Falacias de nuestro sistema sanitario

Una trampa saducea es una pregunta engañosa que pone al interlocutor en situación embarazosa porque cualquier respuesta que proponga no será adecuada. Es una falacia, una maniobra de distracción, que pretende mostrar un argumento válido como algo que no lo es porque esconde otra verdad por debajo. ¿Por qué cambiar nuestro sistema sanitario si tenemos uno de los mejores resultados en salud del mundo?

El discurso sobre nuestro sistema sanitario está repleto de falacias que no hacen otra cosa más que tratar de que perdure un modelo anclado en el pasado, que no se ha adaptado ni a la evolución demográfica de la población, al envejecimiento y la cronicidad en concreto, ni al avance de la evolución tecnológica y científica, tratando de dar la impresión a la sociedad que por mucho que se avance y se innove existe una posibilidad real de dar acceso en condiciones de equidad a toda la población a esas mejoras. Ignorando que mientras que la oferta es limitada, la demanda es infinita.

Nada interesa que se mueva y si algo se intenta cambiar –ya sea relacionado con el modelo de gestión, como pasó en la Comunidad de Madrid, o con cuestiones relacionadas con la organización y la planificación de los recursos, como pasó en Andalucía, ambas comunidades con signo político distinto– empiezan a surgir «mareas», más bien «maremotos», que tratan de preservar un sistema laboral inflexible, ineficiente y caduco, que tiene cautivo a la población y a los pacientes. Porque si se paraliza el sistema, ¿dónde van los pacientes que no tienen más alternativa?

Y la presión acaba venciendo. Los gobernantes se repliegan y emiten mensajes falsos de reflexión, actos de constricción para que escampe el temporal y que sea el siguiente, si quiere, el que haga algo. Y así estamos desde hace más de 30 años. En el año 1993, el informe Abril concluía y advertía que nuestro sistema sanitario adolecía de una serie de problemas que habría que solucionar para poder adaptarlo a los nuevos tiempos que entonces venían y hoy se confirman.

Pero mantenemos unos resultados en salud envidiables, porque somos uno de los países del mundo con mayor esperanza de vida. Eso sí, de resultados sanitarios no sabemos nada porque el sistema carece de transparencia y de ningún atisbo de competitividad. La realidad es que el sistema sanitario se estima que interviene en un 15 por ciento sobre los resultados en salud influyendo, en los mismos otros factores como por ejemplo, las condiciones genéticas, el entorno ambiental, la alimentación o los factores socio-económicos.

Llevamos años escuchando a nuestros gobernantes hablar de que es necesario hacer sostenible el sistema, para las generaciones futuras. Esas generaciones ya están aquí, desde que se empezó a hablar y no se ha realizado en los últimos treinta años ni una sola reforma estructural en el sistema. Seguimos haciendo lo mismo, invocando a la sostenibilidad para llevarnos a algún momento, en el futuro, sin caer en lo que se puede hacer desde hoy. Desde ayer. Reorganizar la cartera de servicios. Explicarle la verdad sobre la equidad y la accesibilidad a la población, aunque los datos de las listas de espera varíen de forma escandalosa entre comunidades autónomas, porque no se puede tener acceso a todo para todo el mundo de la misma forma y dando a entender, la verdad, que es necesario priorizar y abrir un debate serio y realista sobre el sistema que nos podemos permitir.

Estamos a vueltas con la famosa privatización del sistema sanitario, rehuyéndola y retrocediendo a los tiempos más oscuros del franquismo al invocar, en muchas comunidades autónomas, que ahora sólo es posible considerar a centros de utilidad pública a los centros sin ánimo de lucro porque en el siglo XXI la competitividad, la mejora continua, el trabajo y el esfuerzo y con ello la recompensa, en el Sistema Sanitario está mal vista. Ya en la Constitución del año 1978 se partía de una organización del servicio público en sentido amplio, sin excluir en las leyes posteriores que desarrollaron el derecho a la protección de la salud, quien podía dar o no esa prestación. El carácter de la prestación del servicio público no lo determina la forma jurídica en que se reorganiza sino básicamente la financiación de los recursos, y en el caso del Sistema Nacional de Salud, por el que esa prestación se proporcione de forma universal y en condiciones de equidad. Si se pierden esas condiciones el sistema deja de tener sentido como está concebido.

Pero no interesa. Nos quedamos con las falacias y con el dicho de que «hay que viajar» para saber lo bueno que es nuestro sistema sanitario. Y es verdad, pero no es menos cierto que lo importante no es como sea en comparación con otros, sino lo que pierde con respecto a si mismo y cómo podría ser si se realizaran las reformas que se deberían poner en marcha.

Nadie se para a pensar lo que se queda en el camino y lo que se quedará en el futuro.

Juan Abarca Cidón, presidente de HM HOSPITALES.

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