Falsos debates tras la muerte de Fidel

Muere Castro y, de nuevo, asistimos a un gran debate en el que se intenta a la vez plantear una cuestión histórica y adivinar el futuro. Ejemplo de lo primero: ¿Tiene futuro el comunismo?, que incluye variantes, como ¿qué queda del comunismo? u otras. Ejemplo de lo segundo: Fidel, ¿un revolucionario o un dictador? Es todo cuestión de método y de saber distinguir lo pasional de lo racional. Empecemos por lo segundo. La respuesta más razonable sería «ambas cosas». Desde el punto de vista de la secuencia de la caída de la dictadura de Somoza, Castro, Guevara o Cienfuegos han sido revolucionarios. Desde el punto de vista de la forma de gobierno y el ejercicio del poder de Castro, sin duda alguna es un dictador, puesto que en base al análisis comparado de los sistema políticos empíricos (los que existen, no los que proponen un ideario abstracto) cumple todos los requisitos del autoritarismo.

La falta de lógica en el debate cuando rige la pasión es total. Por ejemplo oponer a este argumento el de los logros sociales (sanidad, educación, etc) no resuelve una pregunta elemental: ¿por qué el precio a pagar por ese tipo de derechos sociales es la grave ausencia de libertades políticas? O la aplicación interesada de comparaciones sesgadas: es que en Haití están peor. Bien, pero en Costa Rica están mejor. ¿Por qué? Pues eso es lo que se debería debatir.

Sobre la primera cuestión, aquí también se requiere un método. El comunismo es una ideología determinada, que como todo corpus de ideas sobre el mundo, desde su formulación a mediados del XIX hasta hoy ha mantenido unas constantes, pero también se ha visto reformulada a lo largo del tiempo. En cuanto a su invocación movilizadora, desde el propio Marx a, digamos, Maduro u Ortega, ha pasado por varias versiones. Por resumir, Marx fue un científico social que estableció innovadores diagnósticos sobre la sociedad de su tiempo (en Europa, iniciada desigualmente la primera revolución industrial), pero la parte propositiva de su futuro político ha sido no solo desmentida por la Historia, sino que fue de un simplismo abrumador. ¿Una sociedad sin clases cuando desaparezca la propiedad privada? El determinismo económico ha lastrado a la izquierda por mucho tiempo.

En cuanto a la invocación del comunismo por regímenes que por cierto sobreviven a Castro con notable estabilidad, véase China, Vietnam, Corea del Norte, es solo una depuración simplista de una etiqueta autoritaria. Y una etiqueta es siempre una simplificación de una cosa compleja. O sea que con la muerte de Castro ni cae el último régimen que se proclama (sin debate) comunista, ni se cierra el debate sobre ideologías que expresan graves fracturas sociales. Ah, y de paso, si releen el artículo de 1989 sobre el Fin de la Historia, verán que Fukuyama tampoco iba bien orientado. ¿Y por qué Anna Gabriel ha ido al funeral de Castro? No era Fidel un gran feminista.

Pere Vilanova, Catedrático de Ciencia Política (UB).

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