III): hay que restaurar la fe en el sistema financiero y eso no se consigue con palabras, sino con hechos. Pero hay un pequeño problema: las cajas españolas no tienen accionistas propietarios y, por lo tanto, ¡no pueden ampliar capital como los bancos! Así, sólo podrán alcanzar la tasa de capitalización exigida si tienen unos beneficios estratosféricos entre ahora y septiembre. Como eso no va a suceder, las cajas que no tengan ahora mismo una tasa de capitalización del 8% no van a poder cumplir la nueva ley. ¿Qué harán? El decreto les da dos posibles vías de solución: o bien se convierten en bancos (cosa muy complicada) y amplían capital, o bien el Gobierno va a poner el capital y, por lo tanto, pasan a ser propiedad del Estado. Es decir, se van a nacionalizar.

Dejando de lado el hecho de que está por ver si el Gobierno español tiene bastante dinero para comprar las cajas que no encuentren capital privado (y no es que el Gobierno esté nadando en la abundancia precisamente), la verdad es que hay que aplaudir la determinación del Gobierno del presidente Zapatero.

Es más, tan sólo unas horas después de que el Gobierno diera a conocer ese nuevo decreto, la más grande de las cajas del Estado, La Caixa, anunció que será la primera en convertirse en un banco. La operación ideada por el presidente Isidre Fainé es a la vez compleja, valiente y brillante. Además de que permitirá a La Caixa alcanzar unas tasas de capitalización superiores a las requeridas por el Gobierno, puede que la sagacidad de Fainé haya salvado a todo el sistema financiero español (y por ende, al resto de la economía) porque, al liderar con el ejemplo, pone presión a que otros hagan lo mismo y lo hagan ya y, lo que es más importante, enseña el camino que seguir al resto de las que pronto conoceremos como ex cajas de ahorros.

Por Xavier Sala i Martín, Columbia University, UPF y Fundació Umbele.

1 comentario


  1. Y si tanto sabes ( a toro pasado ) “colega ” ¿ Cómo es que no has sido fichado entre los MEJORES ” ? Y porqué no lo dijiste antes ?

    Aún me recuerdo las payadas de imperterrito alumno que le soltaste al ADMIRADO Ernets Lluc, en un programa de TV ,tan profesor tuyo como mío.

    Sigues mès humild si us plau

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